Goslar

Que ver en el Harz, las montañas donde se reúnen las brujas

El Harz es una cadena montañosa de poca altura en el norte de Alemania. Esta zona rodeada de misticismo, lugar de reunión de brujas, que vio sus tierras divididas tras la II Guerra Mundial, está llena de sorpresas para el visitante que se adentre en ella, ciudades y pueblos, donde el tiempo parece detenido en sus calles empedradas flanqueadas por coloridas casas de entramado de madera que se alzan inclinadas y orgullosas; formaciones rocosas cuyas extravagantes formas intentan ser explicadas a través de leyendas; pueblos, donde se puede revivir el pasado minero del Harz; paisajes, iglesias, ruinas, minas y mucha historia están esperando a cualquiera que se atreva a descubrir esta legendaria parte de Alemania ¿Nos acompañas?

Collage Harz

¿Qué es el Harz y dónde está?

El Harz es una cadena montañosa de poca altura, que aun así, es la más alta del norte de Alemania. Su cumbre más alta es el Brocken con 1142 m de altura, que es visitado por un gran número de personas cada año.

El Harz se extiende por unos 110 km de largo y unos 40 km de ancho. Se encuentra compartida por varios estados alemanes, la mayor parte está en Sajonia-Anhalt, la parte occidental en Baja Sajonia, y una pequeña parte en Turingia

Los aeropuertos más cercanos al Harz son los de Hannover, Leipzig-Halle y Erfurt-Weimar. Para encontrar los vuelos que mejor se adapten a tus fechas y presupuesto, te recomendamos entrar en Skyscanner, desde donde podrás reservar también hoteles y coches de alquiler. 

Un poco de historia sobre el Harz

Está zona ha estado habitada desde la prehistoria. Hallazgos encontrados en varias cuevas del Harz han demostrado que los neandertales ya cazaban aquí.

Ya desde el S. III d. C. se ha practicado la minería en estas tierras, extrayéndose metales como plata, cobre, plomo, hierro, zinc u oro. Es esta actividad a la que deben su riqueza las ciudades del Alto Harz (zona noroeste). La minería ha determinado también en parte el paisaje, pues para el desarrollo de esta se creó el famoso sistema de gestión de agua del Alto Harz.

Sin embargo, la gran industria minera de las montañas del Harz ha ido disminuyendo. Así, la última mina fue cerrada en el año 2007, terminando con la extracción de metales que, desde la Edad Media y desde el siglo XVI, se ha realizado de manera continuada.

Hubo un tiempo en que estos montes eran una zona que, por orden de Carlomagno, tenía que ser preservada. Y durante muchos años sólo las personas de la realeza podían practicar la caza aquí. Pero la minería, la metalurgia, la agricultura y el turismo, entre otros, cambió completamente esta visión, y la demanda de madera en los pozos y fundiciones llevó a la sobreexplotación de los bosques. Fue alrededor del 1700 cuando surgieron los primeros esfuerzos para proteger este área.

En el S. XIX gran parte de las montañas del Harz fueron deforestadas. Habían surgido, debido a la minería, monocultivos de abetos, que son fáciles de cultivar y poco exigentes, pero menos resistentes. Estos fueron aniquilados en gran medida por los escarabajos descortezadores. Durante la era nacionalsocialista, las montañas del Harz se convirtieron en un lugar importante para la industria armamentística. Un gran número de empresas relacionadas con la guerra se ubicaron aquí y utilizaron un gran número de trabajadores forzados. Por ello, en esta zona hubo muchos campos de concentración y de trabajos forzados.

El Harz fue testigo directo de la división de Alemania tras la II Guerra Mundial, pues la frontera cruzaba el tercio occidental de las montañas, separando Baja Sajonia de Sajonia-Anhalt. Hoy en día se han creado en el Harz museos que tratan sobre la frontera y en la carretera se anuncia donde se encontraba esta. Además, en Thale hay un museo sobre la DDR, Alemania oriental.

Un importante personaje asociado con el Harz, que ayudó a difundir el aire romántico y místico de estas montañas, fue el escritor Johann Wolfgang von Goethe, que visitó varias veces estas tierras. En su obra Fausto escribe sobre la noche de Walpurgis, o la noche de las brujas, donde estas vuelan en sus escobas hasta la cima del Brocken la noche del 30 de abril. 

Clima

En el Harz las temperaturas no suelen ser muy altas y llueve bastante durante todo el año. Nosotros, que visitamos el Harz a finales de mayo, además de experimentar las bajas temperaturas y las lluvias, lo que más nos llamó la atención fue el fuerte viento que hacía.

Cómo conocer el Harz

Nosotros descubrimos el Harz en coche, pero también puede se puede viajar en tren con la Deutsche Bahn. En su página se pueden consultar todas las rutas, horarios y precios. Además en el Harz existe un ferrocarril de vía estrecha que permite llegar hasta el Brocken, la montaña más alta de esta cadena, y a diferentes lugares de esta zona, Harzer Schmalspurbahnen.

Además hay excursiones organizadas al Harz desde distintas ciudades alemanas, por ejemplo esta que parte desde Leipzig.

Si se viaja en coche, recomendamos leer nuestro post con consejos para conducir por las carreteras alemanas.

La ruta de 4 días que nosotros hicimos fue la siguiente:

Día 1: Duderstadt – Herzberg – Clausthal-Zellerfeld – Hannenklee – Goslar

Dia 2: Goslar – Wernigerode – Quedlinburg

Día 3: Thale (Hexentanzplatz) – Stolberg

Día 4: Stolberg – Walkenried

En el Harz hay multitud de opciones para hospedarse, todo depende de lo que se quiera visitar. Nosotros, que hicimos 4 noches, elegimos las ciudades de Duderstadt, Goslar, Quedlinburg y Stolberg.

En este post nombramos también lugares que no nos dio tiempo a visitar, pero que nos parecen interesantes. Viajamos con una niña de 2 años y medio, por lo que nuestro ritmo no fue muy rápido. Intentamos sacar siempre tiempo para que se divierta y juegue en los columpios, que aquí en Alemania suelen estar muy bien preparados.

Qué comer

Además de la gastronomía alemana, de la cual podéis leer en este post, merece la pena probar algunos de los platos e ingredientes de la cocina del Harz que se define por su simplicidad.

Baumkuchen: llamado pastel árbol por la forma que tiene, es un bizcocho en capas recubierto de chocolate. Se anuncia en muchas tiendas y pastelerias del Harz. Un lugar muy curioso donde comerla es en la Harzer Baumkuchen, a las afueras de Wernigerode. Aquí hasta la cafetería tiene la forma de este pastel.

Harzer käse: un queso elaborado con leche agria.

Harzer Schmorwurst: salchicha típica de esta región.

Runx Munx: potaje de verduras, como col y nabo, con carne de cerdo o rabo de toro y el tradicional Schmorwurst.

Hackus und Knieste: plato sencillo de patatas al horno (knieste) con carne picada que puede servirse cruda (hackus) o frita.

Patrimonio Mundial de la UNESCO en el Harz

En 1992 se incluyeron las minas de Rammelsberg y el casco histórico de Goslar y en el 2010 se amplió con el sistema de administración de agua del Alto Harz, que fue desarrollado durante más de 800 años. Este fue construido durante la Edad Media por los monjes cistercienses de Walkenried y desarrollado a gran escala desde finales del S. XVI al XIX. Su objetivo era ayudar en la extracción y en la producción de metales no ferrosos.

En 1994 se incluyó en la lista la ciudad de Quedlinburg.

Qué ver

Mapa Harz

1. Duderstadt

Al sur del Harz se encuentra esta ciudad de aire medieval que nos sorprendió por su casco histórico tan bien conservado. En él abundan las casas de entramado de madera de diferentes estilos, góticas, barrocas y renacentistas. En total habrá unas 500 de estas edificaciones bellamente decoradas. Además merece la pena visitar sus bellas iglesias y acercarse a la puerta de entrada de la antigua muralla, la Westerturm o torre del Oeste. Esta se encuentra coronada por una torre extrañamente retorcida. El edificio que más llama la atención de Duderstadt es su ayuntamiento, uno de los más antiguos y bonitos de Alemania.

Durante unas tres horas paseamos por sus calles, observando sus bellos edificios, algunos de los cuales entraron en nuestra lista de los más bonitos de Alemania. Pagando 4 euros entramos en el ayuntamiento, cuya visita nos pareció interesante por descubrir cómo era el interior del edificio más emblemático de la ciudad, pero que no posee ninguna sala remarcable. En su interior se aprende sobre la historia de la ciudad, que se encontraba estratégicamente situada entre importantes rutas comerciales de la Edad Media, lo que ayudó en su desarrollo.

La visita a Duderstadt fue también muy interesante para la pequeña, que se lo pasó en grande en la cama elástica cercana al ayuntamiento, chapoteando en el riachuelo que recorre las calles principales y jugando en el parque Tabaluga, perfectamente pensado para niños de todas las edades.

Muy cerca de Duderstadt se encuentra la Rhümequelle, un estanque de un color verde turquesa precioso, al que se accede fácilmente desde la carretera. Hay un pequeño aparcamiento muy cerca del estanque. Desde aquí parten varias rutas de senderismo. 

2. Herzberg am Harz

Merece la pena visitar Herzberg por su castillo, situado en una colina sobre la ciudad. Este fue mencionado por primera vez a mediados del S. XII, en unos documentos de Enrique el León, manteniéndose en posesión de la familia güelfa hasta el S. XIX. Usado como pabellón de caza y como residencia de viudas de esta dinastía, uno se sorprende al entrar en el bello patio del castillo de entramado de madera. En su interior se encuentra un pequeño restaurante, donde comimos muy bien, y un museo.

Herzberg am Harz
Herzberg am Harz

Cerca de Herzberg se encuentra la Einhörn höhle, Cueva del unicornio, mencionada por primera vez en 1541 y cuyo nombre proviene de unos restos encontrados allí que fueron asignados al mítico animal. En el S. XIX se demostró que los huesos provenían de mamíferos de gran tamaño. También se han encontrado aquí  herramientas del período neandertal.

Abre de miércoles a domingo de 11:00 a 16:00, y hay tours cada hora hasta las 15:00. La entrada normal cuesta 10 €.

3. Osterode am Harz

Bonita localidad de casas de entramado de madera. Nuestra intención era visitarla tras Herzberg am Harz y antes que Clausthal-Zellerfeld, pero decidimos no parar para encontrarnos abiertas las iglesias de madera. Duderstadt nos gustó tanto que pasamos más tiempo del esperado. Por otro lado, preferimos no saturar el día con muchas visitas para no cansar tanto a la pequeña. Además, en este viaje íbamos a visitar más lugares con edificios de entramado de madera.

4. Clausthal-Zellerfeld

Esta ciudad, formada por los distritos de Clausthal, al sur, y Zellerfeld, al norte, fue un importante centro minero. Esta actividad cesó en 1930 y a día de hoy se encuentra aquí el Museo Minero del Alto Harz. Clausthal-Zellerfeld es actualmente una ciudad universitaria.

Merece la pena visitar Clausthal para visitar su maravillosa iglesia del Espiritu Santo, Marktkirche zum Heiligen Geist. Esta fue construida en madera de roble y abeto durante la Guerra de los Treinta Años y es la iglesia de madera más grande de Alemania, con espacio para 2200 personas. Pintada de color azul, merece la pena entrar para ver su bonito altar, su púlpito, su pila bautismal y su órgano (de martes a sábado de 10:00 a 16:00 y los domingos de 12:00 a 16:00, entrada gratuita).

La iglesia se encuentra en una gran plaza rodeada por edificios de colores suaves, que te hacen sentir en otro país. Las señales de Glück auf, saludo típico de los mineros alemanes, recuerdan el pasado minero de la ciudad.

En Clausthal nació  Robert Koch, famoso microbiólogo alemán ganador del premio nobel, y hoy en día se puede ver su casa natal.

En Zellerfeld llama la atención la farmacia Bergapotheke o Fratzenapotheke. El edificio está decorado con 64 caras diferentes talladas en madera.  Su significado se desconoce, aunque se piensa que ofrecen protección a los habitantes. Nosotros no la vimos abierta pero merece la pena entrar para admirar su bella decoración. La farmacia se encuentra enfrente de la iglesia de San Salvador. En esta zona hay además muchas casas de madera con bellas puertas de colores. 

5. Hahnenklee

La visita a este pueblo balneario sorprende por su iglesia de madera, la iglesia Gustav II Adolf, llamada así en honor al rey sueco. Esta fue construida con madera de abeto entre 1907 y 1908, siguiendo el estilo de las iglesias de madera noruegas conocidas como Stavkirke

La iglesia es muy curiosa. Su estilo arquitectónico recuerda a las construcciones navales vikingas y su pequeño interior es muy acogedor. Nosotros pasamos un rato sentados en un banco observando todos sus detalles. Puede que llame la atención el símbolo de la esvástica decorando algunas de las ventanas. Este nada tiene que ver con el símbolo del nacionalsocialismo, pues se refiere a uno más antiguo de la tradición cristiana.

Suelen celebrarse conciertos en ella y los sábados hay conciertos de carrillón a las 15:00. Nosotros pudimos disfrutar de uno de ellos. La entrada cuesta 2 € y su horario es de 10:30 a 17:00 y los domingos de 12 a 17:00.

En Hannenklee se encuentra el teleférico que sube al monte Bocksberg (726 m). Cuando lo visitamos este había cerrado debido al viento. Arriba hay un restaurante y varias atracciones, entre ellas un Sommerroddelbahn, un tobogán de verano muy típico en las zonas de montaña. Con él se puede bajar de manera divertida en una especie de trineo.

6. Romkerhall y Okertalsperre

De camino a Goslar desde Hahnenklee pasamos con el coche por el embalse del río Oker, donde hay plazas para aparcar y observar el paisaje y la presa.

Cerca se encuentra Romkerhall, que es propiedad de un hotel y restaurante que se anuncia como el reino más pequeño del mundo. Y es que la historia de Romkerhall es muy curiosa. 

El rey Jorge V de Hannover ordenó en el S. XIX que se estableciera un pabellón de caza en su terreno de Romkerhall. Para mejorar los alrededores mandó crear una cascada artificial enfrente del edificio. Así, el pequeño río Romke cae de las rocas desde 64 m de altura creando la cascada más alta del Harz. El rey añadió Romkerhall a la Corona de Hannover y regaló el pabellón a su esposa, la reina María, princesa de Sajonia-Altenburgo.

Cuando Hannover fue ocupado por el ejército prusiano, la familia real huyó a Austria. Otto von Bismarck, por respeto a la familia real de Sajonia, no tocó Romkerhall. Cuando la monarquía en Alemania terminó en 1918, este cayó en el olvido. Además, al no ser asignado a ningún municipio, se mantuvo independiente. Por ello, en 1988, la familia propietaria de Romkerhall lo proclamó el reino más pequeño del mundo. Se encontró en la princesa Erina de Sajonia, a la reina adecuada. Antes de su muerte pasó el título a la princesa Sussane, representante actual del reino.

Si se entra a comer o a tomar un café, se puede ver su elegante decoración y fotos sobre los miembros del reino de Romkerhall.

Enfrente del hotel se encuentra la cascada artificial. Desde aquí parten rutas que permiten conocer la zona. Siguiendo el rio Oker se puede llegar a la Verlobungsinsel, la isla de los prometidos. Cerca está también la curiosa formación rocosa, Feigenbaumklippe.

Se puede aparcar muy cerca, junto a la central hidroeléctrica del Oker.

7. Goslar y las minas de Rammelsberg

Una de las perlas del Harz es Goslar. Esta ciudad debe su importancia al yacimiento mineral de Rammelsberg. Además, del S. X al XII, fue una de las sedes del Sacro Imperio Germánico. Los ingresos de la minería y de la metalurgia permitieron la construcción de las fortificaciones medievales, iglesias, edificios públicos y mansiones bellamente decoradas que vemos hoy en día.

Un poco de historia sobre la ciudad imperial de Goslar

Los orígenes de Goslar, como no podría ser de otra manera, se deben a la minería. La evidencia más antigua de la extracción y fundición del mineral en esta zona data del S. III d.C. En el año 1009, se celebró en Goslar el primer sínodo imperial bajo Enrique II, comenzando el período importante de la ciudad como sede del Sacro Imperio Romano Germánico. Bajo el gobierno de los  emperadores de la dinastía salía, dinastía de la Alta Edad Media que tuvo cuatro reyes de Alemania entre sus miembros (1027-1125), Goslar se convirtió en uno de los centros del imperio y en una de sus ciudades más ricas. Goslar, una ciudad en la que los Staufers, gibelinos, se sentían muy cómodos, fue testimonio directo de la lucha entre estos y los güelfos. En el S. XIII, con el final de los Staufer, terminó el tiempo imperial de la ciudad.

Fue entonces cuando Goslar impulsó su independencia. El comercio de cobre y plata fue particularmente importante para Goslar cuya historia está marcada por la lucha por el poder de las minas de Rammelsberg. En el S. XVIII Goslar se endeudó y comenzó a decaer y en el S. XIX era una ciudad empobrecida. Durante la II Guerra Mundial no sufrió grandes daños y, tras esta, perteneció a la zona de ocupación británica. Aquí se encontraba la frontera con la zona de ocupación soviética. Fue en Goslar donde se celebró, en 1950, el primer congreso del partido CDU, donde Konrad Adenauer fue elegido líder del partido.  En 1988 se cerró la mina de Rammelsberg que a día de hoy puede visitarse como museo. 

Qué ver en Goslar

En Goslar uno sólo tiene que perderse por sus calles, lo difícil es decidir qué calle o callejón tomar. Además el paseo junto al río ofrece también rincones inolvidables. En esta ciudad el tiempo se pasa volando mientras se van descubriendo sus numerosas casas de entramado de madera, muchas de las cuales están ricamente decoradas. Si se busca la casa de este tipo más antigua, hay que dirigirse hasta la St. Annen Haus que data de 1488. En ella se fundó, en 1494, un monasterio. Con un horario no muy amplio, nosotros la encontramos cerrada, pero creemos que la visita puede merecer la pena. Abre los sábados de 11:30 a 13:00.

En Goslar hay además una serie de lugares que son de visita obligada.

– La Plaza del mercado donde se encuentra el ayuntamiento y el Kaiserworth.

Merece mucho la pena visitar el ayuntamiento para dejarse sorprender por la impresionante Huldigungssaal, salón del homenaje, del S. XVI. Sus paredes se encuentran completamente recubiertas por paneles pintados de temática religiosa. Nosotros la visitamos durante nuestra primera visita en el año 2015. Esta última vez, junio de 2022, la sala estaba cerrada por obras. 

La fachada del Kaiserworth, la histórica casa de los gremios de finales del S. XV, merece que se le dedique un rato. Además de su llamativo color naranja, las esculturas que lo decoran, entre las que hay varios emperadores, también atraen la atención del visitante. Debajo de la representación de la Abundancia se encuentra la figura que,  seguramente, recibe más atención. Esta es la del hombre del ducado, Dukatenmänchen, que no es más que un hombre que consigue hacer realidad el sueño de mucha gente, cagar monedas. La decoración del edificio, que hoy es un hotel, da una idea de la riqueza de la ciudad y de los gremios en aquel tiempo. 

Si se está a las 9:00, 12:00, 15:00 o 18:00 horas en la plaza, se verá el reloj del Kämmereigebäude en funcionamiento. Durante un rato van apareciendo figuras que muestran la historia de la mineria en Rammelsberg.

– Junto a la plaza del mercado se encuentra la Marktkiche, Iglesia del mercado de San Cosme y San Damian, cuyos orígenes se remontan al S. XI. Esta iglesia llama la atención por sus altas torres asimétricas que pueden verse desde diferentes puntos de la ciudad. A una de ellas merece la pena subir para disfrutar de unas estupendas vistas de la ciudad. La entrada cuesta 2,50€ y hay que subir 231 escalones. 

– Enfrente de esta iglesia se encuentra la Brusttuch, una casa patricia de planta trapezoidal bellamente decorada construida en el S. XVI. Entre sus decoraciones se pueden encontrar figuras mitológicas, animales, y una figura muy curiosa conocida como la Butterhanne, una mujer que, mientras prepara mantequilla, se arrasca una de sus nalgas con la falda levantada.

– El Kaiserpfalz, palacio imperial, es un edificio de gran tamaño que se considera el edificio secular más grande de su época. Este fue construido a mediados del S. XI bajo el emperador Enrique III. Antiguamente formaba parte de un complejo más grande. Se puede visitar de martes a domingo de 10:00 a 17:00. La entrada normal cuesta 7.5€.

Domvorhalle, este edificio es lo único que queda de la antigua catedral, la colegiata de San Simón y Judas, que fue construida a mediados del S. XI y demolida en el S. XIX por falta de dinero para su restauración. Se encuentra enfrente del palacio imperial y se corresponde con el pórtico norte. Su antigua silueta está marcado en el suelo del aparcamiento que se encuentra detrás. En su interior se puede ver una réplica del Kaiserstuhl, trono de los emperadores y reyes alemanes que se encontraba en la Colegiata de San Simón y Judas. Este  fue creado entre 1060 y 1080. El original se encuentra en el palacio imperial.  

Grosses heiliges kreuz, este edificio, que se encuentra entre la catedral y la iglesia del mercado, fue construido a mediados del S. XIII como hospicio para los necesitados. A día de hoy alberga un mercado artesanal. Además sigue manteniendo su función, pues una parte del edificio está dedicada al cuidado de las personas mayores. 

– Hay una iglesia cuyo interior nos gustó mucho. Esta es la Neuwerkkirche que se encuentra junto a uno de los restos de la antigua muralla, la Rosentor, donde hay una estatua del artista colombiano Botero. Esta es la iglesia de un antiguo convento de monjas fundado en el S. XII. En el interior de esta iglesia románica, además de un bonito fresco del S. XIII en la bóveda del ábside, se pueden ver unas decoraciones muy curiosas en las columnas principales.

Siemenshaus, el nombre de esta casa es posible que llame la atención, debido a la fama mundial de este apellido. Este bello edificio de entramado de madera fue construido en el S. XVII por el alcalde y comerciante Hans Siemens. Los miembros de esta familia, de la cual surgen los fundadores de la compañía Siemens, empezaron como campesinos y fueron ganando en poder económico y social hasta llegar a la alcaldía. En su interior se encuentra, entre otras cosas, la cervecería. Y es que la producción de cerveza fue muy importante para la economía de Goslar y en el S. XVII más de 380 casas tenían derecho a elaborar esta bebida.

– Restos de la antigua fortificación de la ciudad. Entre ellos el Zwinger, una torre construida en el S. XVI como una de las estructuras más sólidas de Europa. En caso de asedio, hasta 1000 hombres podrían acomodarse en su interior. Y la Breites Tor, puerta ancha.

Por supuesto no podemos dejarnos la mina de Rammelsberg que, tenemos que admitir, todavía no hemos visitado.

Esta mina se encuentra al sur de de Goslar, a unos 6 km del centro. Cuenta la leyenda, que la montaña se llamó Rammelsberg en honor al caballero Ramm, cuyo caballo descubrió el tesoro que la montaña guardaba al descubrir una veta de mineral tras rascar el suelo con sus cascos.

Después de más de 1000 años de minería casi ininterrumpida, en los que se extrajeron alrededor de 27 millones de toneladas de mineral, la actividad se detuvo el 30 de junio de 1988. La mina se convirtió entonces en un museo que abre de Noviembre a marzo de 9:00 a 17:00, último tour a las 15:30 y de abril a octubre de 9:00 a 18:00, último tour a las 16:30. Aquí dejamos la información sobre los precios de la visita.

La cerveza Gose, muy bebida en Leipzig, proviene de Goslar. Su nombre proviene del pequeño rio Gose, de donde se extraía el agua para la producción de esta bebida ya en la Edad Media. Y que es también el que da nombre a la ciudad. Se dice que el rey Otto III era un gran admirador de esta cerveza allá por el año 1000. Y el obispo de Hildesheim recibió, en 1397, un barril de Gose como agradecimiento por su mediación en un conflicto. En Goslar la producción de cerveza fue importante para el desarrollo económico de la ciudad, especialmente tras perder los derechos de las minas de Rammelsberg en el S. XVI. 

Nosotros probamos esta cerveza en la Brauhaus Goslar, justo al lado de la Marktplatz. Recomendamos este restaurante, especialmente si se va con niños, pues estos son muy bien recibidos. Además la comida está muy rica y la cerveza también.

8. Wernigerode

En Wernigerode se tiene uno que perder por sus calles. En su casco histórico se encuentran un gran número de edificaciones de entramado de madera. En el paseo uno descubrirá la casa más antigua (Hinterstrasse 48), construida en 1546; la más pequeña (Kochstrasse 43); la Schieffes house (Klintgasse 5), una casa con un alto grado de inclinación; la Krummelsche Haus (Breite strasse 72), del S. XVII y con una fachada ricamente decorada; la Krellsche Schmiede (Breite strasse 95), decorada con la cabeza de un caballo y que es la herrería más antigua de Alemania aun en funcionamiento.

Pero hay algo que uno no debe perderse durante la visita, su imponente ayuntamiento en la plaza del mercado. Este edificio, construido originalmente como teatro, es hoy la edificación más famosa de la ciudad. Bellamente decorado, merece ser rodeado para poder observar todos sus detalles. En su fachada se pueden ver 33 figuras que representan a clérigos, a los diferentes gremios, a bufones y a músicos, entre otros.

Wernigerode
Wernigerode
Wernigerode

Además sobre la ciudad se encuentra el castillo de Wernigerode, construido en 1121 y reconstruido en diferentes estilos. Este puede verse desde muchos puntos de la ciudad. Fue la residencia de los condes de Stolberg-Wernigerode y, durante la visita del castillo, a través de las diferentes salas, se hace uno a la idea de cómo era la vida de los nobles en el S. XIX. 

La entrada normal cuesta 7€, y el castillo abre del 4 de abril al 6 de noviembre de 10:00 a 18:00.

Al castillo se puede subir andando, en coche o en tren. Si se va en coche, el parking se encuentra a unos 15 min caminando de la entrada del castillo.

Si no se va a entrar, y no se tiene mucho tiempo en la zona, no creemos que merezca la pena subir hasta él.

9. Brocken

El monte más alto del Harz recibe muchísimos visitantes cada año. Rodeado de leyendas y de niebla, al Brocken se puede subir a pie o, más fácilmente, en tren de vapor, el Brockenbahn. Este sale de la estación de Wernigerode y el viaje dura alrededor de 1 hora y 40 minutos. También se puede tomar el tren en la estación de Drei-Annen-Hohne, donde hay un aparcamiento para coches, y acortar el trayecto a unos 50 min.

Hay varios caminos que llevan al Brocken. Uno de ellos es el Goetheweg, una ruta de senderismo que en unos 8 km llega hasta la cima y que sale de Torfhaus. Lleva el nombre del escritor, quien tomó este camino alrededor de 1777. 

En la cima se encuentra el Brockenhaus, un centro de visitantes del Parque Nacional Harz, en la que se trata la historia de este monte. Abre de 9:30 a 17:00 y cuesta 7€ por adulto.

También se puede visitar el jardín botánico, donde crecen un gran número de plantas de montaña. La entrada es gratuita.

Se dice que aquí se reúnen las brujas para celebrar la noche de Walpurgis cada 30 de abril. Esta fiesta en el Brocken fue inmortalizada por Goethe en su obra Fausto.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el Brocken cayó en territorio Soviético. En 1961 fue declarado zona militar y dejó de ser accesible a la población. La zona se usó con fines de vigilancia y espionaje. Tras la caída del Muro de Berlín, el Brocken fue reabierto al público en 1989.

Nos planteamos si subir al mítico Brocken, pero al final optamos por ir al Hexentanzplatz porque de esa manera podíamos descubrir el valle del Bode.

10. St Andreasberg

Aquí se encuentra la antigua mina Grube Samson, que fue durante mucho tiempo una de las minas más profundas del mundo. En esta mina se extrajo plata de 1521 a 1910. Desde 2010, la mina pertenece al Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

La entrada cuesta 9€ por adulto y se visita dentro de un tour que se lleva a cabo a las 11:00 y a las 14:30. Tiene una duración de unos 90 min. Abre del 1 de abril al 31 de octubre.

11. Blankenburg

Esta ciudad se originó alrededor de un castillo del S. XII que era la residencia de los Condes de Blankenburg-Regenstein. Tras la muerte del último representante de esta familia, en 1599, el edificio pasó a ser posesión de los güelfos, que lo reconstruyeron a principios del S. XVIII al estilo barroco. Este se encuentra sobre Blankenburg, en lo alto de una colina. Además en la ciudad se encuentra el pequeño palacio, construido en el S. XVIII, con unos bellos jardines rodeándolo. Aquí nació, en 1917, Federica de Hannover, la que sería reina de Grecia y madre de Sofía de Grecia, reina de España hasta 2014. Propiedad de la familia güelfa, hoy en día se ubica aquí la oficina de turismo y unas exposiciones sobre la historia del palacio y sus jardines, así como de los güelfos en Blankenburg.

También se encuentra en esta ciudad el monasterio Michaelstein, una antigua abadía cisterciense.

Muy cerca se encuentran las ruinas del castillo de Regenstein, que se hizo famoso gracias a uno de sus dueños, el conde Albrecht II von Regenstein (S. XIV), que mantuvo disputas con los gobernantes de los pueblos vecinos, el obispo de Halberstadt y la abadesa de Quedlinburg. En el S. XVII, el castillo fue ampliado y usado por última vez como fortaleza militar por los prusianos.

Se puede visitar para descubrir las habitaciones que se encuentran excavadas en la roca y hacerse una idea de la magnificencia de esta fortaleza. Abre de abril a octubre de 10:00 a 18:00 y de noviembre a marzo de martes a domingo de 10 a 16 h. La entrada normal cuesta 3,00€. Cada año se celebran aquí espectáculos medievales.

12. Halberstadt

Al norte del Harz se encuentra esta ciudad que gracias a Carlomagno se convirtió en residencia episcopal en el año 804. A pesar de que durante la II Guerra Mundial la ciudad fue bombardeada y, como consecuencia, alrededor del 80% del centro de la ciudad fue destruido, aún sigue teniendo un interesante casco histórico donde destaca la plaza de la catedral. Aquí se encuentra la catedral, la Iglesia de Nuestra Señora, y el Petershof, el antiguo palacio del obispo. Además, se han conservado varias calles con bellas construcciones de entramado de madera.

Cerca de Halberstadt se encuentra la klusberge, unas curiosas formaciones rocosas, el Klusfelsen, el Fünffingerfelsen y el Teufelsstuhl.

Cerca de Halberstadt se encuentra Langenstein, donde se pueden visitar varias casas construidas en la roca. Estas se construyeron a finales del S. XVIII, mediados del S.XIX, debido a la escasez de viviendas. A principios del S. XX dejaron de usarse como viviendas. Hoy en día, algunas pueden visitarse y hacerse una idea de cómo era vivir en esas casas cuevas.

13. Quedlinburg

La zona donde se encuentra Quedlinburg ha estado habitada ya desde la Edad de Piedra. La ciudad ganó en importancia cuando se convirtió en sede real en el S. X, pues aquí celebraban la Pascua los gobernantes Otonianos. Tras la muerte del rey Enrique I, en el año 922, su viuda, la reina Matilde, fundó, en la colina del castillo, un convento de monjas, la colegiata de San Servacio. Quería honrar a su marido que estaba enterrado en Quedlinburg. Años más tarde ella sería enterrada allí junto a su marido.

La ciudad de Quedlinburg empezó a crecer a los pies del convento y, en el año 994, recibió los derechos de mercado de acuñación de moneda y de aduana. Esta experimentó un auge económico gracias a la sastrería y al comercio. Además, creó muchas alianzas y se unió a la Liga de ciudades de Baja Sajonia en 1384 y a la Liga Hanseática en 1426. Pero a la abadesa no le gustó esta independencia de la ciudad y, tras una guerra en 1477, los habitantes  tuvieron que someterse y romper todas sus alianzas. Tras esto, la figura de Rolando, que ahora se encuentra a la entrada del ayuntamiento y que representaba la libertad de mercado y la independencia de Quedlinburg, fue derribada.

Tras la guerra de los treinta años (1618-1648), Quedlinburg experimentó su mayor crecimiento urbanístico y la mayoría de las casas de entramado que se conservan se construyeron entonces.  

A finales del S. XVII la ciudad pasó a formar parte de Prusia, y en 1802 se disolvió el convento fundado en el año 936. Durante el S. XIX la ciudad ganó en prosperidad gracias al cultivo de flores. Esto se expresó en la construcción de varios edificios en estilo Art Nouveau.

Tras la Segunda Guerra Mundial, durante la cual la ciudad apenas sufrió daños, pasó a formar parte de Alamenia del Este.

Sus calles y callejones empedrados, en los que se encuentran un gran número de casas de entramado de madera, más de 2100, la hacen una de las ciudades con más encanto de Alemania. 

En Quedlinburg lo mejor es pasear sin rumbo, descubriendo sus calles, callejones y plazas. Pero hay una serie de lugares que uno no puede perderse. 

– La Schlossberg, montaña del palacio, donde se puede visitar el museo del palacio y la colegiata románica de San Servacio. Además desde aquí se obtienen unas vistas preciosas de la ciudad.

En el museo del palacio se aprende sobre el desarrollo de la colina y la historia de la ciudad.

La Colegiata de San Servacio, conocida como la catedral de Quedlinburg, se puede ver desde muchos puntos de la ciudad. La actual construcción se erigió después de que un incendio destruyese la anterior iglesia y fue consagrada en 1129. La primera iglesia que aquí hubo databa del S. X, y era la capilla del castillo donde fue enterrado el rey Enrique I. Tras la fundación del convento en los terrenos del castillo se amplió la iglesia. En 1936 se cumplió el milésimo aniversario de la muerte del rey. Por este motivo los nacionalsocialistas decidieron rediseñar la iglesia y la profanaron. Tras el final de la Guerra, se devolvió a la congregación. En la cripta se encuentran las tumbas de Enrique I (vacía) y la de su mujer, la reina Santa Matilde, así como las de las abadesas del convento. También se muestra el rico tesoro de la colegiata, que fue ganando en valía gracias a las donaciones y obsequios imperiales al convento de mujeres. La gran riqueza de este tesoro demuestra la importancia del convento. Este se compone de Relicarios, manuscritos, y otros valioso objetos, como una alfombra de alrededor del 1200.

Una parte del tesoro fue robado durante la Segunda Guerra Mundial por un soldado estadounidense que lo envió a Texas. La mayoría de los objetos fueron devueltos.

– La plaza del mercado donde se encuentra el ayuntamiento con la estatua de Rolando.

– En Quedlinburg se mantiene todavía parte de la antigua muralla medieval. La torre más llamativa es la Schrekensturm, de unos 40 m de altura. A la torre Lindenbein se puede subir para admirar las vistas de la ciudad.

– En las afueras de  Quedlinburg se encuentra el barrio de Münzenberg, donde vivían los artesanos y músicos. Aquí, aparte de unas muy buenas vistas al Schlossberg, merece la pena visitar la iglesia de Santa María, antigua iglesia de un monasterio benedictino. Muy cerca se encuentra la iglesia románica de San Wiperti.

14. Taufelsmauer, muro del diablo

Esta formación rocosa de arenisca  se extiende a lo largo de unos 20 km, desde Ballenstedt hasta Blankenburg. Se formó durante el Cretácico Superior y muchas son las leyendas que intentan explicar su especial naturaleza. Así, se dice, que estos son los  restos de un muro construido por el diablo para dividir el mundo con Dios.

Las rocas que lo componen han recibido diferentes nombres: en Ballenstedt se encuentra la Gegensteine, contrapiedra; en Rieder la Dicker Stein, Gran piedra; en Neinstedt la Mittelstein, piedra del medio; en Weddersleben la Königsstein, piedra del rey; en Warnstedt la Papenstein; en Timmenrode la Hamburger Wappen, escudo de Hamburgo) y en Blankenburg la Grossvater, abuelo.

Si se quiere recorrer todas las elevaciones rocosas del Teufelsmauer, se puede seguir el Teufelsmauerstieg, una ruta de senderismo de unos 35 km.

Nosotros vistamos la Königsstein, piedra del rey, en Weddersleben. Para ello aparcamos en el aparcamiento Taufelsmauer, que se encuentra entre Quedlinburg y Thale, y recorrimos un pequeño camino circular. Desde aquí se tienen vistas del Harz, llegándose a ver Quedlinburg y Hexentanzplatz.

El parking nos costó 1€ la hora.

15. El valle del Bode

Este desfiladero, que corre entre Treseburg y Thale, es un buen lugar para practicar el senderismo. Hay dos miradores a los cuales se puede subir para disfrutar de las vistas, el Hexentanzplatz, lugar donde bailan las brujas, y Rosstrappe.

El río Bode nace en el Brocken y es rico en leyendas. Se dice que Brunhilde, una bella princesa, huía a caballo del gigante Bodo, al que tenía enamorado. Al llegar a la altura de Hexentanzplatz, el gigante estaba a punto de alcanzar a la princesa, pero esta hizo que su caballo saltara el desfiladero hasta la roca opuesta. El impacto de los cascos del animal dejó una huella en la roca que definió su actual nombre, Rosstrappe. El gigante y su caballo también saltaron pero no consiguieron llegar a la roca y cayeron al río, que en honor a él se llama río Bode.

Al llegar al gran aparcamiento de Thale se ve lo popular de este destino (aparcar todo el día nos costó 3€). Desde aquí salen las rutas para subir a ambos miradores, o para llegar a los teleféricos que suben hasta ellos.

Al Hexentanzplatz se puede subir de tres maneras: a pie, que fue como subimos nosotros. El camino es empinado pero en menos de 1 hora ya estábamos arriba; en coche, hay un aparcamiento arriba cuyo único problema es que suele estar lleno; y en teleférico. El Thale Erlebniswelt está abierto de 9:30 a 18:00 (horario desde Pascua hasta el 31 de octubre). Para adultos un sólo viaje cuesta 5,50€, y dos 8 €. Aunque existen varios tickest. Aquí está toda la información sobre el precio, y aquí los horarios fuera de temporada. 

Aquí se encuentra la información relativa al teleférico que lleva al Rostrape, que está muy cerca del otro.

Las góndolas para subir al Hexentanzplatz tienen el suelo transparente, lo que permite disfrutar del paisaje. El que sube a Rosstrape es un telesilla.

El Hexentanzplatz (454 m), al que subimos en un día de fiesta, estaba lleno de familias y confirmamos que es uno de los destinos más populares de las montañas del Harz. Se dice que es un antiguo lugar de culto sajón, donde la noche del 30 de abril se celebraba un festival para honrar a las llamadas Hagedisen (diosas del bosque y la montaña). Este culto fue prohibido por los cristianos y el lugar pasó a llamarse Hexentanzplatz. La plaza estaba custodiada por soldados que controlaban la prohibición y ahuyentaban a los sajones que iban allí disfrazados de brujas. Actualmente, durante la noche de Walpurgis, brujas y demonios se reúnen aquí cada año y hay espectáculos y fuegos artificiales que reúnen a mucha gente.

En el Hexentanzplatz se explota la leyenda de las brujas y hay varias atracciones sobre ellas. Uno es el Walpurgishalle, donde se cuenta la noche del Walpurgis en base a cuadros y a la historia que Goethe escribió en Fausto. Cuesta 3,5€ y, en nuestra opinión, no merece la pena. Además está en alemán. También hay una casa de brujas cabeza abajo. Todo tiene su entrada a parte.

Hay también varios sitios para comer, tanto puestos de comida rápida, como un restaurante donde comimos muy bien. Este se encuentra en la plaza principal, dominada por una escultura de brujas y demonios. Muy cerca hay columpios y un pequeño zoo con animales de la zona. Hay también un Rodelbahn, un tobogán de verano.

Una parte del Hexentanzplatz estaba en obras y no pudimos acceder al teatro de montaña.

Esta es una zona perfecta para ir con niños, no sólo por todas las atracciones que hay arriba, sino que además, justo enfrente del teleférico que lleva la Hexentanzplatz, hay un pequeño parque de atracciones.

Rosstrappe se encuentra enfrente del Hexentanzplatz. Se puede llegar andando desde aquí, bajando por un sendero hasta el rio Bode, cruzándolo, y subiéndo al otro lado del cañón.

Nosotros subimos a pie hasta el Hexentanzplatz y en menos de una hora ya habíamos llegado. Para bajar cogimos el camino Hischgrund Steig, que aunque está marcado como difícil, a nosotros no nos lo pareció. Las vistas que se obtienen desde este son muy bonitas. Al llegar a Königsruhe, un restaurante al lado de un puente de piedra en el desfiladero del río (donde se puede pasar la noche), tomamos el camino de la izquierda para observar el paisaje hasta el Teufelsbrücke, puente del diablo. Tomando el camino hacia la derecha se llega de nuevo al aparcamiento pasando por la Goethefelsen, roca de Goethe. Esta roca de granito se llama así por motivo del 200 cumpleaños del escritor.

En esta ruta, durante la subida y la bajada, usamos la mochila Dromader para llevar a la pequeña. Estamos muy satisfechos con ella, porque la niña va cómoda, es ligera y tiene espacio para llevar lo necesario, agua, comida y pañales. No siempre quiere montarse, pero con un poco de persuasión, algún juguete o videos en el móvil, conseguimos que se suba. Además, siempre llevamos con nosotros la silla Chicco Ohlala 2, que es super ligera y nos está aguantando genial, y eso que la estamos metiendo por caminos de todo tipo.

16. Gernrode 

La iglesia medieval de San Ciriaco, construida en el S. X, es uno de los mejores y más bonitos ejemplos de la arquitectura otoniana, estilo desarrollado en el Sacro Imperio Romano Germánico.

17. Castillo de Falkenstein

Uno de los castillos mejores conservados del Harz. Fue construido en el S.XII, aunque su imagen actual data de los siglos XV-XVI. Abre de martes a domingo de 10:00 a 18:00. La entrada normal cuesta 6,5€.

18. Harzgerode

En su centro histórico hay bellos edificios de entramado de madera, entre los que destaca su ayuntamiento.

19. Stolberg

Alrededor del año 1000, Stolberg era un asentamiento minero donde se extraía hierro, cobre, plata, estaño y oro. En el S. XII le fueron concedidos los derechos de ciudad. Además de la minería, actividad que cesó en el S. XVI, la acuñación de monedas fue importante ya desde la Alta Edad Media. En la Antigua Casa de la Moneda (Niedergasse, 19), que alberga el museo de historia local, se muestra información sobre esta actividad. Esta casa, que data del S. XVI, es una de las más bonitas de Stolberg.

Aquí nació, en 1489, Thomas Müntzer. Este controvertido teólogo, partidario de la Reforma y, en un principio partidario de Lutero, se opuso a este y a la Iglesia católica, apoyando la liberación violenta de los campesinos. Así, participó como revolucionario en la Guerra de los campesinos alemanes (1524-1525). Durante esta fue capturado y decapitado en 1525. Hoy en día se le recuerda con un monumento erigido en su nombre al lado del ayuntamiento. Además, su casa natal se encuentra en Niedergasse. Stolberg fue escenario de varias batallas de la guerra de los Campesinos, y en 1525, Lutero predicó contra ella en la iglesia de San Martín.

Este pueblo ha sido votado como el más bonito de Alemania. Y la verdad es que merece esta designación. Recorrer las calles empedradas de Stolberg, edificadas con casas de entramado de madera viejas y torcidas, es una maravilla. Aunque realmente la mayor parte del tiempo se recorre sólo una calle, la Rittergasse que, a la altura del ayuntamiento, se convierte en la Niedergasse. Pero aunque prácticamente sólo se pasee por una calle, lleva más tiempo de lo que uno espera. Desde el extremo occidental, donde se encuentra la única puerta de la ciudad medieval que se conserva, la Rittertor (puerta del caballero), hasta los jardines de la ciudad, en el otro extremo, hay un kilómetro y medio. Por suerte, a mitad de camino se encuentra la fábrica de galletas Friwi, que, además de aportar un olor especial al pueblo, permite al visitante hacer un alto en el camino para comprar algunos paquetes. Recorriendo esta calle se ve el castillo de Stolberg en lo alto del pueblo. Se puede subir hasta él para visitarlo y disfrutar de las vistas de la ciudad. Aquí residieron, desde 1210, los Condes de Stolberg.

El ayuntamiento del S. XV alberga en su interior un dato bastante curioso. Y es que en el interior de este edificio no hay escaleras. Para acceder a los pisos superiores hay que salir a la calle y subir los escalones. Estos llevan además a la iglesia de San Martín, cerrada actualmente por obras de restauración. 

A unos 6 km de Stolberg se encuentra la Josephkreuz, Cruz de José, un mirador en forma de cruz de 38 m de altura. Se encuentra en la colina Grosser Auerberg de 580 m de altura. Las vistas tienen pinta de ser muy buenas. Nosotros no nos acercamos por falta de tiempo. 

20. Walkenried

En Walkenried destacan las ruinas de la abadía cisterciense, cuyos monjes desempeñaron un papel muy importante en el desarrollo de la industria minera de la región. Debido a su interés en desarrollar la minería y la fundición, los monjes desarrollaron el primer sistema de administración de agua del Alto Harz. Fue incluido en el 2010 a la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

La abadía fue fundada en 1127, y en pocos años logró un gran crecimiento. Sus dos actividades principales eran, la agricultura y la minería. Así los monjes operaban las minas de Rammelsberg en Goslar y otras zonas del Alto Harz. Enrique el León pasó varios meses en la enfermería del monasterio tras un accidente montando a caballo. Fue en el S. XIV cuando su importancia comenzó a decaer debido a la crisis minera. En 1546, los pocos monjes que aún quedaban se convirtieron al protestantismo. El monasterio fue disuelto en 1648. 

Durante la visita, además de las ruinas de la iglesia gótica, que se pueden ver de manera gratuita, se puede pasear por el claustro gótico y por las diferentes salas donde tenía lugar la vida monástica. La característica más famosa del claustro es su ala norte que es de doble nave. Fue construido en la segunda mitad del S. XIII.

Abre de martes a domingo de 10:00 a 17:00 y de noviembre a finales de marzo, de miércoles a domingo. El precio normal de la entrada es de 10€.

21. Memorial Kyffhäuser

Este impresionante monumento de 81 m de altura se encuentra en la cadena montañosa de Kyffhäuser, al sur del Harz. Se construyó a finales del S. XIX para conmemorar al emperador Guillermo I, aunque también se le conoce como monumento a Barbarroja. Y es que además de una escultura ecuestre de Guillermo I, hay una gran escultura de Barbarroja. Es el tercer monumento más grande de Alemania.

Este se encuentra sobre las ruinas del castillo imperial de Reichsburg, que se completó durante el reinado de Federico I, Barbarroja (1152-1190). Dentro hay un museo que trata sobre el castillo, el monumento y la leyenda de Barbarroja. Según esta, Barbarroja no murió en las Cruzadas, sino que encontró su descanso final en una de las cuevas de esta cadena montañosa de poca altura. Y cuando su barba haya crecido lo suficiente, volverá para salvar a Alemania de la opresión.

Abre de abril a octubre, de 9:30 a 18:00 y de noviembre a marzo, de 10:00 a 17:00. La entrada de adultos cuesta 8,50,. Para más información sobre los tickets aquí.

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Nos gusta mucho sacar fotografías en nuestros viajes. Para ello llevamos la cámara Nikon D3400 con objetivo Tamron 18-200. En los viajes largos llevamos también nuestra antigua cámara, la Canon Powershot G5x, por si tenemos problemas con la primera. Además, esta sigue siendo nuestra primera opción si vamos a la montaña, pues es pequeña y ligera. Siempre llevamos varias tarjetas de memoria. La mochila que usamos para llevar las cámaras es esta.

Nuestra guías favoritas para preparar nuestro viajes son la DK y la Lonely Planet. Además nos encantan los libros de Kunth, que siempre proponen muy buenas rutas y las fotos invitan a viajar. El problema es que son en aleman.

4 comentarios en “Que ver en el Harz, las montañas donde se reúnen las brujas”

  1. La verdad es que viendo esos pueblos no puedo menos que recordar cualquier cuento de los Hermanos Grimm. Que belleza de localidades centroeuropeas, además parecen estar rodeados de uno paisajes realmente mágicos también.
    Muchas gracias por compartir estos lugares con todos.

  2. Qué maravilla! Menuda cantidad de lugares interesantes que visitasteis en este viaje. Nosotros sólo conocemos Quedlinburg, y lo recuerdo como un pueblo precioso. Parece que tengo que volver! 😅

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