Otrora una importante residencia principesca, hoy el castillo de Heidelberg es uno de los lugares más conocidos de Alemania. Y es que nadie se resiste a la belleza de sus ruinas rojizas en la ladera de una montaña sobre el casco antiguo de la ciudad. ¿Nos acompañas a visitar el castillo de Heidelberg?
No hay ninguna duda de que el símbolo de Heidelberg son las ruinas de su castillo. Estas se elevan sobre la montaña Königstuhl dominando la parte antigua de la ciudad y cuando lo observas desde el Puente Viejo, es fácil imaginárselo como un importante palacio residencial, pero también como ejemplo máximo para los artistas románticos.
Y es que el castillo de Heidelberg fue la residencia de los importantes Electores del Palatinado, pero el afán de poder del rey francés Luis XIV acabó con él, dejándolo en ruinas hasta el fin de sus días. No obstante, los artistas del romanticismo alemán lo hicieron renacer y, a día de hoy, es uno de los lugares más conocidos de Alemania.
Nosotros te hemos contado todo lo que sabemos de la ciudad en qué ver en Heidelberg. Por eso, ahora nos vamos a centrar en su castillo y vamos a explicarte cómo descubrirlo y si merece la pena entrar en él.
Índice
Dónde está el castillo de Heidelberg
Como ya hemos dicho, el castillo de Heidelberg se encuentra en la ladera norte de la montaña Königstuhl o silla del rey, a unos 80 metros por encima del casco antiguo de la ciudad.
Así, puedes descubrirlo de tres maneras distintas:
– Viendo sus ruinas desde la parte baja de la ciudad. Alguno de los mejores lugares para ello son el Puente Viejo, el mirador de la iglesia del Espíritu Santo, las plazas Kornmarkt y Karlsplatz, y el Camino de los Filósofos. Te hablamos más sobre estos lugares en qué ver en Heidelberg. Otra manera de aprender sobre ellos es uniéndote a un free tour por Heidelberg.
– Subiendo hasta él para ver sus ruinas de cerca y pasear de manera gratuita por sus jardines, desde donde hay unas vistas espectaculares de la ciudad y del río.
– Pagando una entrada para visitar su interior.
Todo esto está muy bien, pero vamos a lo que de verdad te interesa, ¿merece la pena subir y gastarse el dinero para ver su interior?
Pues a ver, nosotros te recomendamos que subas sí o sí, porque las vistas de Heidelberg desde allí nos encantan. Sin embargo, con la visita al interior tenemos nuestras dudas y te vamos a contar por qué enseguida.
Información práctica para visitar el castillo de Heidelberg
Lo primero, como ya hemos dicho, los jardines del castillo son gratuitos y están abiertos todo el día. Desde ellos tienes una vista privilegiada de la parte baja de la ciudad y también puedes rodear las ruinas para echarles un vistazo de cerca.
Por otro lado, entrar en el castillo es de pago y durante la visita podrás pasear por su patio, donde hay un bonito mirador, pero que no es mejor que el de los jardines, entrar en el museo de la Farmacia y ver el Gran Barril. Sin embargo, el interior de sus salas sólo se puede conocer dentro de una visita guiada en alemán o en inglés que se paga aparte.
Es por ello, que aunque el exterior de alguno de sus edificios sea impresionante, nos queda la duda de si merece la pena pagar 11€ por la visita. De todas formas, a lo largo del post vamos a contarte en detalle todo lo que se ve para que puedas decidir por ti mismo.
Horario del castillo de Heidelberg
El castillo de Heidelberg abre todos los días de 9:00 a 18:00, siendo el último acceso media hora antes del cierre.
Por su parte, el museo de la farmacia abre de 10:00 a 18:00, y hasta las 17:30 del 6 de enero al 31 de marzo. Este permite el acceso hasta 20 minutos antes del cierre.
Precio del castillo de Heidelberg
El ticket para visitar el interior del castillo cuesta 11€ y la entrada reducida 5,5€. Esta es válida para menores entre 6 y 14 años, estudiantes hasta los 28 años y personas con una calificación de discapacidad de 50 o superior. Por su parte, los menores de 6 años entran gratis.
Además, hay una audio guía disponible en varios idiomas que se paga aparte y cuesta 6€.
Los precios que estamos dando son de abril 2026.
Por otro lado, la entrada al castillo de Heidelberg incluye el viaje de ida y vuelta desde Kornmarkt en el ferrocarril de montaña. Enseguida te contamos más sobre este tema.
Visitas guiadas por el castillo
Aparte de poder visitar por libre el patio interior, el museo de la farmacia y el Gran Barril, hay visitas guiadas que te explican su historia y te llevan por las salas interiores. Estas duran unos 60 minutos y tienen un coste extra. Así, el tour cuesta 6€ o 3€ precio reducido y se realizan en alemán o en inglés varias veces al día.
Asimismo, también se organizan visitas guiadas especiales por distintas zonas del castillo.
Para chequear el precio actual, ya sabes que los museos tienen la mala costumbre de subirlo, confirmar el horario o informarte sobre las visitas guiadas entra en la página web del castillo de Heidelberg.
Cómo llegar al castillo de Heidelberg
Al castillo de Heidelberg puedes llegar de varias maneras, en coche, a pie, en funicular o en autobús.
Llegar al castillo de Heidelberg en coche
Nosotros nunca hemos subido en coche, pero hay un parking cerca de él que es de pago. Por lo que hemos leído, 20 minutos cuestan 1 €.
A ver, hay un aparcamiento gratuito cerca del castillo, pero es más un espacio junto a la carretera con espacio para unos 7 coches, por lo que encontrar plaza es muy difícil. De todas formas, está en Molkenkurweg, por si le quieres echar un vistazo.
Visitar el castillo de Heidelberg a pie
Puedes subir fácilmente a pie siguiendo el Burgweg o camino del castillo, que sale de Kornmarkt. El paseo es empinado, pero no tardarás más de 15 minutos en llegar.
Por cierto, si sigues el Burgweg hasta el final, llegarás a una entrada en la Glockenturm o campanario. Aquí podrás comprar una entrada para visitar los interiores.
No obstante, si no estás interesado en entrar, en vez de seguir por Burgweg, desvíate en Kurzer Buckel para llegar a los jardines.
Cómo llegar al castillo de Heidelberg en el Bergbahn: ferrocarril de montaña
Si no puedes o no quieres subir a pie, la mejor forma de llegar al castillo de Heidelberg es con su histórico ferrocarril de montaña, que, además, está incluido en el precio de la entrada. Este se encuentra a poca distancia de Kornmarkt y sube hasta lo más alto de la montaña Königstuhl, que tiene 567,8 metros de altura.
El ferrocarril consta de dos funiculares con tres paradas distintas: castillo, Molkenkur y Königstuhl.
Así, el primero va de Kornmarkt al castillo en menos de 5 minutos, y luego sigue hasta Molkenkur, que es donde se encontraba el primer castillo de Heidelberg, aquel que existía antes de la fundación de la ciudad y del que se conservan muy pocos restos. Además, en esta parada está el Kiosk Café Molkenkur, donde puedes hacer una pausa con vistas. De todas formas, te damos más ideas para hacer en esta zona en qué ver en Heidelberg.
Por su parte, el funicular superior, que es uno de los más antiguos de Baden Wüttemberg, va de Molkenkur a lo alto del Königstuhl, desde donde tienes amplias vistas de los alrededores.
Horario y precio del ferrocarril de montaña, Bergbahn
Dicho esto, su frecuencia es muy alta, entre 10 y 20 minutos, y su horario es de 9:00 a 17:00 y hasta las 20:00 de marzo a noviembre.
Por otra parte, su precio dependerá del tramo que escojas:
– Billete de ida y vuelta en el funicular inferior, es decir, de Kornmarkt al castillo y Molkenkur. El billete es la entrada al castillo. Así, un adulto paga 11€, y el que pueda optar a precio reducido 5,5€.
– Ticket Panorama (ambos funiculares) o de Kornmarkt a Königstuhl: también incluye el acceso al castillo. El billete de ida cuesta 11€ o 5,5€, y el de ida y vuelta 17€ u 8,5€. Aparte, hay un ticket familiar de ida y vuelta para 2 adultos con niñ@ por 36€, pagando 3€ por cada niñ@ adicional.
– Billete para el funicular superior, es decir, de Molkenkur a Königstuhl: el billete de ida cuesta 7€ o 3,5€, y el de ida y vuelta 10€ o 5€. En este caso, el ticket familiar cuesta 22€ y 2€ más por cada niñ@. Este billete no incluye la entrada al castillo.
El precio reducido se aplica a menores entre 6 y 14 años, estudiantes hasta los 28 y discapacitados. Los menores de 6 no pagan.
Visitar el castillo de Heidelberg en autobús
También hay autobuses que te acercan de la estación central de tren al castillo.
Así, las líneas 36 y 20 te llevan hasta la parada Rathaus/Bergbahn, donde puedes tomar el ferrocarril o continuar a pie.
Historia del castillo de Heidelberg
Volviendo al castillo, déjanos que te hablemos un poco de su historia para que entiendas mejor el por qué de su actual estado.
El castillo de Heidelberg como residencia de los importanets Electores del Palatinado
Heidelberg era el nombre de un castillo anterior a la fundación de la ciudad que se encontraba en Molkenkur. Así, este fue el predecesor del actual y el que dio nombre a la ciudad. Por otro lado, se desconoce la fecha de construcción del actual, aunque se cree que pudo ser en la primera mitad del S. XIII.
Lo que sí está claro es que fue la residencia de los Condes Palatinos, más tarde Electores del Palatinado, que desde el S. XIII estuvieron vinculados a la casa Wittelsbach. Estos se encontraban entre los gobernantes más poderosos del Sacro Imperio Romano Germánico y uno de ellos, Ruperto III, llegó a ser rey de Alemania alrededor de 1400.
Tras ser coronado, no pudo establecerse en el castillo por falta de espacio, por lo que se llevaron a cabo obras para la fortificación y ampliación de la fortaleza. De este modo, las partes más antiguas que se conservan datan del gobierno del rey Ruperto.
El castillo siguió ampliándose durante tres siglos bajo los siguiente Electores, que querían una residencia a la altura de su importancia. Uno de los que más construyó fue Luis V a comienzos del S. XVI, que también reforzó las fortificaciones, pero fue Ottheinrich quien levantó el edificio más imponente del complejo a mediados del S. XVI. Se podría decir que transformó la antigua fortaleza en un palacio residencial.
Pero ¿Qué es un palacio sin jardín? pues nada. Así, a principios del S. XVII, empezó a nacer el Hortus Palatinus, un ambicioso proyecto que llegó a ser elogiado como la octava maravilla del mundo, pero quedó inacabado por la Guerra de los Treinta Años.
Y es que el Elector Federico V fue nombrado rey de Bohemia en 1619, lo que dio lugar a una época terrible para el Palatinado y el castillo, ya que comenzó la Guerra de los Treinta Años, durante la cual recibió sus primeros cañonazos y estuvo a punto de ser volado. Finalmente, en 1649, Karl Ludwig I, el hijo de Federico V, pudo regresar al castillo dañado.
Este Elector organizó el casamiento de su hija Liselotte con el hermano del rey francés Luis XIV. Él no lo sabía, pero acababa de firmar la sentencia de muerte del castillo de Heidelberg.
Y es que su hijo y heredero murió sin descendencia, por lo que el rey Sol reclamó el Palatinado en nombre de su hermano, comenzando la Guerra de Sucesión del Palatinado en 1688.
Destrucción del castillo de Heidelberg
En esta Guerra los franceses decidieron arrasar el Palatinado y sus fortalezas. Así, en 1689, le tocó el turno a Heidelberg, que fue incendiada. La ciudad comenzó a reconstruirse y fortificarse, pero los franceses volvieron en 1693 y completaron su trabajo, el castillo de Heidelberg quedó en ruinas.
Como quedó inutilizable y, además, ya no cumplía con los gustos de la época, se decidió construir una nueva residencia en el valle. No obstante, debido a conflictos de religión entre el Elector y los habitantes se decidió abandonar Heidelberg como capital y transferir la corte a Mannheim en 1720.
Pues bien, el siguiente Elector, Karl Theodor, se planteó restaurar el castillo para vivir en él, pero durante las obras cayó un rayo en 1764 que incendió el castillo e hizo que se abandonara el proyecto.
El castillo como símbolo del romanticismo y su restauración
En los años siguientes, el castillo se usó de cantera y se fue deteriorando. Sin embargo, su suerte cambió con el romanticismo alemán, cuando los artistas encontraron inspiración en él y la ciudad se convirtió en el centro de este movimiento.
En este punto tenemos que mencionar al conde francés Charles de Graimberg, que llegó a Heidelberg a comienzos del S. XIX y se enamoró del castillo. Desde entonces, se preocupó de prevenir su deterioro e impulsar su conservación. Además, documentó su estado e hizo numerosos dibujos que ayudaron a que el castillo alcanzara fama mundial. Incluso vivió en él un tiempo para poder cuidarlo mejor.
Finalmente, a finales del S. XIX, comenzaron los trabajos para preservar las ruinas del castillo de Heidelberg. En este caso se decidió por conservarlo, que no restaurarlo. De hecho, sólo un edificio fue reconstruido y amueblado al estilo historicista, el edificio Friedrich.
Y llegamos al día de hoy, cuando las ruinas del castillo de arenisca roja descansan tranquilas sobre la ladera de la montaña rodeada de bosques dominando la ciudad.
Cómo es la visita al interior del castillo de Heidelberg
Como ya te hemos contado, el castillo de Heidelberg se fue modificando desde su construcción en el S. XIII hasta el S. XVII. Es por ello que el castillo es un complejo de edificios palaciegos donde se mezclan distintos estilos, como gótico y renacentista, que son los que imperaban durante la época de mayor apogeo de los Electores del Palatinado.
No obstante, tras su destrucción a manos francesas, el castillo sólo se reconstruyó parcialmente. Por eso, en general, sus edificios están en ruinas, por lo que vas a poder ver el cielo a través de muchos de sus ventanales.
Y dicho esto, vamos a contarte en detalle qué puedes ver en tu visita al castillo de Heidelberg.
Elisabethen Tor o Puerta de Isabel, una muestra de amor principesco
Nada más llegar al castillo verás una puerta en arenisca roja a modo de arco triunfal barroco. Esta se encuentra fuera, es decir, la ves sin pagar.
Pues bien, el Elector Federico V, el que llegó a ser rey de Bohemia justo antes del comienzo de la Guerra de los Treinta Años, estaba casado con la princesa inglesa Isabel de Estuardo, a quien amaba y con quien tuvo 13 hijos. Así, en 1615, le regaló esta preciosa puerta por uno de sus cumpleaños. Dicen que se ensambló pieza por pieza la noche antes para sorprenderla. Al llegar, fíjate en sus columnas, ya que están decoradas con mucho detalle, y entre las hojas y ramas talladas verás varios animalillos.
La puerta de Isabel era la entrada a su jardín privado, que se conoce como el jardín de Artillería, ya que había cañones en él. Sin embargo, Federico V lo transformó en un bonito jardín para su esposa.
Torre Gruesa y edificio Inglés
Actualmente, si cruzas la puerta, verás las ruinas de la zona oeste en más detalle, donde está el edificio Inglés y la torre Gruesa. Además, la zona es un bonito mirador sobre la ciudad de Heidelberg y lo mejor, es gratuita.
Así, el edificio Inglés, hoy en ruinas, fue la última gran obra del castillo de Heidelberg, que mandó construir Federico V para su amada Isabel de Estuardo en la década de 1610. No obstante, debido a la falta de espacio, se encuentra fuera del castillo.
Junto a él se encuentra la Torre Gruesa, que mandó levantar Luis V en la primera mitad del S. XVI como parte de las fortificaciones. Como su nombre indica, es ancha y sus muros tienen unos 7 metros de espesor. Más tarde, Federico V convirtió su zona superior en una habitación circular con vistas, donde organizaba representaciones teatrales.
Schlosshof o Patio del castillo
Es hora de acceder al castillo de Heidelberg, pero para ello necesitarás el ticket. Si lo tienes, podrás entrar al patio a través de la torre de la puerta, que es de mediados del S. XVI. En ella verás a los conocidos como gigantes de la puerta, que miden casi tres metros y medio de altura.
Como ya sabrás, no hay castillo que se precie que no tenga alguna leyenda. Pues bien, este también las tiene y la primera trata sobre el llamador de la puerta de entrada. Y es que, según dicen, el que logre morder este anillo de hierro recibirá el castillo de regalo. De hecho, cuentan que la marca que hay en él es del mordisco de una bruja que quería la fortaleza.
Una vez en el patio, tendrás una vista general de los distintos edificios que lo conforman. Además, también hay un restaurante con una pequeña terraza. Nosotros no lo hemos probado, pero no tiene malas reseñas.
Ahora vamos a hablarte de sus edificios más significativos.
Ruprechtsbau o edificio de Ruperto, el más antiguo del castillo de Heidelberg
Llegamos al edificio más antiguo que se conserva del castillo de Heidelberg, ya que es de la época del rey Ruperto, esto es, primera mitad del S. XV.
Este se encuentra junto a la puerta de entrada y en su fachada destaca el escudo del rey con el águila imperial. En un principio, sólo tenía una planta, pero el Elector Luis V le añadió una segunda a mediados del S. XVI.
Si reservas la visita guiada, podrás acceder a él, donde hay una maqueta del castillo y sus jardines que te permite hacerte una idea de la maravilla que llegó a ser. Además, en las dos salas de la planta baja se exponen algunos restos conservados del castillo.
Edificio Ottheinrich, uno de los más emblemáticos del castillo de Heidelberg
Este Elector, en español Otón Enrique, fue un amante de la lectura y la arquitectura, así como el que introdujo el protestantismo en el Palatinado a mediados del S. XVI. Gobernó durante tres años y con él la antigua fortaleza se transformó en un palacio residencial. Su edificio se considera una obra maestra del renacimiento alemán.
Y es que su fachada es una maravilla y está decorada con numerosas figuras alegóricas que representan el programa de gobierno de Ottheinrich, además de a él mismo en el frontón central, como no. Así, verás héroes como Hércules, emperadores romanos y algunas virtudes cristianas.
El edificio quedó muy dañado tras los franceses y el rayo del S. XVIII, por lo que está medio en ruinas. De hecho, sólo la primera planta esta techada y, si entras en ella durante una visita guiada, verás las esculturas originales de la fachada, así como algunas exposiciones.
No obstante, sí puedes visitar uno de sus espacios con la entrada al castillo: el Museo de la Farmacia.
Museo Alemán de la Farmacia
Este museo, que se encuentra en el sótano del edificio Ottheinrich, trata sobre la historia de la farmacia mostrando objetos históricos y el interior de antiguas boticas conservadas de los siglos XVII y XIX, así como un laboratorio muy bien equipado. La verdad es que es interesante y aprendes bastantes curiosidades sobre medicamentos usados en la antigüedad.
Además, los niñ@s podrán pasar un rato divertido, porque hay un rincón pensado para ellos.
El museo también cuenta con un jardín de la farmacia, pero sólo se ve en visitas guiadas.
Friedrichsbau o edificio de Federico, uno de los más bonitos del castillo de Heidelberg
Mandado construir por Federico IV a comienzos del S. XVII, será, seguramente, el primero que llame tu atención, ya que su impresionante fachada está decorada con estatuas de sus antepasados. Entre los gobernantes representados están Carlomagno, el rey Ruperto y el propio Federico IV.
Aparte de la fachada que da al patio, la que da a la ciudad también es bonita, aunque sin estatuas familiares. Por eso, no te olvides acercarte a ella. Esta se encuentra frente al Gran Balcón, un mirador perfecto para disfrutar de las vistas de Heidelberg, del río Neckar y de sus alrededores.
Aparte de disfrutar de las vistas, si te gustan las leyendas, busca la marca de una huella en el suelo. Dicen que es la de un caballero que saltó de una de las ventanas debido a un incendio, aunque hay variantes más picantonas. Sea como fuere, ahora los visitantes comprueban si su pie es del tamaño de la huella, ya que si coinciden, dicen que tendrás una vida feliz.
Por otro lado, este edificio, además de sufrir graves daños en la Guerra de Sucesión, se incendió a causa del rayo de 1764. No obstante, fue el único que se decidió reconstruir a finales del S. XIX en estilo historicista. Así, si pagas por la visita guiada, podrás acceder a sus salas, donde verás muebles provenientes de otras residencias. Lo más destacable es la capilla, que está en la planta baja y presenta mobiliario del S. XVIII. Por cierto, te puedes casar en ella.
En el interior también se encuentran las estatuas originales de la fachada.
Gläserne Saalbau o edificio del Salón de Cristal
El edificio del Salón de Cristal conecta los dos edificios más bonitos del complejo, los de Federico IV y Otón Enrique, y fue encargado por Federico II a mediados del S. XVI.
Este se caracteriza por sus arcadas renacentistas al estilo italiano y, a pesar de su nombre, no te esperes una sala de cristal impresionante. Y es que este hace referencia a la antigua decoración con espejos venecianos de su sala más representativa, que ahora se utiliza para eventos y ya no es como era.
Si te unes a una visita guiada, verás la habitación que ocupó el conde francés Charles de Graimberg a mediados del S. XIX. En ella aprenderás sobre su trabajo y verás algunos de sus dibujos y grabados en cobre del castillo.
Junto a este edificio hay una torre octogonal construida a principios del S. XV como torre de artillería, pero que fue modificada a lo largo de su historia. Así, al final fue un campanario y quedó en ruinas con el rayo de 1764.
El Gran Barril, una de las curiosidades del castillo de Heidelberg
El otro interior que incluye la entrada al castillo es la sala del Gran Barril, que se construyó a finales del S. XVI en estilo gótico tardío para albergarlo. Y es que, aunque creas que Alemania es un país cervecero, el Palatinado es una importante zona vinícola.
Así, ya desde 1591, el castillo de Heidelberg tenía un Gran Barril para 130.000 litros de vino. A este le sustituyó otro en 1664 para 200.000 litros. No obstante, el que ves ahora es el tercero, que se construyó a mediados del S. XVIII y puede almacenar hasta 220.000 litros. Y sí, su tamaño impresiona. Además, lo puedes ver desde varias perspectivas, ya que hay una escalera que te lleva a una plataforma sobre él que llegó a servir de pista de baile.
Por cierto, junto al Gran Barril hay un bar donde puedes probar vinos de la región, pero sus precios nos parecieron algo elevados.
Por otro lado, este edificio se encuentra junto a otro de la primera mitad del S. XVI conocido como el Ala de las Damas. Pues bien, en su planta baja está el Salón del Rey, que se usaba para celebrar grandes fiestas. Su ubicación era perfecta, porque el vino se bombeaba directamente del Gran Barril a través de una tubería. Ahora, en él se organizan distintos eventos y puede alquilarse. Nosotros, por ejemplo, vimos un concierto.
Perkeo: bufón y guardián del Gran Barril
Pero no podemos hablar del Gran Barril sin presentarte a Perkeo, su guardián. De hecho, una figura suya de madera sigue observando al barril hoy en día y, como no, está bebiendo vino.
A ver, Perkeo se llamaba Clemens Pankert, nació en Tirol en 1702 y medía poco más de un metro. En Innsbruck conoció al Elector Karl Philipp, que se lo trajo a la Corte de Heidelberg y lo nombró bufón y guardián del Gran Barril, ya que quedó impresionado por su ingenio y por su capacidad para beber.
Y es que Perkeo era un bebedor empedernido del que se cuentan numerosas historias. Por ejemplo, que podía beberse el Gran Barril de un solo trago o que cuando enfermó por primera vez ya mayor le prohibieron beber, entonces, al tomarse un vaso de agua, murió.
¿Y de dónde viene su apodo? de que solía contestar en italiano a algunas preguntas: perché no?.
Por cierto, junto a Perkeo hay una cajita de madera con una cadena. Si tiras de ella, sale una especie de cola de pelo. No hace nada, ni sabemos por qué está ahí, pero sorprende y a nuestra hija le hizo mucha gracia.
Jardines del castillo de Heidelberg: Hortus Palatinus
Volvemos a la zona gratuita y nos dirigimos a los jardines, una visita imprescindible del castillo de Heidelberg. De camino verás algunas torres de las antiguas fortificaciones, como la de la Pólvora. De todas formas, ahora se conoce como la Torre Devastada, lo que vas a entender nada más verla. Y es que está medio destruida desde 1693, cuando fue dinamitada por los franceses.
Pero volviendo a los jardines…
Los jardines del castillo se conocían como Hortus Palatinus y fueron una verdadera obra de arte. Se empezaron a crear a principios del S. XVII, cuando se dio menos importancia a la cuestión defensiva. De este modo, hubo que esperar a Fernando V y a la década de 1610 para que el castillo tuviera un jardín representativo.
El Elector se lo encargó al ingeniero francés Salomon de Caus, que diseñó una obra maestra con pabellones, grutas, ingeniosas fuentes con juegos de agua y parterres de flores en terrazas a distintas alturas. Tal era su idea, que lo elogiaron como la octava maravilla del mundo. No obstante, no pudo completarse, porque en 1618 comenzó la Guerra de los Treinta Años.
Entonces, el jardín se abandonó, acabó utilizándose de huerto y alguna de sus esculturas fueron enviados a otros jardines del Palatinado. Actualmente, poco queda de lo que fue, pero la vista desde sus terrazas es impresionante y estamos seguros que te vas a quedar un rato disfrutando de ella.
Entre lo poco que se conserva está la Gran Gruta y la estatua del Padre Rin, que decora una fuente con distintas especies acuáticas.
Heidelberger Schlossbeleuchtung o los juegos de luces en el castillo de Heidelberg
Terminamos el post sobre el castillo de Heidelberg con un espectáculo de luces que se hace dos veces al año, en julio y en septiembre. Este recuerda el incendio del castillo en 1682 y 1693 a manos francesas. De este modo, gracias a una iluminación roja, parece que el castillo de Heidelberg vuelve a arder.
Después, hay fuegos artificiales, dicen que en recuerdo a los que organizó Federico V para su amada esposa Isabel Estuardo cuando llegó a Heidelberg.
La verdad es que es muy bonito, pero muy popular. Tenlo en cuenta si decides venir
HeidelbergCARD o cómo ahorrar en tu visita
Por cierto, Heidelberg ofrece una tarjeta que combina varias visitas, castillo incluido, y que puedes adquirir para 1, 2 o 4 días consecutivos. Así, además del castillo con el ticket del ferrocarril incluye:
– El museo de la universidad y la prisión estudiantil.
– La exposición permanente del Kurzpfälzisches museum.
– La Colección Prinzhorn.
– El Völkerkundemuseum (museo etnológico)
– Exposición del museo alemán del Embalaje.
Sobre estos lugares te hablamos en qué ver en Heidelberg.
Asimismo, con ella te hacen descuento en varias actividades e incluye una guía de Heidelberg y el uso del transporte público, autobuses, tranvías y trenes RE, RB y S-Bahn en segunda clase en el área metropolitana de Heidelberg.
La HeidelbergCARD la puedes comprar en las oficinas de turismo de la estación central de trenes, de Neckarmünzplatz, en el ayuntamiento, en la tienda de Käthe Wohlfahrt, que está en la plaza de la Universidad, en el albergue juvenil en Tiergartenstrasse, así como en muchos hoteles. Además, puedes comprar la HeidelbergCARD a través de Klook.
En abril 2026, la tarjeta de día cuesta 25€, la de 2, 36€ y la de 4 días, 40€. Si puedes acceder al precio reducido, esta cuesta 21, 28 y 34€ respectivamente.
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- 1. Castillo
- 2. Puente del Manto
- 3. Teatro barroco
- 4. Jardines del castillo
- 5. Museo del monasterio
- 6. Puerta de Budejovice
- 7. Calle Latrán
- 8. Puente de madera
- 9. Isla en el Moldava
- 10. Calle Siroká/Centro Egon Schielle
- 11. Calle Kajovská
- 12. San Vito
- 13. Mirador Calle Horní
- 14. Plaza Principal
- 15. Fotoatelier Seidl
- 16. Cervecería/ Port 1560
























