Qué ver en Schwäbisch Hall: una joya desconocida en el sur de Alemania

Schwäbisch Hall es una ciudad no tan conocida del sur de Alemania, por eso, te sorprenderás al visitarla. La ciudad prosperó en la Edad Media gracias a la sal, convirtiéndose en una joya arquitectónica. Hay numerosos lugares que ver en Schwäbisch Hall, casas de entramado, edificios barrocos, museos interesantes, torres de las antiguas murallas y puentes sobre el río Kocher, que recorre la ciudad ofreciendo bellas estampas ¿Nos acompañas?

Collage de 8 fotos sobre que ver en Schwäbisch Hall

El casco histórico de Schwäbisch Hall es relativamente pequeño y lo puedes descubrir en medio día. En este tiempo podrás recorrer sus calles empedradas, maravillarte frente a sus bonitas fachadas, e, incluso, hacer una pequeña pausa junto al río.

Sin embargo, si quieres tomarte las cosas con calma, visitar sus museos y disfrutar en alguna de sus terrazas, le puedes dedicar algo más de tiempo. 

Además, en este post en el que te contamos qué ver en Schwäbisch Hall, también vamos a recomendarte dos excursiones cercanas, que pueden ser el broche perfecto a tu visita: el monasterio de Grosscomburg y la ciudad de Vellberg.

Dónde se encuentra Schwäbisch Hall

Schwäbisch Hall está en el sur de Alemania, en el estado federado de Baden-Württemberg. Las ciudades de mayor tamaño más cercanas son, Heilbronn, a unos 55 km, y Stuttgart, a unos 70 km. 

Así, el aeropuerto más cercano es el de Stuttgart. Para encontrar los vuelos que mejor se adaptan a tus fechas y presupuesto te recomendamos entrar en Skyscanner, desde donde también puedes reservar hoteles y coches de alquiler. 

Esta ciudad la puedes conocer dentro de una ruta por el sur de Alemania o bien, haciendo una excursión de un día desde Stuttgart, pues en tren, con la compañía Deutsche Bahn, llegas en 1h 30. 

Una buena opción para conocer esta región es adquirir el Baden-Württemberg-Ticket, un billete que permite tomar a lo largo de un día todos los trenes que quieras dentro de este estado. Es válido para un máximo de 5 personas.

Si llegas a la ciudad en coche, hay varios aparcamientos donde puedes dejarlo. Nosotros solemos ir al parking cubierto de Am Schiedgraben, que está en el centro de la ciudad. La primera hora cuesta 1€, las siguientes 2€ y la cantidad máxima a pagar son 8€.

Antes de viajar en coche por el país, te recomendamos leer consejos para conducir por las carreteras alemanas.

Asimismo, en nuestro blog vas a encontrar mucha información sobre este área, que te puede ayudar a organizar una ruta por el sur de Alemania.

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Qué comer en Schwäbisch Hall

En nuestra guía sobre la gastronomía alemana te contamos cuáles son las características de esta cocina y que platos deberías probar.

Aparte, en esta ciudad hay un producto que es famoso por su calidad: la carne de cerdo o Schwäbisch-Hällisches Landschwein.

No vas a tener problema para encontrar un lugar donde comer en Schwäbisch-Hall, pues hay mucho y de todo tipo. 

Si sólo quieres hacer un alto en el camino, te recomendamos la cafetería Ableitner, que está perfectamente situada al lado del puente rojo y tiene un gran surtido de tartas que te va a hacer muy difícil elegir una.

 

Historia de la ciudad

Ya el nombre de la ciudad te indica el producto más importante para su desarrollo, la sal. Pues Hall designa lugares con importantes salinas

El funcionamiento de una salina celta en esta zona se remonta ya a los siglos III al I a. C. Más tarde, en la Edad Media, se desarrolló un asentamiento alrededor de un manantial de agua salada que sería el origen de Schwäbisch Hall. 

El manantial estaba cerca del río, en lo que hoy es el aparcamiento de la Haalplatz, y el único recuerdo es una fuente de agua salada. 

El asentamiento pertenecía a los condes de Comburg-Rothenburg, pero tras su extinción, alrededor de 1116, pasó a ser gobernada por la poderosa familia Staufer, más conocidos como los Guibelinos

En 1280, se convirtió en ciudad imperial del Sacro Imperio Romano Germánico.

Como ya sabes, la sal fue el motivo por el que la ciudad prosperó, ganando importancia en la política y en los negocios. Además, ganó mucho prestigio al ser la única salina de la zona. Su oro blanco se vendía en los grandes mercados de sal de Speyer, Frankfurt o Alsacia. Las salinas cerraron en 1924.

La acuñación de monedas fue también un negocio importante para la ciudad, que comenzó en la Alta Edad Media. 

Las monedas eran peniques de plata que se llamaron «Haller Pfennige» o «Heller«, en honor a su lugar de origen. Esta moneda se convirtió en un medio de pago para grandes sectores de la población en todo el Sacro Imperio Romano Germánico. El escudo de la ciudad tiene representado las dos caras de esta famosa moneda, una mano y una cruz.

También el comercio fue muy importante. El mercado principal era la plaza frente a la iglesia de San Miguel y uno de sus productos estrella era el vino.

Del S. XIV al XVI, la ciudad imperial expandió su territorio, llegando a alcanzar una superficie de 330 kilómetros cuadrados, con unos 21.000 habitantes. La última gran adquisición fue Vellberg, de la cual te hablaremos más tarde. 

Sin embargo, la ciudad no se libró de las desgracias y fue victima de devastadores incendios. En 1728, el fuego destrozó dos tercios del casco antiguo y un gran número de casas. La reconstrucción se llevó a cabo en estilo barroco.

En 1802, Schwäbisch Hall dejó de ser ciudad imperial y pasó a formar parte del reino de Württemberg. El crecimiento de la ciudad se estancó, las guerras napoleónicas arruinaron la ciudad, los comerciantes quedaron aislados de sus antiguos mercados por las nuevas fronteras y la salina perdió importancia al encontrarse grandes depósitos de sal en el área de Heilbronn. 

En 1936, se construyó en Schwäbisch Hall una base aérea. Durante la II Guerra Mundial, bombarderos y cazas nocturnos estuvieron estacionados aquí. 

El casco antiguo se salvó en gran parte de los daños de la guerra, aunque el ayuntamiento fue alcanzado por las bombas. 

Qué ver en Schwäbisch Hall

Aunque para conocer la ciudad no necesitas ninguna ruta, pues perderse por sus calles es una buena manera de descubrir su centro histórico, aquí te dejamos un posible itinerario en el que hemos incluido los lugares que tienes que ver en Schwäbisch Hall

Mapa marcando los lugares más interesantes qué ver en Schwäbisch Hall

Un buen comienzo es el mirador Schwalbennest, nido de golondrinas, que se encuentra en el punto más alto del casco antiguo

Desde aquí tienes una perspectiva muy bonita de la ciudad y te puedes hacer una idea de su tamaño y de la zona a visitar. 

Desde este balcón se ve muy bien la zanja, Schiedgraben, que antiguamente separaba la ciudad imperial libre de Hall de las tierras de la familia aristocrática Schenken von Limpurg.

El mirador está junto a un gran edificio de piedra que domina el perfil de la ciudad, el Neubau o nuevo edificio, que es el más grande de la ciudad

Fue construido en el S. XVI y utilizado como granero y armería. Hoy día alberga una sala de conciertos, una de exposiciones y un teatro. 

Desde aquí puedes entrar a la ciudad por la Crailsheimertor o puerta de Crailsheim, que se construyó en el S. XVI. En esta zona se conserva uno de los últimos tramos de la antigua muralla de la ciudad.

O tomar la calle Pfarrgasse para llegar a la Marktplatz o plaza del mercado. 

En la Pfarrgasse llama la atención una gran casa de entramado de madera del S. XV, que era la antigua vivienda de archidiáconos y sacerdotes. 

Además, aquí está la oficina del decano, donde vivió el reformador Johannes Brenz en el S. XVI, quien jugó un papel fundamental en la introducción progresiva de la Reforma Protestante en la ciudad. Gracias a él se han conservado las obras de arte en las iglesias de Schwäbisch Hall.

Ambos caminos te llevarán a la plaza del mercado, que es uno de los lugares que tienes que ver en Schwäbisch Hall.

La plaza está dominada por la iglesia de San Miguel y su imponente escalinata, que se construyó a comienzos del S. XVI para remplazar un alto muro. 

Desde 1925, esta escalera es el escenario del Freilichtspiele o teatro al aire libre, que se organiza durante el verano y atrae a numerosos espectadores. 

Te recomendamos subir sus 54 escalones para entrar en la iglesia, en cuya fachada un reloj marca la hora con una única aguja. 

Para no subir la escalera, accede a la iglesia por las calles laterales.

La iglesia de San Miguel fue consagrada en el S. XII, pero sus elementos románicos fueron derruidos en el S. XV, durante la construcción del edificio gótico. Sólo se conserva la torre oeste, donde está la entrada principal, bellamente decorada con un pilar que representa la figura del Arcángel Miguel matando al dragón del S. XIII. 

En su interior puedes ver varias obras de arte antiguas y no debes de olvidarte de mirar hacia arriba para poder admirar la bella bóveda de crucería.

Así, destaca el retablo del altar mayor, del S. XV y con casi 50 figuras, que fue realizado en los Países Bajos y representa la Pasión y Resurrección de Cristo, un Crucifijo del S. XV, una bella representación del Santo Entierro del S. XV y el coro. En los pilares de la nave todavía se conservan algunos frescos y tiene vidrieras de los siglos XV y XVI.

Detrás del altar hay un osario, que se sabe que existe desde 1400, cuando se encontraba fuera de la iglesia románica. Fue descubierto en 1963.

Asimismo, haciendo un último esfuerzo, puedes subir a lo alto de la torre para poder tener una buena perspectiva de los alrededores. Aunque la vista sea a través de ventanas, merece mucho la pena. 

Mientras subes, puedes visitar la capilla románica de la Madalena, que está decorada con frescos. 

Tanto visitar la iglesia como subir a la torre es gratuito, aunque agradecen una donación.

Una vez visitada la iglesia, puedes admirar la plaza desde arriba y echar un vistazo a los edificios que la rodean. De diferentes estilos, son los más emblemáticos y de mayor interés histórico de la ciudad.

Enfrente de la iglesia está el ayuntamiento de estilo barroco. Fue construido tras el incendio de 1728, en el antiguo sitio de la iglesia de Santiago. Tras la II Guerra Mundial tuvo que ser reconstruido.

A la izquierda del ayuntamiento, hay un edificio amarillo que era la taberna de los ciudadanos, que fue reconstruida en estilo barroco tras el incendio. 

Junto a él, hay una casa de color naranja, la Sibilla-Egen-Haus, del S. XVIII. El edificio anterior a este sirvió como taberna de la nobleza hasta el siglo XVI. Justo al lado, se encuentra una casa en estilo rococó construida tras el devastador incendio. 

Frente a ellas está la fuente gótica, de comienzos del S. XVI, y conocida como la fuente del pescado o del mercado, pues aquí se mantenían los peces los días de mercado. 

Sus figuras representan a San Miguel luchando contra el dragón, a San Jorge luchando contra un lindwurm, una especie de dragón, y a Sansón luchando contra el león. Todo muy pacífico. Asimismo, aquí está también la picota.

En este lado de la plaza hay también un gran complejo de piedra que ahora aloja un hotel. Este pertenecía, en el S. XVI, a una rica familia y sirvió de alojamiento al emperador Carlos V en su visita a la ciudad imperial.

Al otro lado del ayuntamiento hay varios edificios de entramado de madera. Entre ellos destaca la Clausnizerhaus, del S. XVI, con su maravillosa fachada. 

Además, la Bonhöferhaus, del S. XV, tiene un gran arco de entrada que dirige al nonnenhof o patio de las monjas, donde hay una bonita casa de entramado. 

Una piedra conmemorativa en este lado de la plaza recuerda la quema de objetos judíos en 1938.

Una de las esquinas con más encanto de la plaza es donde hay tres casas estrechas de llamativos colores. En este lugar hubo un monasterio franciscano desde 1236, pero, tras la Reforma, sus edificios se transformaron en edificios residenciales. 

Puedes salir de la plaza por esta bonita esquina, por la Haalstrasse, donde está la Löwen Apotheke, una farmacia que ya existía en el S. XVI y que todavía mantiene en su interior algunas partes antiguas.

De esta salen, además, dos calles estrechas, la Obere Herrngasse y la Untere Herrngasse, que tienen mucho encanto y están conectadas entre si por estrechos y empinados callejones. 

En la Untere Herrngase nº 2 se encuentra la casa de entramado de madera más antigua que puedes ver en Schwäbisch Hall. Es de finales del S. XIII. 

La Haalstrasse da a la Hafenmarkt, donde está la oficina de turismo y una caja de ahorros, en cuyo interior se descubrió, en 1939, una planta de extracción de sal de origen celta.

La zona trasera de esta plaza tiene mucho comercio, cafeterías y restaurantes. Aquí verás varios edificios modernos que te recordarán que algunas casas fueron dañadas durante la II Guerra Mundial.

Al final de la Haalstrasse se encuentra Im Haal, donde, escondida en un aparcamiento de coches, te espera la fuente que indica el lugar de la salina que fue el origen de la riqueza de la ciudad.

Hay, además, una explicación de cómo se extraía el llamado oro blanco durante la Edad Media. Así, la salmuera se extraía de la fuente y se dirigía a las casas de alrededor, donde se hervía hasta conseguir los cristales de sal.

Desde este aparcamiento tienes muy buenas vistas del otro lado del río, con bellas casas de entramado, la iglesia de Santa Catalina, la chimenea de la Sudhaus y la arquitectura moderna del Kunsthalle Würth.

Aquí está también la torre Sulfer, que fue construida en el S. XIII, pero que tuvo que ser renovada tras el incendio del S. XVIII. Su parte inferior es original. 

Esta torre formaba parte de la antigua muralla y por aquí se entraba a la ciudad por un vado en el rio. 

Junto a ella hay un edificio de entramado de madera de color rojo, que es la sede administrativa de los trabajadores de la sal, donde se administran las rentas de las salinas que el estado todavía paga a los herederos de los antiguos pobladores.

Cruzando el puente de madera cubierto llegarás a la zona más fotografiada de la ciudad: las dos islas, Grasbödele y Unterwöhrd, que están conectadas por puentes.

Este es uno de los lugares que tienes que ver en Schwäbisch Hall y es que la vista del conjunto de casas de entramado que dan al rio Kocher es, simplemente, perfecta.

Tras atravesar el puente estarás en Grasbödele, donde te apetecerá tumbarte en la hierba para quedarte un rato admirando el lugar.

El otro puente que une esta isla a la ciudad es el Steinerne Steg, que está construido en piedra. 

Este dirige al Keckenhof, donde está el Keckenburg, una torre de defensa de ocho pisos y de unos 18 metros de altura que fue construida en el S. XIII. 

Aquí está el museo Hällisch-Fränkisches, que se extiende sobre siete edificios históricos y que es uno de los lugares que ver en Schwäbisch Hall. 

La entrada es gratuita y durante la visita aprenderás sobre la historia, el arte y la cultura de la ciudad. 

Lo que más sorprende es el artesonado de la sinagoga de una antigua casa que fue pintado por el polaco Elieser Sussmann alrededor de 1738. 

Y es que, tras la Reforma, los judíos tenían prohibido vivir dentro de la ciudad amurallada. A cambio del pago de unas tasas, a algunos se les permitió vivir en la zona no amurallada de Unterlimpurg. 

Uno de los que recibió este derecho fue Mosé Mayer Seeligman, que, en la buhardilla de su casa, preparó una sala de oración. Durante la era Nacionalsocialista, los paneles se guardaron en los sótanos del Keckenturm. 

En el museo también destacan las figuras de marfil de Leonhard Kern, un distinguido escultor barroco de esta zona del S. XVII, y la gran colección de dianas de tiro decoradas, que incluye más de 200 ejemplares de los siglos XVIII y XIX.

El puente de piedra dirige también a Unterwöhrd, que es la isla de mayor tamaño. Aquí hay columpios para niños y un teatro redondo, el Globe-Theater

Como ya hemos dicho, todos los veranos se representan obras de teatro en la escalera frente a la iglesia. Debido al creciente interés de este evento, se empezaron a ampliar los géneros y los lugares de representación. Así, en el año 2000, se creó este teatro circular.

De la isla puedes salir cruzando el puente Rojo, un puente cubierto de madera que lleva al barrio de Santa Catalina. Este era el hogar de pequeños artesanos y la antigua muralla de la ciudad corría por esta orilla del río. 

Justo a la salida del puente, junto a la antigua casa de los curtidores, un edificio de entramado de madera de color rojo, se encuentra la cafetería Ableitner

La Mauerstrasse o calle del muro corre paralela al río y llega hasta el Henkersbrücke o puente del verdugo

Merece la pena que camines por esta calle para que disfrutes de las bonitas vistas del otro lado de la ciudad reflejada en el agua.

Al final, además de un bonito conjunto de casas de entramado, verás la Johanniterkirche o iglesia de San Juan.

Cerca de la iglesia hay otra de las puertas de la antigua fortificación, la Weilertor, construida en el S. XIV y reforzada en el S. XVI.

Tenemos que hablar ahora del Grupo Würth, famosa empresa de herramientas y productos químicos que fue fundada por Adolf Würth en Künzelsau, una localidad de Baden Württemberg. 

Esta empresa, además, está muy interesada en el arte y la cultura. Así, el hijo del fundador, el mecenas Reinhold Würth, comenzó una colección de arte de más de 18.000 obras que van desde finales de la Edad Media hasta la época actual.

Esta colección se exhibe en museos que el grupo tiene por toda Europa y en Schwäbisch Hall hay dos de ellos. Ambos son de entrada gratuita y altamente recomendables.

Como curiosidad, decir que en España hay uno en La Rioja.

Uno de los museos está en la iglesia de San Juan, un edificio románico del S. XII ampliado en estilo gótico a finales del S. XIV. 

La iglesia ha tenido diversos usos desde que se secularizó en el S. XIX. A día de hoy, alberga una exposición, donde puedes ver obras de arte que van desde la Edad Media hasta principios de la Edad Moderna.

Si la visitas, descubrirás esculturas de Tilman Riemenschneider o pinturas de Lucas Cranach el Viejo. Su obra más valiosa es el cuadro de la Virgen del burgomaestre Meyer del S. XVI, pintado por Hans Holbein el Joven

El techo de madera del museo es el original de principios del S. XV.

Para visitar el segundo museo del grupo Würth, el Kunsthalle Würth, puedes recorrer la Lange strasse

En el número 49 de esta calle puedes visitar una pequeña casa que data del S. XV, donde se trata sobre su construcción y sobre cómo era la vida en estos edificios. Abre de abril a octubre.

Al llegar al museo, lo primero que llamará tu atención son las vistas que se tienen del otro lado de la ciudad.

Esta galería se inauguró en el año 2001 y está en el lugar de una antigua cervecera, la Löwenbrauerei. Aquí se exponen obras de arte moderno y contemporáneo en exposiciones temporales. Nosotros pudimos ver obras de artistas tan famosos como Picasso o Botero.

Justo enfrente del museo verás el edificio de ladrillo de la Sudhaus, en cuya terraza puedes comer, tomarte una copa o un café con tarta, con una de las mejores vistas de la ciudad

Fue inaugurado en el 2003 en la antigua sala de cocción de la cervecera y, para nosotros, es uno de los lugares que ver en Schwäbisch Hall.

Una vez allí, merece la pena que entres en la Iglesia de Santa Catalina, que es probablemente la más antigua de la ciudad, pues sus orígenes se remontan a antes del año 1000. 

Al sufrir varias reconstrucciones a lo largo de su historia, puedes ver diferentes estilos en su actual construcción y en su interior todavía se conserva una pintura medieval, bonitas vidrieras, un altar holandés y una bella pila bautismal de trece lados, donde están representados Jesús y los doce apóstoles.

Toca cruzar el rio para volver al otro lado de la ciudad por el puente de piedra Henkersbrücke, que fue mencionado por primera vez en el S. XIII, construido en piedra en el S. XVI y reconstruido en el S. XIX, tras ser dinamitado durante la II Guerra Mundial. 

En su centro verás una pequeña caseta con marionetas, las cuales te cuentan historias en alemán cuando echas una moneda. 

Tomando la Neuerstrasse llegas de nuevo a la plaza del mercado. 

Sin embargo, merece la pena que tomes un desvío y alargues un poco más el paseo por la ciudad. 

Así, a lo largo del río Kocher y pasando por otra torre de las antiguas fortificaciones, la Diebsturm o torre de los ladrones, llegarás hasta Badtorweg, por donde puedes volver a la ciudad. 

Aquí llegarás a otro de los lugares que ver en Schwäbisch Hall, la Josenturm o torre de José, que, gracias a la edificación de entramado de madera del s. XVII que la corona es una de las más bellas de la ciudad

La torre formaba parte de la capilla de San José construida en el S. XIII. Tras la Reforma, fue ampliada y pasó a ser la Josenturm.

Cerca de la torre, en Gelbinger gasse, está una de las casas de entramado de madera más bonitas que ver en Schawäbisch Hall, la Gräterhaus, que se construyó en estilo renacentista en el S. XVII. 

Justo enfrente, se encuentra la escalera que lleva al palacio de Justicia. Su barandilla te llamará la atención.

Toca volver a la plaza del mercado pasando por Säumarkt, donde se celebraba el mercado de animales, de ahí su nombre. 

En esta plaza verás la Alte Wache o antigua comisaría, que hoy en día es un café. Detrás, está la torre Säumarkt, del S. XIII, con un añadido de entramado de madera del S. XVII. 

Y al final, cubierta de hierba, la torre Malefiz, del S. XII y que actuó de prisión. También se conserva una de las partes más antiguas de la muralla. 

En Schwäbisch Hall se mantienen todavía varias torres de las 50 que conformaban la antigua fortificación. De muchas ya te hemos hablado, pero si quieres conocer todas, aquí te dejamos el mapa con las localizaciones de las torres.

Ya hemos terminado con los lugares que ver en Schwäbisch Hall. Esperamos que hayas disfrutado de la ruta. 

Por cierto, si visitas la ciudad en Pentecostés, finales de mayo principios de junio, coincidirás con la Kuchen- brunnenfest o fiesta de la tarta y la fuente, que está relacionada con la sal.

Así, en sus orígenes, la fiesta tenía como objetivo recompensar a los trabajadores de la sal y ya se organizaba en el S. XIV. El reglamento actual del festival se modificó por última vez en 1950 y existe desde 1785.

En cambio, si vienes en adviento, encontrarás la plaza del mercado ocupada por un pequeño y bonito mercado de Navidad, donde te puedes tomar un rico Glühwein preparado con distintos vinos de la zona y probar la carne de la región.

Si quieres conocer más mercados de navidad de este país, puedes leer los mercados de navidad más bonitos de Alemania.

Lugares interesantes próximos a Schwäbisch Hall

Puedes completar la visita a Schwäbisch Hall con un par de lugares cercanos a este, como el museo al aire libre de Hohenlohe, Grosscomburg o Vellberg. 

Museo al aire libre de Hohenlohe, Hohenloher Freilandmuseum

A 5 km de Schwäbisch Hall, se encuentra este museo donde puedes aprender cómo era la vida antes de la electricidad. 

Es una amplia extensión de terreno con unos 70 edificios históricos provenientes de diferentes pueblos de la zona y amueblados según la época. Hay también lugares donde comer y suelen organizar eventos que atraen a un gran número de visitantes. 

Es una buena idea si viajas con niños, pues pueden entrar en las casas, correr por la pradera y jugar en los columpios.

Página web del museo al aire libre de Hohenlohe

Grosscomburg

A 3 km de la ciudad, se levanta el monasterio de Grosscomburg, cuyo imponente edificio puedes ver desde la terraza de la Sudhaus. 

Si quieres, puedes llegar hasta él andando desde Schwäbisch Hall. 

En el paseo puedes incluir la iglesia de San Urbano, un curioso edificio de entramado de madera construido alrededor del 1200.

Grosscomburg fue fundado en el año 1078 como un monasterio benedictino por los condes de Comburg-Rothenburg en el lugar de su castillo. 

El monasterio está rodeado por una muralla circular con torres defensivas del siglo XVI y se conservan edificios de los siglos XI al XVIII.

Durante la visita destaca:

– La Colegiata de San Nicolás y Santa María, construida en el S. XI en estilo románico. Sin embargo, de este estilo sólo se conservan las torres, pues en el S. XVIII fue reconvertida al estilo barroco. 

En su interior destaca un antependio, pared frontal de un altar, del S. XII y que da una idea de la riqueza del monasterio, y una gran lámpara circular realizada en láminas de cobre dorada, también del S. XII. Esta tiene un diámetro de unos 5 metros y representa la Jerusalén celestial. Del edificio anterior se conserva el sarcófago de donantes de alrededor de 1180.

– La capilla de Erhard, del S. XIII, que se encuentra frente a la puerta principal de la colegiata. 

La función de este edificio hexagonal de dos plantas es desconocida. Se piensa que pudo ser una capilla del Santo Sepulcro. En su interior hay frescos del románico y del renacimiento.

A menos de 1 km, está Kleincomburg, un antiguo monasterio del que sólo se conserva la iglesia románica de San Ägidius del S. XII. Fue fundado en 1108 como un convento de mujeres.

Información sobre la visita.

Vellberg

A unos 11 km de Schwäbisch Hall, está la bonita localidad de Vellberg, situada sobre un peñón sobre el rio Bühler. 

Su casco histórico es muy pequeño, pero muy bonito y sus alrededores también llaman la atención. 

Así, si vas a Vellberg, tienes que pasear por su casco histórico, disfrutar de las vistas desde enfrente de la ciudad y subir al peñón de al lado para visitar la iglesia de San Martín

Al centro histórico puedes entrar por la Torturm, el edificio más alto de la ciudad, que forma parte de la muralla construida en el S. XV. 

Allí puedes bajar al adarve o paseo de ronda, al cual también puedes acceder desde la torre Sixischer. Aunque, seguramente, la torre que más te llame la atención sea la Pulverturm, que está acabada en una estructura de entramado de madera de color amarillo. 

El edificio más bonito de Vellberg es el Palacio inferior, reconstruido en el S. XVI y con unos característicos escalones renacentistas en su fachada. Su parte más antigua es la capilla, que data del S. XIV y que está decorada con frescos del S. XVI. 

Justo al lado del palacio está la Kanzleiturm o torre de la Cancillería, que fue construida en el S. XV. 

Las mejores vistas desde esta parte de la ciudad se obtienen desde el bastión, que lo verás en la parte trasera del palacio.

En el casco histórico hay varias casas de entramado de madera realmente bellas, como la casa Fiebich, del S. XVII, la Ganerbenhaus, de 1514, lo que la convierte en el edificio más antiguo, o el alte Amtshaus, donde está la sala de bodas.

Como puedes imaginar, si hay un palacio inferior tiene que haber uno superior. Este se encuentra en Im Städtle 28 y fue construido en el S. XVI. Usado como panadería y vivienda en los S. XIX y XX, hoy alberga oficinas municipales.

Para tener unas vistas preciosas de la ciudad tienes que ir a Schönblickstrasse, a unos 2 km del centro. 

Aquí hay un banco donde puedes pasarte un rato disfrutando de las vistas del valle del Bühler y de los dos peñones coronados por Vellberg y por la iglesia de San Martín.

La iglesia de San Martín se construyó en el S. XV, en el lugar de un antiguo edificio del S. VIII, y su interior es realmente bello, con frescos, un altar de la escuela de Riemennschneider y tumbas. 

Se encuentra a unos 2 km del centro de Vellberg y puedes llegar andando o en coche. Si vas en coche, hay un aparcamiento junto a la iglesia.

Esta parroquia es una de las poblaciones documentadas más antiguas de la región, pues se remonta al año 741. En ese momento, había un castillo llamado castrum stocheimarobuch, del que no queda nada. 

Antes del 630, había un antiguo asentamiento celta y, en unas excavaciones de mediados del S. XX, se descubrió el contorno de las casas de este periodo. 

Estos hallazgos se encuentran en el museo de la ciudad y la naturaleza en el centro de Vellberg.

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7 comentarios en “Qué ver en Schwäbisch Hall: una joya desconocida en el sur de Alemania”

  1. Me ha encantado recorrer otra vez las calles de la ciudad. ¡Menuda visita completa de la ciudad! Me quedo con ganas de visitar la Kunsthalle Würth :). ¿Volvemos y nos tomamos otra tartita en Ableitner? 😋

  2. Es impresionante la ciudad y el trabajo que habeis hecho!!!
    Conozco la ciudad pero ya tengo ganas de volver con esta guia para disfrutar mucho mas
    Gracias!!!

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