Qué ver en Durbuy, la ciudad más pequeña del mundo

En las Ardenas belgas se encuentra Durbuy, que es anunciada como la ciudad más pequeña del mundo. Si lo es o no, ciertamente da igual, pues merece la pena llegar hasta ella independientemente de esta definición. Sus estrechas calles empedradas, sus bonitos edificios y la naturaleza que la rodea, son motivos más que suficientes para venir a esta localidad que, como te puedes imaginar, es muy pequeña. ¿Nos acompañas?

Collage 8 fotos Durbuy

La ciudad belga de Durbuy está al norte de la provincia de Luxemburgo, en la región menos conocida de Valonia, limitando con las provincias de Lieja y Namur.

Durante la Edad Media, la ciudad fue un importante centro comercial e industrial. En 1331, Juan I, rey de Bohemia y conde de Luxemburgo, concedió a Durbuy el título de ciudad. Y es que, a pesar de no ser un importante centro de población, debido a su ubicación en la frontera del condado de Luxemburgo estaba expuesta a sufrir ataques, pero sólo las ciudades podían disponer de ejército.

Durbuy es muy pequeña, por lo que no vas a necesitar mucho tiempo para recorrer sus encantadoras calles, cruzar el río y descubrir sus secretos. Puedes alargar tu estancia comiendo o tomando algo, pues hay numerosos locales y restaurantes con muy buena pinta, que son perfectos para relajarse y disfrutar del ambiente de esta minúscula ciudad. 

También puedes escoger Durbuy, situada en los meandros del río Ourthe, como lugar para descubrir los alrededores. Por el alojamiento no te preocupes, pues la ciudad tiene bastante oferta. Para encontrar las mejores ofertas de hoteles, te recomendamos usar Skyscanner, desde donde también podrás reservar vuelos y coches de alquiler. 

Un lugar con tanto encanto y con una buena oferta gastronómica y de ocio, es normal que se haya convertido en uno de los lugares más turísticos de la región. Así, recibe numerosos visitantes de ciudades cercanas que buscan pasar un buen día en este rincón con aire medieval y rodeado de naturaleza. 

Por eso, si no quieres coincidir con mucha gente, evita la temporada alta, que es la época de buen tiempo, los fines de semana y los días festivos. Y no lo decimos porque lo hayamos leído, no. Nosotros visitamos Durbuy en un día festivo de mayo y pudimos comprobar que es una ciudad muy popular, hasta el punto de que esta perdió parte de su encanto.

Además, ten en cuenta que no es una ciudad barata. La verdad es que el país en general no es de los más económicos. Para que te hagas una idea, un capuccino en uno de los edificios más bonitos de Durbuy, la brasserie la vieille Demeure, nos costó 4 €.

Cómo llegar a Durbuy

La manera más rápida para llegar es en coche. A pesar del pequeño tamaño de Durbuy, tiene varios aparcamientos, pero, si vienes en temporada alta, puedes tener problemas para encontrar una plaza libre.

Los que están justo en el centro, parking del anticlinal, parking du park y parking du Place aux Foires, cuestan 2€ la hora, de 10:00 a 19:00 todos los días de la semana. De lunes a viernes es gratuito de 12:00 a 14:00, así como la primera media hora.  

Hay parkings más económicos, como el parking de los Topaires, que cuesta 7€ el día completo, o el parking de Philippart y el parking Allée Louis de Loncin, donde pagas 1,60€ la hora. 

En la página de turismo puedes encontrar las características de todos los aparcamientos.

Si no tienes coche, siempre puedes usar el transporte público. A Durbuy llegas en autobús desde la localidad vecina de Barvaux, a la cual puedes llegar en tren desde los distintos puntos de Bélgica. Para informarte sobre rutas y horarios, entra en la página web de la compañía de trenes belga. Los horarios del autobús los puedes encontrar en la página de turismo.

Qué ver en Durbuy

El pequeño casco histórico de Durbuy, que mantiene su aire medieval, se compone de unas pocas calles empedradas con antiguos edificios de piedra caliza y tejados de pizarra. Lo mejor es pasear por ellas tranquilamente y, si te apetece, elegir uno de los múltiples locales para comer o tomarte una copa. Un buen lugar para ello es la place aux Foires, que está llena de restaurantes, aunque a nosotros nos llamaron más la atención algunos de los que vimos en sus calles estrechas.

Como no podía ser de otra manera, entre sus sinuosas calles vas a encontrar varios negocios a los que vas a querer entrar, como la perfumería París, en un gran edificio de piedra, o la tienda Saint Amour, que vende una gran variedad de ricas mermeladas artesanales, entre otros productos. En el local puedes ver como se producen, pues el taller está abierto al público. La fábrica se encuentra algo alejada del centro, pero puedes encontrar sus productos en la Rue des Recolléctines. Nosotros no pudimos resistirnos y compramos un par de mermeladas. Y no nos arrepentimos, estaban muy buenas.

Además, la ciudad tiene un par de lugares que no deberías perderte.

– La anticlinal es una formación geológica formada por sucesivas capas de piedra que, debido a los movimiento de la corteza terrestre, se ha plegado formando una cúpula.

Paseando por Durbuy, verás dos de estas formaciones, la más grande y conocida y otra más pequeña en la base del castillo.

– La pequeña iglesia de San Nicolás, que pertenecía a un convento de la orden de los Recoletos y que fue construida en el s. XVII. Si la ves abierta, no dudes en entrar y fijarte en su bonito púlpito y su pila bautismal.

– Dos de los edificios más llamativos de Durbuy son los que albergan la brasserie la vieille Demeure y la Halle aux blés, mercado del trigo. Que no te engañe el nombre de este último, su función principal no era almacenar este alimento. El mercado de Durbuy ya fue mencionado a finales del s. XIV. Sin embargo, su aspecto actual data del s. XVI, aunque ha sufrido varios cambios a lo largo de su historia. Originalmente, la planta baja del edificio, que llama la atención por su fachada de entramado de madera, albergaba un mercado cubierto y se utilizaba como almacén. En las plantas superiores se encontraban los servicios administrativos y judiciales. Hoy alberga el DHAM, el museo de historia y arte de Durbuy

– El castillo de Durbuy, cuyos orígenes se remontan a finales del s. IX y que defendió las tierras de los condes de Luxemburgo. A lo largo de su historia, ha tenido que ser reconstruido varias veces. El edificio actual, que es propiedad de los condes de Ursel, fue levantado en la primera mitad del s. XVIII. Al ser propiedad privada, no se puede visitar. No dudes en cruzar el río para ver las bonitas vistas del castillo sobre el Ourthe. 

En la margen izquierda del río se encuentra el parque de los Topiarios. Si, como nosotros, no sabías lo que significaba esta palabra, que sepas que el arte de la topiaria es el modelado artístico de las plantas y en Durbuy puedes visitar el gran jardín topiario, con más de 250 plantas que tienen formas ingeniosas. 

Ya hemos dicho que desde esta parte del río tienes unas bonitas vistas del castillo. Además, en Durbuy siempre es una buena idea pasear a lo largo de la orilla del Ourthe.

Una de las cosas que no pudimos hacer, fue subir al Belvedere, un mirador con bonitas vistas panorámicas de la pequeña ciudad. Y es que el camino de subida, que empieza cerca del parking del anticlinal, estaba cerrado. Mirando en internet, hemos leído que el Belvedere no es de acceso público y que sólo puedes acceder con el tren turístico que recorre la ciudad y que es de pago. Si estás interesado, pregunta en la oficina de turismo que se encuentra en la Place aux Foires.

Pero no sólo el encantador centro de Durbuy ha hecho que la ciudad sea tan popular, también ha ayudado el hecho de encontrarse rodeada de naturaleza y su gran oferta de ocio. Así, hay una gran variedad de actividades al aire libre, como rutas de senderismo o bajar el río Ourthe en kayak.

Una manera de conocer sus alrededores es en bicicleta, para ello puedes alquilar una en el centro de información de la place aux Foires o en el parque adventure valley.

Aquí te dejamos algunas actividades para hacer en los alrededores de Durbuy.

Si buscas planes divertidos, a unos 3 kilómetros, en Barvaux sur Ourthe, se encuentra el laberinto, un parque de atracciones ubicado en un maizal. Además, a 4 kilómetros se encuentra el Adventure Valley, el mayor parque de aventuras de Bélgica.

Muy cerca de Durbuy, a menos de 20 kilómetros, hay dos pueblos que están entre los más bonitos de Walonia. Uno es Ny y el otro es Wéris.

Ny, con sus bonitos edificios de piedra caliza, está muy cerca de las cuevas de Hotton.

Wéris destaca por su sitio megalítico, donde hay varios dólmenes y menhires que fueron construidos en el Neolítico, alrededor del 3000 a. C. Para saber más sobre estos monumentos, puedes visitar la casa de los megalitos. Además, entre los edificios de Wéris destaca la iglesia románica Sainte-Walburge.  

Ciudades próximas a Durbuy

La visita a Durbuy puedes incluirla en una ruta que pase por alguna de las ciudades más cercanas.

A unos 40 kilómetros está Spa, conocida por sus aguas termales.

A unos 50 kilómetros se encuentra Dinant, cuya ciudadela y colegiata componen una de las imágenes más conocidas de Walonia. Si quieres saber más sobre esta bonita ciudad, puedes leer qué ver en Dinant, la hija del Mosa.

A unos 50 kilómetros está Lieja, una de las ciudades más grandes de Bélgica.

Aproximadamente a 60 kilómetros se encuentra Namur, donde no puedes dejar de visitar su ciudadela.

Si estás interesado en conocer esta región belga, en nuestro blog puedes encontrar más información:

Cómo visitar Waterloo, el lugar donde Napoleón fue vencido

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2 comentarios en “Qué ver en Durbuy, la ciudad más pequeña del mundo”

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