Salamanca, la ciudad dorada a orillas del Tormes. Un paseo por su casco histórico

Hoy os llevamos a pasear por Salamanca, una ciudad universitaria por excelencia, una ciudad monumental de color dorado gracias a la piedra con la que fue construida. Pasear por ella es sorprenderse delante de cada fachada, rememorar grandes obras y autores de la literatura española, dejarse cautivar por sus múltiples leyendas y seguir los pasos de tantos personajes célebres que, antes que nosotros, han recorrido sus calles empedradas. Una ciudad donde marcan el camino conchas, ranas y astronautas. Y si uno se cansa de pasear, siempre puede reponer fuerzas en alguno de sus muchos bares y restaurantes para probar sus famosas tapas y productos tan ricos como el hornazo o el farinato ¿Nos acompañas?

Historia de la ciudad

Orígenes

La historia de la ciudad comienza en el Cerro de San Vicente, allá por los siglos VII y IV a.C, durante la Edad de Hierro, en la zona donde ahora se encuentran los hospitales. Hoy en día hay un yacimiento arqueológico que muestra los restos encontrados en ese área. En los siglos posteriores se fueron formando nuevos asentamientos. Uno de ellos, el de San Isidro, llegó a alcanzar un gran tamaño y llegó a tener foso y murallas.

Las valientes mujeres salmantinas

En el año 220 a.C, Aníbal sitió la ciudad de Salamanca y, a cambio de dinero y rehenes, levantó el asedio. Sin embargo, los ciudadanos no cumplieron su palabra y Aníbal les atacó. Aquí entran en juego las valientes mujeres salmantinas que, escondiéndose armas debajo de la ropa, se las pasaron a los hombres en el momento adecuado y ayudaron en el ataque de las tropas del cartaginés. No ganaron, pero su astucia y  valentía dejaron tan impresionado a Aníbal que les devolvió la ciudad y el dinero.

Salamanca romana

Salamanca se romanizó. Por aquella época se le consideraba una polis megale, ciudad grande, a la que se conocía como Helmántica y adquirió importancia comercial. A día de hoy todavía se pueden ver recuerdos de esta época tan importantes como el puente romano, construido en el S. I d. C, y la Ruta de la Plata, una calzada que atraviesa España de norte a sur por su parte oeste.

Tras el Imperio Romano

Tras la caida del Imperio Romano, estas tierras fueron conquistadas sucesivamente por alanos, visigodos y musulmanes. Tras la Reconquista, a finales del S. XI principios del XII, nuevos repobladores llegaron a la ciudad dándole una nueva forma. Entre ellos había francos, mozárabes, serranos, portogaleses, judíos y castellanos. 

En 1102 se establece la sede episcopal, siendo su primer obispo Don Jerónimo de Perigeux, obispo de Valencia y compañero del Cid Campeador. Se comienza entonces a construir la Catedral, de la que surgen unas escuelas que se convertirán en 1254, bajo el mando de Alfonso X el Sabio, en la importante Universidad de Salamanca, la más antigua en activo de España.

La época de los Reyes Católicos fue un buen periodo para la ciudad, pues no solo los reyes apoyaron a la universidad y a la ciudad, sino que el comercio de la lana fue muy fructífero.

Durante la Guerra de la Independencia, la ciudad estuvo ocupada por los franceses. Esto trajo muchos daños en el Patrimonio, pues las tropas destruyeron gran parte de este, especialmente en el barrio universitario. La ocupación finalizó tras la famosa batalla de los Arapiles, cerca de Salamanca, donde el ejército francés cayó derrotado frente a españoles e ingleses liderados por el duque de Wellington. De esta época hay que destacar la figura salmantina del guerrillero Julián Sánchez, apodado el Charro.

Durante la Guerra Civil, Salamanca estuvo en el bando nacional y Franco se instaló aquí por un periodo de tiempo en el palacio Episcopal, hoy museo de la ciudad.

Salamanca fue nombrada ciudad patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1988.

Salamanca y su color dorado

Un hecho que puede llamar la atención al visitante, es el color dorado de su casco histórico. La razón es que los edificios están construidos con una piedra procedente de las canteras de Villamayor, a unos 7 km de la ciudad. Esta es una piedra arenisca que recién salida de la cantera es de color amarillo pálido, pero que con el tiempo adquiere su peculiar color dorado debido a la oxidación de las partículas de hierro que tiene. En 1940 se prohibió construir en el casco histórico con otra piedra que no fuera esta. Además, esta piedra, tras ser extraida de la cantera, es blanda y se talla fácilmente, lo que ha permitido realizar las extraordinarias representaciones del arte plateresco, tan comunes en esta ciudad.

Cómo llegar

La ciudad se encuentra a unos 200 km del aeropuerto de Madrid. También se puede llegar, en tren, autobús o coche.

Qué ver

Hemos intentado trazar una ruta circular que incluya la mayor parte de los puntos de interés de la ciudad. Salamanca no es muy grande, pero el número de edificios importantes, iglesias, palacios, plazas y calles es muy elevado. El centro es, principalmente, peatonal, por lo que lo único que se necesita para visitarla son ganas para descubrirla y calzado cómodo, pues muchas de sus calles están empedradas. Así que abrid bien los ojos que vamos a comenzar un paseo por la ciudad de Salamanca.

¿Cuánto se tarda en hacer esta ruta? Pues depende. El centro de Salamanca se puede visitar en un día. Pero si uno quiere entrar en sus diferentes exposiciones y descubrir el centro con calma dos días está muy bien. La oferta gastronómica de la ciudad es amplísima, por lo que merece la pena tenerlo en cuenta. En la provincia de Salamanca, además, hay muchas excursiones que merecen la pena. Quizá la más famosa es visitar la Alberca, uno de los pueblos más bonitos de España. Pero no hay que olvidarse de Ciudad Rodrigo, Mogarraz, Alba de Tormes, donde murió Santa Teresa de Jesús o Candelario, entre otros. También hay sitios de naturaleza que merecen ser descubiertos como el pozo de las aguas, el meandro del Melero, la Sierra de Francia o las Batuecas por mencionar algunos.

También existe la opción de conocer la ciudad de la mano de un guía. Aquí se puede reservar un tour gratuito por Salamanca. Si se quiere hacer un tour algo diferente, aquí se puede reservar esta ruta guiada teatralizada. Y si no se quiere andar y se prefiere conocer la ciudad en bicicleta, aquí se puede reservar un tour para descubrir la ciudad sobre dos ruedas.

Merece la pena darse una vuelta por Salamanca cuando ya ha anochecido y los monumentos han sido iluminados. La plaza Mayor, el patio de Escuelas, la plaza Anaya… son lugares que adquieren una imagen algo diferente a estas horas del día. Además, suele haber menos gente visitándolos. Hemos incluido en este post algunas fotos tomadas de noche. También existe la opción de realizar un tour por la ciudad al anochecer. Más información aquí.

Este es el mapa de la ruta que proponemos. El orden de los puntos se corresponde a su aparición en el texto. Están marcados en negrita aquellos lugares cuya visita consideramos imprescindibles.

Comenzamos en la Plaza Mayor, centro y corazón de Salamanca.

La plaza se construyó a mediados del S. XVIII en estilo barroco y siguiendo el estilo de la plaza mayor de Madrid. Su arquitecto fue Alberto Churriguerra, cuyo medallón puede verse en el lado del ayuntamiento. Tras su muerte, le sustituyó Andrés García de Quiñones. Su construcción se vio paralizada varios años, pues hubo problemas con la expropiación de las casas que allí  había. La espadaña del ayuntamiento se añadió a mediados del S. XIX. Como curiosidad, decir que la plaza mayor nuca fue terminada, pues nunca se llegaron a construir las dos torres que estaban planificadas para ir a ambos lados de la espadaña. Pero si queréis saber cómo hubieran sido, el arquitecto García de Quiñones usó el modelo para completar las torres de La Clerecía.

Anteriormente este espacio estaba ocupado por la plaza del mercado o de San Martín, llamada así por la Iglesia que se encuentra en este lugar desde el S. XII. Esta era considerada “la plaza más grande de la cristiandad”, pues se extendía por lo que a día de hoy son cuatro plazas diferentes, la plaza del Corrillo, la del poeta Iglesias, la del mercado y la plaza mayor, esto es, casi cuatro veces más que la actual.

Miguel de Unamuno dijo de ella “Es un cuadrilátero. Irregular, pero asombrosamente armónico”, pues ninguno de sus lados mide lo mismo. Estos se conocen como, el Real (lado este), el de San Martín (lado sur) el de Petrineros, donde se encontraban los artesanos del cuero (lado oeste) y el Consistorial, donde se encuentra el ayuntamiento (lado norte). 

Este cuadrado imperfecto es perfecto para sentarse y contemplar como se desarrolla la vida salmantina. Se puede uno acomodar en alguna de sus terrazas, o bien en uno de sus bancos. Seguro que se coincide con mucha gente sacándose fotos y grupos turísticos, pero igual también se ve algún salmantino ataviado con la típica capa charra, o con alguna tuna tocando serenatas. O, igual, se está celebrando alguno de los múltiples eventos que aquí se llevan a cabo. Y si llueve no hay que preocuparse, porque los soportales que la recorren completamente protegen del agua.

Esta plaza ha tenido en su centro jardines, un quiosco de música, urinarios públicos, ha estado abierta al tráfico, ha servido de plaza de toros, pero a día de hoy es un espacio totalmente diáfano.

Empezamos desayunando en una cafetería de toda la vida, Las Torres, tomando un chocolate con churros (bueno, yo un café con churros, que el chocolate me empalaga). Avisamos que suele estar muy llena, tanto en los desayunos como en las meriendas. Si no se encontrase sitio, hay otras cafeterías con mucha tradición a las que también se puede ir, como los Escudos o el Casino. Y, por supuesto, el Novelty, el café más antiguo de Salamanca fundado en 1905. Este fue lugar de encuentro de artistas, escritores y políticos. Entre sus asiduos tertulianos cabe destacar a Miguel de Unamuno, a Carmen Martín Gaite y a Torrente Ballester, que vivió en Salamanca hasta su muerte y cuya escultura da la bienvenida desde su rincón favorito del Novelty. Cabe destacar que en este café se fundó la Unión Deportiva Salamanca y Radio Nacional de España, ahí es nada.

Pero bueno, por cafeterías no va a ser, que hay muchas por esta zona. Además, para los amantes de Starbucks, en la plaza mayor hay uno.

Dar una vuelta por la plaza es algo obligatorio. Por dentro de los soportales hay muchas tiendas y restaurantes, algunos de estos negocios se mantienen desde hace años, aunque la mayoría se han ido renovando. Entre los negocios de la plaza hay uno que hace que se te haga la boca agua, la pastelería de Santa Lucía. Nosotros todavía no hemos probado nada que no nos haya gustado. Y su roscón de Reyes está buenísimo. Hay, además, un par de joyerías en cuyos escaparates se expone filigrana charra, trabajo de orfebrería típico de esta zona, donde destaca el botón charro. Hoy en día hay joyas decoradas con este motivo en todas sus formas y colores. 

El botón charro es una de las principales piezas de la filigrana charra y un símbolo muy representativo de la provincia de Salamanca. 

Su origen es un misterio y existen varias teorías que tratan de explicarlo. Algunas dicen que proviene de un disco solar celtíbero y que pudo usarse en los S. II y I a. C. Otras que provienen de los romanos y visigodos que utilizaban alguna pieza similar para decorar sus ropajes. A partir del S. XVII los maestros orfebres empezaron a realizarlo de manera más frecuente para decorar los típicos trajes charros.

El botón charro tradicional tenía una  bola principal, que representaba a la ciudad de Salamanca, y  8 más pequeñas, una para cada una de sus comarcas. Aunque a día de hoy se encuentran diferentes modelos.

En la plaza Mayor se pueden ver muchas curiosidades, una de ellas se encuentra en el arco al lado de la pastelería de Santa Lucía. Aquí hay una pequeña inscripción que dice: “Aquí se mató una mujer, rueguen a Dios por ella. Año de 1838”.

Pero por supuesto también hay que rodearla por su parte externa. En el lado del Ayuntamiento destacan cuatro esculturas que representan a la Agricultura, el Comercio, la Industria y la Astronomía. En las fachadas de la plaza destacan sus balcones, regularmente dispuestos, y los más de 60 medallones que hay a cada lado de sus arcos. Cada lado de la plaza sigue una temática, el lado de los petrineros refleja personajes relacionados con la cultura y aristocracia que han tenido relevancia en Salamanca, entre los que están Unamuno, Santa Teresa de Jesús, Cervantes, el duque de Wellington o Julián Sánchez el Charro; el pabellón real muestra miembros de la realeza; el de San Martín, militares y conquistadores como el Cid, Cristóbal  Colón o Hernán Cortes y el del ayuntamiento se reserva para personalidades relevantes y algún miembro de la realeza. Aún quedan más de 20 medallones vacíos que esperan a ser esculpidos.

Seguramente del que más se ha hablado ya no está. Este era el de Franco que fue esculpido en 1937 y quitado en 2017, en cumplimiento con la ley de la memoria histórica. Anteriormente solía aparecer siempre con alguna pintada. Se encontraba en la esquina con la calle Toro. Aunque es el caso más reciente no ha sido el único medallón retirado a lo largo de la historia de esta plaza.

Hay un detalle muy curioso que me contaba mi abuela y que me hace sonreír siempre que lo recuerdo cuando paseo por la plaza. Y es que antiguamente los jóvenes de Salamanca venían aquí a pasear, las chicas la recorrían en un sentido y los chicos en el otro, para así saber quién estaba e ir entablando contacto visual. Hoy en día sigue siendo punto de encuentro. Si en tu visita algún salmantino te dice para quedar debajo del reloj, se refiere al del ayuntamiento.

Salimos de la plaza por la calle del Prior, y enseguida se verá el torreón del castillo de Monterrey. Este es el primer edificio que veremos con muestras de estilo plateresco, un estilo que apareció entre el gótico tardío y el Renacimiento y del cual Salamanca es la ciudad por excelencia.

Este palacio, que pertenece a la Casa Ducal de Alba, fue construido en el S. XVI. Nunca llegó a ser terminado, pues sólo se construyó una de las cuatro alas que se habían planificado. Si ya es imponente ¿cómo lo hubiera sido totalmente acabado?

Antiguamente el palacio no estaba abierto al público. Al pasar por él siempre me preguntaba cómo sería el interior de ese palacio al que de vez en cuando iba la Duquesa de Alba, que era portada de tantas revistas por aquel entonces. Para mi alegría en 2018 se abrió al público. La visita te lleva por las habitaciones del palacio, decoradas con fotos de la familia y se llega hasta la terraza desde donde se tiene muy buenas vistas hacia las iglesias de la Purísima y la Clerecía y las calles Prior y Compañía. La entrada cuesta 7€. También se puede incluir la visita a las cocinas y las salas de servicio. En este caso la entrada cuesta 9,50. Más información aquí. Si este post os está resultando interesante y nos queréis ayudar, podéis comprar las entradas desde aquí.

Tomando la calle Bordadores llegamos a una zona con muchísimo encanto y que no suele estar tan llena de turistas. Nos referimos a la calle de las Úrsulas. En uno de sus extremos se encuentra la estatua de Miguel de Unamuno mirando hacia su casa, la casa del Regidor Ovalle Prieto, donde murió el último día de 1936.

Al lado de esta se encuentra la llamada casa de las Muertes, así conocida por las cuatro calaveras que decoran la bella fachada plateresca y por leyendas relativas a extraños sucesos que ocurrieron en esta, entre ellos un asesinato de cuatro personas en el S. XIX.

La empedrada calle de las Úrsulas, en la cual los árboles allí plantados ofrecen una agradable sombra en verano, estaba llena de conventos. Digo estaba porque ya no queda ninguno. Están ahí, sí, pero vacíos, sin monjas que lo habiten.

El primero es la iglesia de Santa María de los Caballeros, cedida ahora a la comunidad Ortodoxa Rumana. Es curioso entrar para ver la antigua iglesia preparada para las celebraciones ortodoxas. Hasta el 2000 formaba parte del convento de las Adoratrices, hoy abandonado por las religiosas.

El segundo es el que da nombre a la calle y ocupa la mayor parte de esta, el convento de la Anunciación, más conocido como de las Úrsulas. Este convento franciscano femenino fue fundado en el S. XV. El edificio original era de menor tamaño, pero Alonso II de Fonseca, arzobispo de Santiago y sobrino de la fundadora, apoyó su ampliación pues pensaba convertirla en su capilla funeraria. Pero la orden franciscana, conocida por su austeridad, se opuso a la obra. Al final el Arzobispo Fonseca consiguió su objetivo y su imponente sepulcro, hecho en mármol por Diego de Siloé, se encuentra enfrente del altar.

Las últimas monjas que quedaron se fueron en 2018 y ahora es un museo. El edificio está actualmente cerrado por obras de restauración.

Justo al lado se encuentra la iglesia de la Vera Cruz. Al entrar en esta pequeña capilla uno se sorprende por lo barroco de su decoración. Para los que le gusta la Semana Santa, esta es la sede de la hermandad más antigua de Salamanca y en su interior se pueden ver las imágenes de la cofradía. Fue esta quien la mandó construir en el S. XVI. 

Hasta 2018, se encontraba aquí el convento de las Esclavas del Santísimo Sacramento. 

Una curiosidad sobre esta calle es que fue la primera localización de la plaza de toros. Esta se encontraba en lo que fue el jardín del palacio de Monterrey. Se inauguró en 1840 y no duró mucho, poco más de 20 años.

La calle termina en el Campo de San Francisco, el parque más antiguo de la ciudad, donde uno se puede relajar y los más pequeños pueden jugar en sus columpios. Recibe el nombre del antiguo convento de San Francisco el Real, cuya huerta se encontraba aquí.

Enfrente del Parque se encuentra el Colegio del Arzobispo Fonseca. Este fue uno de los cuatro Colegios Mayores de la ciudad y el único que queda. Fue fundado por el arzobispo Alonso III de Fonseca, hijo del que está enterrado en la iglesia de las Úrsulas, en el S. XVI para los estudiantes gallegos. Fue cerrado durante la Reforma Universitaria de Carlos III a finales del S. XVIII. Tras esto se usó de hospital y nuevamente de colegio mayor, pero esta vez ocupado por clérigos irlandeses cuyo colegio había sido destruido durante la ocupación francesa. Es por ello que también se le conoce como el colegio de los irlandeses.

Merece la pena acercarse para visitarlo, pues es una joya del arte renacentista con añadidos platerescos. Al estar fuera del centro no suele estar muy concurrido. En verano se celebran en el claustro conciertos y representaciones teatrales dentro del programa las noches del Fonseca. El claustro bajo y la capilla del Colegio pueden visitarse de 10:00h a 13:30h y de 16:00h a 19:00h, y la colección de relojes de 12:00 a 13:30 y de 17:00 a 19:00. La entrada normal cuesta 2€.

Justo enfrente se encuentra la iglesia de San Blas, que funciona como auditorio desde 1982. Sus orígenes se remontan al S. XIII. Durante la Guerra de la Independencia, se usó como cuartel de las tropas Napoleónicas sufriendo muchos daños. Acabó funcionando como carbonería hasta que se le dio su actual uso.

En la Guerra de la Independencia esta zona fue conocida como el barrio de los Caídos por los muchos destrozos causados. Si se quiere saber más sobre la historia de la ciudad durante este momento histórico y sobre la cantidad de patrimonio que se perdió, se puede reservar aquí un tour por la Salamanca Napoleónica.

Desde aquí se disfruta de unas buenas vistas a la Clerecía.

Bajando por la calle Ramón y Cajal regresamos a la plaza de las Agustinas, donde se encuentra el palacio de Monterrey y el convento e iglesia  de las Agustinas Recoletas, más conocido como de la PurísimaDe la Iglesia llama la atención su bonita cúpula y su gran pórtico. Y a mí desde pequeña siempre me ha sorprendido el tamaño de los  angelotes de la puerta frontal.

El convento y la iglesia fueron mandados construir en el S. XVII por  Don Manuel de Zúñiga y Fonseca, VI Conde de Monterrey. Se dice que el origen de su fundación se debe al deseo del Conde de que una de sus hijas, nacida fuera del matrimonio, procesara en él. Si que es verdad que su hija, Inés de Zúñiga, fue monja en este convento, pero esta leyenda no puede ser cierta puesto que la niña nació cinco años después del comienzo de la construcción. La iglesia es la capilla funeraria del Conde y de su mujer, Leonor María de Guzman, hermana del Conde duque de Olivares, valido de Felipe IV. Sus sepulcros se encuentran a ambos lados del altar.

El convento es de clausura, pero la iglesia es pública y os recomendamos entrar. Del más puro estilo del Renacimiento italiano, el interior sorprende por su elegancia; se nota la mano de los autores italianos que aquí trabajaron. El mármol que se usó para sus elementos decorativos recuerda también a las iglesias italianas. Estos fueron diseñados y cortados en Nápoles, tras lo cual viajaron en barco hasta Cartagena y de allí, en carros tirados por bueyes, llegaron a Salamanca.

Y estoy dejando lo mejor para el final. Nada más entrar en la iglesia, los ojos se dirigen al altar, donde se encuentra el maravilloso retablo hecho en mármol, en cuyo centro destaca el gran lienzo de la Inmaculada de José de Ribera, el Spagnoletto. Este está acompañado por tres cuadros de pintores italianos y un cuarto que ha sido atribuido al pintor flamenco Rubens. Este es el de San Agustín, que se encuentra en la parte inferior derecha. La pintura de La Piedad en la parte superior también es de Ribera. Además, en los laterales de la iglesia hay dos cuadros más de este pintor, San Jenaro y San Agustín.

Algo curioso sobre esta iglesia, es que el cuadro de la Inmaculada y el altar fueron diseñados antes que el edificio, por lo que se puede decir que la Purísima es una iglesia pensada para alojar este cuadro.

La visita es gratuita, aunque si se quiere ver la iglesia desde otra perspectiva, se puede subir al coro por 1,5€ o pagar 3€ y visitar también la cripta. Esta última visita la tenemos pendiente.

Desde aquí cogemos la calle de la Compañía, una de las más bonitas de Salamanca, en nuestra opinión. El nombre le viene de la orden religiosa que se encontraba en esta calle, la Compañía de Jesús o Jesuitas.

Desde la plaza de las Agustinas, antes de comenzar a recorrerla, se tiene una espectacular vista de la calle, con el colegio del Espíritu Santo y sus múltiples ventanas y las torres de La Clerecía al fondo. También en la otra dirección tiene unas bonitas vistas, pues en el otro extremo de la calle se encuentra el palacio de Monterrey

Y aunque esta calle no sea muy larga, está llena de bellos edificios.

El primero que nos encontramos es el convento de la Madre de Dios que se encuentra en la plaza de San Benito. En esta destacan dos casas-palacios con bonitas fachadas, la de Francisco de Solís y la de Diego Maldonado. Y justo en el centro de la plaza se encuentra la Iglesia de San Benito. Esta iglesia de estilo gótico sustituyó a un templo románico del S. XII. En la actual iglesia destaca la fachada plateresca, protegida por un tejado, donde se puede ver una bella Anunciación.

La parroquia de San Benito fue protagonista de la llamada Guerra de los Bandos, que ocurrió en Salamanca durante el S. XV, y que hizo tambalear la vida en la ciudad. Los dos bandos enfrentados estaban liderados por familias de la nobleza que luchaban por el poder. Estos fueron conocidos como los Benitinos, que se agrupaban en torno a la parroquia de San Benito y los Tomesinas alrededor de la de Santo Tomé (iglesia que se encontraba en la actual plaza de los bandos pero que ya no existe). Este conflicto acabó gracias a la participación de un fraile agustino, San Juan de Sahagún, actual patrón de Salamanca, que logró traer la Paz a la ciudad. Este periodo violento puede todavía recordarse en muchos puntos de la ciudad.

Y llegamos al final de la calle, la parte más sorprendente de la Compañía, donde se enfrentan dos edificios de gran belleza, la Casa de las conchas y la iglesia del Espíritu Santo, más conocida como la Clerecía. Seguro que al llegar aquí las miradas se dirigen hacia arriba para poder ver el final de las torres de la Iglesia.

Y antes de empezar a explicar la historia de estos dos edificios, contaremos algo de la cultura popular. Y es que a este tramo se le conoce como la calle o esquina de los tres coños. La razón es porque al llegar a este punto uno exclama, !coño que bonito!, y al mirar arriba dice, !coño que alto!. El tercero viene al sentir el aire gélido que suele soplar por esta zona, !coño que frio!. Hay otra versión que decía, !coño cuantos curas! al encontrarse aquí el seminario diocesano.

Casa de las conchas

El por qué se llama así, se entiende al verlo. Y es que la fachada está decorada con más de 300 de estos moluscos. De todas formas no hay que quedarse solo en las conchas. Este emblemático edificio, mezcla de estilos gótico, mudéjar y renacentista, tiene una fachada preciosa, donde destacan también la asimetría de sus ventanas góticas, los escudos nobiliarios, las rejas que protegen las ventanas y la decoración de su puerta de entrada. Una buena manera de observar todos sus detalles es sentarse en las escaleras de la Iglesia de la Clerecía. Estamos seguros de que habrá más gente sentada.

Este palacio urbano, construido a finales del S. XV-principios del XVI, fue un encargo de Don Rodrigo Maldonado de Talavera, catedrático de la Universidad y regidor de la ciudad. Debido a su muerte, fue terminado por su hijo, que se casó con Juana de Pimentel, dama de la Reina Isabel la Católica (este es un dato importante para el porqué de las conchas). Y si a día de hoy ya llama la atención, debió de llamarla aún más en sus orígenes, pues tenía dos torres. Pero por motivos estructurales, en el S. XVIII una tuvo que ser derruida y la que actualmente se conserva tuvo que ser  rebajada de altura.

A lo largo de los años ha tenido diferentes usos. Así, ha servido de cuartel y  colegio y los sótanos llegaron a ser cárcel de la Universidad. A día de hoy es una biblioteca pública. 

No hay que olvidarse de entrar en su interior, cosa que se puede hacer de manera gratuita. Dentro llama la atención su bello patio con arcos mixtilíneos, muy típicos en Salamanca, su bella escalera, sus múltiples detalles y las bonitas vistas de las torres de la Clerecía enmarcadas por gárgolas que se obtienen desde el piso superior.

Lo que todo el mundo se pregunta al ver este palacio es porqué está decorado con conchas. Sobre este tema hay varias teorías, una de las cuales dice que por pertenecer Rodrigo Maldonado a la Orden de Santiago; otra, más plausible y romántica, que por ser el símbolo nobiliario de la familia Pimentel, a la cual pertenecía la mujer de su hijo.

Además, hay también varias leyendas en torno a esta casa. Se dice que debajo de una de las conchas hay escondida una moneda de oro. Otra, más interesante todavía, dice que bajo una concha están escondidas las joyas de la familia. Además, debe de haber un documento en el que se da el valor de estas. Si alguien quiere buscarlas tiene que abonar una fianza igual a esta cantidad. Sólo si se encuentran las joyas se devuelve el dinero. ¿Alguien se atreve?

Y en la última historia entra en juego la Clerecía, que se construyó después que la casa de las conchas. Los jesuitas intentaron comprarla, pues estorbaba a la hora de disfrutar de las vistas de su iglesia. Pero ninguno de sus dueños quiso venderla, por ello, según se dice, los clérigos ofrecieron una moneda de oro por cada concha de la fachada. Pero ni con esas consiguieron la propiedad.

Hablemos ahora de la Clerecía

Esta se llama Real Colegio del Espíritu Santo y hay que diferenciar los edificios del colegio y de la iglesia. El complejo se comenzó a construir a comienzos del S. XVII por orden de Margarita de Austria, esposa de Felipe III, como principal centro de formación de los jesuitas. La obra duró más de 100 años, finalizándose a mediados del S. XVIII.

Tras la expulsión de los jesuitas del país, por orden de Carlos III, pasó a pertenecer a la Real Clerecía de San Marcos, de donde le viene el nombre por el cual se le conoce. Más tarde, se instaló aquí un seminario y en 1940 se creó la Universidad Pontificia de Salamanca, que tiene como sede la Clerecía.

La iglesia de estilo barroco presenta las torres que habían sido proyectadas para la plaza mayor pero que nunca llegaron a  construirse. 

Si mirando la fachada uno se fija en la escultura que se encuentra sobre la puerta del cuerpo central y en la inscripción que hay debajo de ella, igual piensa que ve borroso. Pero no, la imagen representa a San Ignacio de Loyola y la  inscripción decía algo así como que los reyes Margarita de Austria y Felipe III daban esta casa a la Compañía de Jesús. Al ser expulsados por el rey Carlos III, este recuerdo de la Orden tenía que ser borrado. No se encontró una mejor manera  que escribir otra frase encima ,lo que da a la actual placa un aspecto algo extraño.

En la Iglesia de la Clerecía ya no hay culto, salvo momentos especiales, y la verdad es que últimamente la solemos encontrar cerrada. Pero si se tiene la posibilidad de entrar, no hay que dejarla pasar. Además de su interior en estilo barroco, en ella puede verse una bellísima imagen religiosa, la de Jesús Flagelado de Luis Salvador Carmona, un grandísimo escultor del S. XVIII.

Se puede subir a las torres de la Clerecía dentro de la visita Scala Coeli, escalera al cielo. La Iglesia se encuentra en el punto más alto de la ciudad, y las vistas que se obtienen desde lo alto son increíbles.

A las torres se sube a través de escaleras. Durante la subida se puede echar un vistazo al interior de la iglesia, con su retablo dorado de estilo barroco con grandes columnas salomónicas decoradas con uvas. Además, hay una pequeña exposición sobre la historia de la iglesia y su construcción. Desde arriba se ve todo el centro de Salamanca y se tiene una bonita perspectiva del patio barroco del colegio de la Clerecía.

Scala Coeli abre todos los días, de 10:00 a 18:00 durante los meses de invierno y el resto hasta las 20:00. La entrada cuesta 3,75€ pero se puede comprar una entrada conjunta por 6€ para visitar también Vita Ignati, vida de Ignacio. En esta, se ven una serie de cuadros que narran la vida de San Ignacio de Loyola, fundador de la Orden. Entre ellos, hay dibujos de Rubens. Dentro del Colegio destaca además, el aula magna, la escalera y el patio barroco.

Antes de seguir la ruta, nos tomaremos un descanso para disfrutar de las espectaculares vistas de estos dos edificios desde la fuente del maestro Salinas, organista y catedrático de música de la Universidad del S. XVI.

Seguro que habrá mucho jaleo, pues la calle donde se encuentra, la de la Rua, es una de las principales del casco histórico. Esta une la plaza mayor con las catedrales y la universidad, constituyendo la arteria estudiantil más famosa de la ciudad. Aquí ha habido siempre mucho negocio. En la actualidad, las tiendas antiguas han sido reemplazadas por locales que venden mayoritariamente bocadillos de jamón, hornazo y otros manjares de esta tierra, además de tiendas  de regalos con los típicos souvenirs.

En la Rua, muy cerca de la plaza, hay una pastelería de toda la vida, La Industrial, donde uno puede probar los dulces típicos de Salamanca.

Podríamos continuar por la Rua para llegar a la catedral Nueva, pero vamos a tomar un camino un poco más largo. Este nos permitirá descubrir el edificio más famoso y que más prestigio ha dado a la ciudad, su Universidad.

Para ello nos dirigiremos a la calle Libreros pasando por la iglesia de san Isidoro, hoy en día aulario de la Universidad. A mitad de la calle, estamos convencidos, de que el visitante se va a llevar una grata sorpresa al ver la fachada plateresca de la Universidad, donde poco espacio queda sin estar decorado. Además, la sorpresa será grande, pues uno no se espera encontrar esa maravilla hasta que de repente lo tiene enfrente de sus narices. Antes que la fachada seguro que se verá al gran número de personas que, paradas frente a la universidad, miran para arriba y cuchichean, está ahí, no ahí… buscando el animal más famoso de Salamanca, la rana de la Universidad.

Esta es la universidad en activo más antigua de España y la tercera de Europa. Sus orígenes se remontan a principios del S. XII, cuando se fundan las Escuelas Catedralicias. En 1218, Alfonso IX de León crea las scholas Salamanticae y en 1254, por la Real Cédula de Álfonso X el Sabio, obtienen el título de Universidad. Con la bula papal de Alejandro VI en 1255, los grados conseguidos aquí pasan a ser universalmente válidos. En sus orígenes se centró en los estudios jurídicos y se impartían asignaturas de Derecho, Medicina, Lógica, Gramática y Música.

La Universidad de Salamanca disfrutó de gran prestigio nacional. Así, hasta el S. XVII era la más afamada de España. Esto fue en parte gracias al descubrimiento de América y al apoyo de los Reyes Católicos. Durante esta época asistieron a la Universidad algunas de las que, probablemente, fueron las primeras estudiantes universitarias del mundo, Beatriz Galindo y Luísa de Medrano, que fue la primera mujer que dio clases en una Universidad. Sin embargo, esta pierde poder en el S. XIX, reduciendo su número de facultades y perdiendo poder en favor de la Universidad de Madrid.

Al principio, y hasta el S. XV, las clases se daban en el claustro de la Catedral Vieja, así como en alguna iglesia o en alguna casa alquilada para ello. Hasta que se construyeron edificios propios. 

El más conocido es el de las Escuelas Mayores con su imponente fachada plateresca. Este edificio fue mandado construir por el Papa Benedicto XIII, más conocido como Papa Luna, en 1411, finalizándose en 1533. En su interior, alrededor de un claustro central, se disponen las diferentes aulas, entre las que destacan el Paraninfo, la Biblioteca antigua y la Capilla, en la que se encuentran los restos de Fray Luis de León. Así como las diferentes habitaciones donde han impartido clase personajes tan célebres como Miguel de Unamuno, Fray Luis de León o Francisco de Vitoria. Además, no se puede dejar de admirar la escalera renacentista que lleva al patio superior. En el centro del claustro hay una sequoia roja.

En estas aulas, según la tradición popular, Fray Luis de León comenzó su primera clase tras su tiempo en prisión con el famoso: Como decíamos ayer.

Las Escuelas Mayores se encuentran en el patio de Escuelas, donde hay más edificios de la Universidad, estos son las Escuelas Menores y el Hospital del Estudio.

Las Escuelas Menores se llaman así porque aquí se impartían las clases para obtener el título menor de los estudios universitarios, el de bachiller. Se comenzó a construir en el S. XV y actualmente aloja dependencias de la Universidad. En una de sus aulas se puede visitar el Cielo de Salamanca, una obra pictórica del S. XV con temas astronómicos y astrológicos de Fernando Gallego. Este decoraba originalmente el techo de la antigua biblioteca de la Universidad. Permaneció oculto bajo una bóveda y fue descubierto en el S. XX. Sólo una tercera parte de él ha sobrevivido, pues el techo debió de derrumbarse en algún momento.

El Hospital del Estudio, del S. XV, ofrecía alojamiento a estudiantes con poco dinero. Más tarde actuó de hospital y se impartieron aquí clases de medicina. Hoy es sede del Rectorado.

Precios y horarios para visitar los diferentes monumentos del Patio de Escuelas, aquí.

Las Escuelas Mayores se encuentran en el patio de Escuelas, pero en el momento de su construcción este no existía, sino que se encontraba en una calle estrecha. Este es el motivo por el que se construyó para ser vista de cerca

Se puede estar horas observando la fachada del S. XVI. Y no nos referimos al tiempo que se tarda en encontrar la rana, no. Uno no debe quedarse sólo con buscar al famoso animal, aunque se sea estudiante y se crea la leyenda que dice que si se encuentra, uno tendrá éxito en sus estudios. La fachada tiene mucha más para ofrecer, ya lo decía Unamuno «Lo malo no es que vean la rana, sino que no vean más que la rana».

La fachada está dividida en tres calles, en la superior se ve a un papa conversando con cardenales y dos medallones de Venus y Hércules; en la central se representa al emperador Carlos V, rey en el momento de la construcción, además de un gran escudo central donde se representan los reinos de España de entonces; y en la inferior se encuentra el medallón de los Reyes Católicos sosteniendo el cetro real.

Y llegamos a la rana, este pequeño batracio se encuentra apoyado sobre un cráneo en la parte izquierda de la fachada. Hay varias suposiciones sobre su significado. Desde que es el sello del cantero; pasando por  una representación de los pecados, puesto que la rana representa la lujuria, y sería un toque de atención para los estudiantes para que la evitaran y se dedicasen al estudio, y así prevenir enfermedades y la muerte; hasta la opinión del catedrático Benjamín García-Hernández que dice sería una burla a la Inquisición. Así representaría al hijo de los Reyes Católicos, el príncipe Juan, muerto en Salamanca con unos 20 años. La rana vendría a decir que la Resurrección llegará cuando las ranas críen pelo.

En el centro de la plaza se encuentra la estatua de Fray Luís de León, alumno y profesor de esta Universidad. A un lado, se encuentra el Hospital del Estudio con su hermosa crestería. Y es justamente en esta, donde se encuentra un detalle bastante curioso. Si ya has observado por un rato la fachada de la universidad y has encontrado a la rana, puedes girarte a la derecha para buscar otro de esos detalles que aportan diversión a la visita de una ciudad. Y es que entre sus múltiples figuras se encuentra un hombre con gafas que, ajeno al bullicio de la plaza, se dedica a darse placer. El susodicho se encuentra cerca de la entrada a las Escuelas Menores.

Justo al lado del Hospital se encuentran las Escuelas Menores, a cuyo patio se entra por la puerta situada en una de las esquinas de la plaza. Aquí, además de visitar el Cielo de Salamanca, disfrutaremos de sus bellos arcos mixtilineos. 

Al salir de las Escuelas Menores, se tiene una bonita perspectiva del Patio de Escuelas. 

Retomamos la ruta continuando por Libreros. Al lado de las escuelas mayores se encuentra la Casa Rectoral que acoge la Casa-museo de Miguel Unamuno. Aquí vivió durante su etapa como rector de la universidad y escribió algunas de sus obras.

Girando por la calle Calderón de la Barca tendremos ante nosotros la fachada principal de la Catedral Nueva, otra joya del plateresco, y la torre del Reloj.

Justo aquí se encuentra el vítor de Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática española y estudiante y docente de la universidad. El vítor es un símbolo que conmemora a los estudiantes que obtienen el título de doctor. En Salamanca se pueden encontrar en muchas de las fachadas de la ciudad pintados en color rojo. Antiguamente, si el estudiante lograba el título de doctor, daba una fiesta de toros y con la sangre del ganado, mezclada con algunos pigmentos, se pintaba el vítor en los muros universitarios, como señal de victoria. 

Salamanca tiene dos catedrales, porque la vieja se quedó pequeña debido al crecimiento de la ciudad, especialmente gracias al auge de la Universidad.

La Catedral Vieja, Santa María de la Sede, es de estilo románico, aunque durante la construcción se fueron añadiendo elementos de transición al gótico. Su construcción se llevó a cabo entre los S. XII y XIII y fue promovida por el primer obispo de Salamanca tras la Reconquista, Jeronimo de Perigueux. En sus orígenes tenía carácter defensivo aunque ha ido perdiendo estos elementos. Aún se pueden ver muros almenados desde la calle de Tentenecio y la plaza Juan XXIII.

La fachada principal estaba originalmente flanqueada por dos torres. Una quedó debajo de la torre de la catedral nueva, y la otra, inacabada, es la torre mocha. Su parte más destacable es el cimborrio del S. XII, conocido como la Torre del Gallo por su veleta. Este pertenece al grupo de cúpulas del Duero (Zamora, Salamanca, Toro y Plasencia).

Su interior es muy interesante. En él destaca el retablo mayor, compuesto por 53 tablas sobre la vida de la Virgen María y Jesús. Estas fueron pintadas en el S. XV por varios artistas italianos, entre ellos Nicolás Florentino, que también pintó el fresco del Juicio Final que lo corona. En el retablo se encuentra la talla de la Virgen de la Vega, patrona de Salamanca. En la capilla de San Martín o del aceite se pueden ver pinturas murales, algunas del S. XIII.

En su claustro se encuentra el origen de la Universidad de Salamanca. Este sufrió bastantes daños durante el terrible terremoto de Lisboa de 1755 y tuvo que ser reconstruido. Alrededor de él se disponen varias capillas entre las que destacan, la capilla de Talavera, que es la más antigua y tiene influencia islámica. Aquí se mantiene el rito mozárabe durante las celebraciones; la de Santa Bárbara, donde antiguamente se realizaban los exámenes finales de la Universidad. El estudiante que iba a examinarse de grado o de doctorado, pasaba encerrado la noche anterior en este capilla. A la mañana siguiente llegaban los profesores y se llevaba a cabo la discusión del trabajo. Si aprobaba, salía por la puerta principal donde le esperaban sus compañeros para celebrarlo. Si no, salía por la puerta conocida como la de los carros. Tras la restauración de esta capilla, en el año 2020, salió a la luz, tras el retablo gótico, otro más antiguo. Ahora pueden verse los dos gracias a una estructura móvil; la capilla de los Anaya, donde se encuentra el sepulcro en alabastro de Diego de Anaya y otros de esta familia, así como uno de los órganos más antiguos de Europa.

La Catedral Vieja se encuentra adosada a la Catedral Nueva, de Nuestra Señora de la Asunción. Esta se construyó entre 1513 y 1733, en un principio con apoyo de los Reyes Católicos. La idea era derruir la Vieja, pero se mantuvo abierta durante las obras para disponer de un templo, y como estas duraron tanto tiempo, al final se cambió de opinión. 

La Catedral Nueva es de estilo gótico, aunque presenta elementos barrocos por el número de años en que tardó en construirse. Además, algunos de los aspectos de la Catedral, no eran como los que vemos hoy en día. Y es que el terremoto de Lisboa produjo daños en su estructura. En especial en la torre del reloj, que a día de hoy tiene un aspecto bastante sencillo y presenta desde entonces algo de inclinación. Originalmente, esta era más esbelta, pero tuvo que reforzarse con cadenas y revestirse en piedra para evitar su desplome. El terremoto también hizo que se dañara el cimborrio barroco que se había construido y que tuvo que ser reemplazado por la cúpula actual. Todos los 31 de Octubre, día del Terremoto, el Mariquelo, originalmente un miembro de la familia de los campaneros catedralicios, sube a la torre para recordar aquel día en el que el primer Mariquelo subió para agradecer a Dios que el terremoto no causara muertes ni grandes daños tocando las campanas. Además, se controlaba a la vez que la inclinación de la torre no fuera a más. Aunque ya no quedan auténticos Mariquelos, esta tradición continúa.

En el interior de la Catedral Nueva destaca el coro, que es una maravilla y donde uno puede pasarse horas admirando todos sus detalles y la capilla lateral de Todos los Santos o Capilla Dorada. Esta está decorada con un gran número de estatuas del Antiguo y Nuevo Testamento. Llama la atención la figura de la Muerte colocada en un pequeño nicho.

En su interior hay, además, obras importantes de Luis Salvador Carmona, Mariano Benlliure, Luis de Morales o La Roldana. Además, alberga la imagen románica del Cristo de las Batallas. Este era llevado por Jerónimo de Periqueux, capellán del Cid Campeador, cuando le acompañaba en las batallas. Fue traído a la ciudad por este,  al ser nombrado  primer Obispo de Salamanca tras la Reconquista.

En la Catedral Nueva puede sorprender la falta de retablo, pues el proyecto que se quería, un tabernáculo en mármol, excedía el presupuesto.

Las dos puertas más bellas de la Catedral Nueva son la de Ramos y la Fachada Principal. De estas, la más impresionante por lo recargado de su decoración, es la segunda. Aquí un Calvario, San Pedro, San Pablo, medallones, la Epifanía, el Nacimiento, escudos, figuras… harán que uno se pase un rato mirando para arriba. 

La visita a las catedrales es conjunta. Aquí pueden consultarse los horarios y precios de la visita. 

Yo siempre había pensado que la entrada principal era la de Ramos y no entendía porque la puerta más trabajada se encontraba en un lateral. Pero hace poco descubrí que mi confusión venía del hecho de que la Plaza de Anaya, la que se abre justo enfrente de la Catedral Nueva nada más acabar la Calle de la Rua, se había construido más tarde. Esta Plaza fue orden del Gobernador de la ciudad durante la Ocupación francesa en 1811. Para ello se derribaron las casas que se encontraban entre la catedral y el actual palacio de Anaya. Es por esto que hoy en día la imagen más famosa de la Catedral Nueva sea su lado Norte. Además, se ha hecho aún más famoso tras la incorporación de ciertos detalles contemporáneos a la Puerta de Ramos tras la Restauración de 1993. Me refiero al ya famoso astronauta de Salamanca. Acompañando a este se encuentran un toro, un lince y un dragón con un helado. Al otro lado se pueden ver una cigüeña, una liebre y un cangrejo de río que representan respectivamente cielo, tierra y agua de Salamanca, o bien una representación de la fauna de esta tierra.

En la Plaza de Anaya se encuentra el Palacio de Anaya, de estilo neoclásico. Antiguamente este era el Colegio Mayor de San Bartolomé. Fundado en 1401 por Don Diego de Anaya y Maldonado, fue el primer Colegio Mayor de España. Resultó muy dañado durante el terremoto de Lisboa y tuvo que ser reconstruido. Usado también como Gobierno Civil, en la actualidad aloja la Facultad de Filología.  A un lado se encuentra la Iglesia de San Sebastián, antigua iglesia del colegio. Y al otro la Hospedería del mismo, construida a comienzos del S. XVIII. Aquí se alojaban los estudiantes menos pudientes que se pagaban los estudios sirviendo a los estudiantes más ricos alojados en el Colegio Mayor. En la actualidad aloja el aulario de la Facultad de Filología. Desde su patio se obtiene una bonita vista de la Catedral Nueva. Aquí se encontraban también las antiguas Caballerizas convertidas hoy en la cafetería de la Facultad.

Además de admirar el exterior de las catedrales y visitar su interior, también se puede subir arriba dentro de la exposición Ieronimus. En esta, pasando por la torre de las Campanas y la Torre Mocha, se llega al tejado, desde donde se tiene muy buenas vistas sobre la ciudad. En el recorrido se visitan varias salas con información sobre los edificios. Además se puede ver el interior de la Catedral Vieja y su bello retablo y pasear por las pasarelas superiores de la Catedral Nueva, desde donde se tiene una perspectiva diferente del interior de la iglesia.

La visita se puede hacer durante el día o a la noche. Nosotros sólo la hemos visitado de día, pero igual dentro de poco subimos para ver la ciudad iluminada. Más información aquí.

Si tuviéramos que decidirnos entre subir a la Clerecía o a las catedrales, diríamos que para nosotros las vistas son algo mejores desde la Clerecía pero que el conjunto de vistas más visita de la Catedral es más completo.

Tomaremos ahora la Calle Tentenecio. El nombre hace referencia a uno de los milagros asignados a San Juan de Sahagún, según el cual el fraile se encontró en esta calle con un toro que corría salvajemente tras haberse escapado. A la voz de, Tente necio, el toro se paró.

Giraremos por la calle Gibraltar, justo donde se encuentra el archivo general de la guerra civil, para descubrir tres rincones de Salamanca que a nosotros nos encantan.

El primero es la Casa Lis, un palacio modernista del S. XIX situado sobre las murallas de la ciudad. Este aloja el Museo de Art Nouveau y Art Decó. Recomendamos su visita, especialmente si os gusta este estilo. La colección permanente es muy interesante, desde pinturas, muebles, esculturas, elementos decorativos en vidrio, hasta muñecas y juguetes antiguos. Acoge también exposiciones temporales, la última que vimos trataba sobre Dalí y la Divina Comedia. Pero además el edificio en sí es ya una maravilla, con su techo acristalado de colores y su también acristalada galería con vistas a la ribera del río. Tiene una cafetería decorada en estilo modernista con una terraza muy especial. Si se decide no entrar se puede admirar su fachada desde el puente romano.

Aquí se pueden ver los horarios y tarifas. Los jueves de 11:00 a 14:00 la visita es gratuita. 

También se puede visitar la casa Lis dentro de una visita guiada que incluye la visita al convento de San Esteban. Para ver más información, aquí.

El segundo es el patio Chico. Desde esta tranquila plaza se puede ver perfectamente el conjunto arquitectónico de las dos catedrales. Aquí se puede admirar un rincón maravillosamente armónico constituido por una mezcla de estilos:  el ábside románico de la catedral Vieja, la bizantina torre del gallo, la estructura gótica de la catedral Nueva, la plateresca fachada sur del crucero de esta, su cúpula barroca y el edificio renacentista adosado a la misma, que aloja la sacristía catedralicia. 

El tercero es el huerto de Calixto y Melibea que se encuentra justo al lado del Patio Chico, rodeado por las antiguas murallas de Salamanca. Recibe este nombre pues se cree que es el lugar de encuentro de los protagonistas de la tragicomedia de la Celestina, de Fernando de Rojas, que fue estudiante de la Universidad. 

Este agradable rincón tiene un aire romántico con el pozo donde se cuelgan los ya típicos candados del amor que no pueden faltar en ninguna ciudad. Además desde aquí hay vistas a las catedrales y a la rivera del Tormes. 

De vuelta a la Calle Tentenecio nos dirigimos al Puente Romano, otro de los monumentos emblemáticos de la ciudad. Antes de entrar en él dos esculturas merecen nuestra atención. 

Una es el monumento al Lazarillo de TormesLázaro, protagonista de esta famosa novela de autor desconocido, habría nacido en Salamanca y en compañía del ciego habría estado en este lado del puente romano, donde ambos se habrían parado frente a la segunda estatua de la que queremos hablar, el verraco de piedra. Aquí Lázaro habría recibido un cabezazo contra el animal y aprendido la siguiente lección “Necio, aprende, que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo”.

El verraco es la estatua más antigua de Salamanca, del tiempo en que los vettones, alrededor del IV a.C, ocupaban esta tierra. Ha pasado por muchas vicisitudes así, en el S. XIX, fue arrojada al río pues el gobernador de entonces creía que habían sido colocadas por Carlos I como afrenta. Tras un tiempo en el agua y roto en tres pedazos fue rescatado. Su función original se desconoce, igual delimitaba áreas, protegía al ganado o era un símbolo totémico. Sea como fuere, forma parte del escudo de Salamanca apareciendo en él sobre el puente romano.

Cruzamos el puente para  disfrutar de las vistas de la ciudad desde el otro lado.

El puente romano fue construido por Trajano alrededor del S. I d.C, aunque ha sufrido muchas restauraciones a lo largo de los años, y a día de hoy sólo la parte más cercana a la ciudad es de origen romano. De los 26 arcos sólo los 15 primeros datan de esta época. Su construcción vino de la necesidad de crear un paso al río Tormes, que se encontraba en la importante Vía de la Plata que unía Merida con Astorga. El puente ha sufrido muchas crecidas del río, la que más le dañó, tanto a él como a la ciudad, fue la de San Policarpo en el año 1626.

Y aquí recomendamos, pero depende del tiempo que se le dedique a la visita a la ciudad, pasear por la otra orilla para disfrutar de las vistas de la ciudad sobre el río Tormes. Si no se tiene tiempo suficiente, se puede volver por el puente romano y seguir con la visita a la ciudad.

Si se ha decidido hacer el camino más largo, se volvería al centro cruzando el puente Enrique Esteban. De aquí se puede ir recto hasta los restos de la antigua muralla, junto a las ruinas de la Iglesia de San Polo o desviarse para pasar por el museo de la Automoción, desde donde se tienen muy buenas vistas de la balconada del palacio modernista de la Casa Lis, y de ahí dirigirse ya a los restos de la Antigua muralla.

Al llegar a la Cuesta de Carvajal, nos encontramos con un par de curiosidades. Una es la Cueva de Salamanca donde, según la leyenda, impartía clases el Diablo. Esta se corresponde a la cripta de una iglesia desaparecida, la de San Cebrián. La cueva ha pasado a la literatura gracias a varios autores, entre ellos Miguel de Cervantes, que trata esta leyenda en su entremés, La Cueva de Salamanca.

Si se quiere conocer un poco mejor la historia de Salamanca y su unión con la literatura española, se puede reservar aquí este tour literario.

Enfrente se encuentra un pequeño museo gratuito, Salmantica Sedes Antiqua Castrorum, donde se muestran los restos más antiguos de la muralla, fechados en el S. IV a.C. Aquí se puede aprender sobre las fortificaciones de Salamanca, puesto que a lo largo de la historia esta ciudad ha tenido cuatro murallas.

Y de aquí nos dirigimos al Convento dominico de San Esteban, otro edificio con mucha historia a sus espaldas y otra joya plateresca.

Los dominicos llegaron a Salamanca a mediados del S. XIII. La actual iglesia y convento se construyeron durante los S. XVI y XVII. De estilo plateresco, mezcla también otros, propios de su periodo de construcción, tales como gótico y barroco.

Este convento jugó un papel importante en el descubrimiento de América. Cristobal Colón se alojó aquí, en el antiguo edificio, en sus viajes a Salamanca, donde se reunía con Fray Diego de Deza, prior del convento y confesor de Isabel la Católica. Este quería que el dominico le ayudara a convencer a la reina para que financiase su viaje. Colón también pasó por la Universidad, donde defendió sus ideas frente a los geógrafos.

Por aquí han pasado importantes dominicos que fundaron la Escuela de Salamanca. Uno de sus fundadores, Francisco de Vitoria, es considerado el padre del derecho internacional moderno y el principal defensor de los derechos humanos de los indios americanos.

En el centro de la fachada plateresca se encuentra el martirio de San Esteban y, en una de las piedras, está escrita la fecha de finalización. Su interior es muy bello, con un retablo totalmente barroco. La parte más interesante, por su historia, es el claustro y los Capítulos, donde se reunían los domínicos a discutir temas de la Orden.

A la visita se entra desde el convento, que se encuentra debajo del pórtico al lado de la iglesia. Información de la visita, aquí

Situados en el atrio de la Iglesia, de espaldas a la fachada, tendremos, frente de nosotros, además de unas bonitas vistas a la catedral nueva, el convento de Santa María, más conocido como el de las Dueñas

Este convento femenino de la orden dominicana es bastante amplio, pues cubre todo un lado de la plaza del Concilio de Trento. Pero aunque el edificio pase algo desapercibido por su gran sobriedad, en su interior se esconde una auténtica joya. Justo al lado de la fachada plateresca de la iglesia hay una pequeña puerta que da paso a un jardincillo y al fondo se encuentra la entrada al convento de clausura. Aquí está el torno, donde se pueden comprar algunos de los dulces que hacen las monjas que están muy buenos. Y justo al lado está la taquilla para visitar su maravilloso claustro. La entrada cuesta sólo 1 euro. El horario es de lunes a sábado de 10:30 a 12:45 y de 16:30 a 19:00.

El convento se fundó, a principios del S. XV, por Doña Juana Rodríguez Maldonado en su palacio mudéjar del S. XIV. De ahí que se puedan ver todavía restos mudéjares en el convento. Su deseo era fundar un lugar donde pudieran retirarse las nobles señoras, de ahí su sobrenombre de las Dueñas.

El claustro, la parte más bella de este, se construyó en el S. XVI. Su curiosa forma de pentágono irregular se debe a que tuvo que amoldarse a la estructura del palacio. No sabemos dónde decir que hay que centrar la atención, si en sus maravillosos medallones o en sus increíbles capiteles, donde el escultor vertió toda su imaginación y fantasía. Aquí dejamos unas fotografías del claustro para que cada uno juzgue por sí mismo, 

Y vamos llegando al final de nuestro recorrido, aunque todavía queda alguna maravilla antes de llegar de nuevo a la cercana plaza Mayor, punto de inicio y final de esta ruta.

Del convento de las Dueñas nos dirigimos a la plaza de Colon, en cuyo centro se encuentra la estatua del Navegante. Un dicho popular en la ciudad es ¿A dónde apunta Colón? A la calle pan y carbón.

Alrededor de esta plaza hay varios edificios interesantes, como la iglesia de San Pablo, la torre de los Anaya, que alberga una sala de exposiciones, el palacio de Orellana y la bonita torre del Clavero con su característica forma octogonal del S. XV.

Continuando por la calle San Pablo, llegamos enseguida al palacio de la Salina o de Fonseca, que si se encuentra abierto merece la pena entrar para admirar su bonito patio. De no ser así, puede uno observar los bonitos medallones que decoran su fachada y el patio desde las rejas. Este palacio plateresco del S. XVI se conoce como el de la Salina pues aquí se almacenaba la sal hasta finales del S. XIX. Actualmente es la sede de la Diputación provincial.

Existe una leyenda referente a este edificio, que está ligada al arzobispo Alonso de Fonseca, el fundador del colegio Fonseca, y a su amante gallega, Juana Pimentel, La Salina. En una visita del Arzobispo a la ciudad, en compañía de su amante, las familias de noble apellido no quisieron darle cobijo. Se dice que, enfadado, mandó construir el palacio de La Salina, mandando decorar el patio con figuras monstruosas que representaban a los nobles de Salamanca. Pero esta historia no es cierta, pues el arzobispo murió unos años antes de la edificación del palacio, y el dueño, aunque Fonseca, no era este.

Si le interesan a uno las leyendas sobre la ciudad de Salamanca, se puede reservar aquí un tour gratuito sobre este tema.

Y llegamos de nuevo a la plaza Mayor, al lugar donde se encuentra el monumento a Alberto de Churriguera, arquitecto de la Plaza Mayor, y al Conde Francos.

Justo al lado se encuentra la Iglesia románica de San Martín. Parte de esta se encuentra escondida detrás de varias casas y una parte de la iglesia se puede ver en el interior del bar las tapas de Gonzalo. Quizá por esto pase un poco desapercibida, pero merece la pena visitarla.

La iglesia fue construida a principios del S. XII, pero ha sufrido muchas reformas desde entonces. En sus orígenes tenía tres entradas románicas. A día de hoy sólo queda una de ellas, la que da a la plaza Mayor. La puerta renacentista que da a la calle de la Rúa, cubre una antigua entrada que puede verse al atravesar esta. La tercera entrada ya no existe, pues se construyó sobre ella una capilla.

Parte de la iglesia puede visitarse de manera gratuita entrando por la calle de la Rúa. En esta zona destacan unos bellos sepulcros góticos. Además, también se puede visitar un pequeño museo, que cuesta 1,5 €, al que se entra por la bella fachada románica que da a la plaza Mayor. En este se ven los restos de la tercera entrada románica en piedra, aun con restos de policromía, y se aprende sobre la larga historia de este templo, que ha sufrido de problemas estructurales, de un incendio en el S. XIX, y que estuvo situado en el centro de la inmensa plaza del mercado considerada como la más grande de la cristiandad y a la cual dio nombre, la plaza de San Martín.

Y llegamos al final del recorrido. Por supuesto que quedan más cosas por hacer en esta bonita ciudad. Si se dispone de más tiempo en Salamanca aquí dejamos algunas ideas para rellenarlo.

Acercarse al mercado de abastosSe encuentra justo al lado de la plaza Mayor. Aquí se puede comprar el famoso embutido y ver sus coloridas ventanas. En una de sus entradas llama la atención la figura de una turronera de la Alberca, uno de los pueblos más bellos de España. Estas mujeres, durante las fechas previas a la Navidad, se colocan en los soportales de la plaza para vender sus ricos productos, turrones, frutos secos o miel.

 

– Si se piensa que se han visitado pocas iglesias, se puede uno ir a comprar ropa en una de ellas. Esta se encuentra en la Calle Toro, muy cerca de la plaza Mayor, en lo que antiguamente fue la Iglesia del convento de San Antonio el Real. Justo enfrente se encuentra la escultura del seleccionador nacional Vicente del Bosque, nacido en esta ciudad.

– Si lo que más ha gustado de la ruta son las fachadas platerescas, se puede uno acercar a la bella iglesia de Sancti Spiritus en una perpendicular a la Gran Vía. En el interior se puede ver un precioso techo mudéjar en la capilla del venerado Cristo de los Milagros.

– Si lo que interesa es la historia y la Guerra de los Bandos, saliendo de la plaza Mayor por la calle Zamora o la calle Concejo, se encuentra enseguida la plaza de los Bandos. En esta se encontraba la desaparecida Iglesia de Santo Tomé, a la cual pertenecía uno de los bandos. Lo que sí que se mantiene es la casa de Doña María la Brava, protagonista de uno de los episodios más sangrientos y vengativos de esta guerra. Dos hijos de esta mujer fueron asesinados por miembros del otro bando, los hermanos Manzano. La madre los persiguió hasta darles caza en Portugal, los mató, les cortó la cabeza y tiró estas sobre las tumbas de sus hijos en la iglesia de Santo Tomé. ¿Se entiende ahora mejor el porqué de su sobrenombre, la Brava?

– Si lo que apetece es dejar de ver iglesias y monumentos, entonces proponemos acercarse al barrio alternativo de la ciudad, el barrio del Oeste, con numerosos murales en sus calles y bares donde tomarse algo en algunas de sus terrazas.

De todas formas, es muy probable, que de camino se vea la iglesia de San Marcos. Esta iglesia románica, de finales del S. XI-principios del XII, tiene una curiosa forma circular.

– Si se quiere ver la ciudad desde lo alto se puede realizar un viaje en globo. Para más información, aquí. Esta es una actividad que nosotros tenemos pendiente.

– Si se quiere salir de fiesta, y Salamanca tiene una gran vida nocturna, zonas con un gran número de bares son, Gran Vía y la zona cercana a la plaza con las Úrsulas.

Esperamos que tras este post se entiendan mejor las palabras que Miguel de Cervantes escribió sobre Salamanca en su novela El Licenciado Vidriera «Salamanca, que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado”

Qué y dónde comer

Donde comer no es ningún problema en Salamanca, pues está llena de bares y restaurantes de gran calidad.  Aconsejamos siempre mirar en internet y mirar la puntuación y opiniones de cada restaurante porque estos a veces cambian de dueño o cierran.

Pero antes vamos a hablar de los productos típicos.

Hornazo y empanada. El primero es más contundente. En su relleno hay chorizo, carne de cerdo y huevo, entre otros ingredientes. La empanada original es la de bonito, aunque ahora las hay de todos los sabores, incluso dulces. Se pueden comer en la calle de la Rúa, en las tiendas donde venden trozos de estos productos. O comprarlo en alguna pastelería y comerlo después, por ejemplo, en la ribera del río. Un hornazo un poco diferente, pero que a nosotros también nos gusta, se puede comprar en la pastelería la Madrileña de Alba de Tormes. Esta se encuentra en la plaza de la Libertad, al lado de la Plaza Mayor. El resto de sus productos son también de gran calidad.

Comer hornazo es muy típico el lunes de Aguas, una fiesta muy popular que se celebra el lunes siguiente al de Pascua.

– Embutido. ¿Quién no ha oído hablar de este producto? No sólo el jamón de Guijuelo, también el chorizo, salchichón o lomo son exquisitos.

Chanfaina. Un guiso de arroz que tiene como ingredientes cordero, sangre cocida y huevo entre otros.

Patatas revolconas o meneás. Patatas machacadas con mucho pimentón y torreznos.

– Farinato. Embutido elaborado con manteca de cerdo, pan y pimentón entre otros. Podría decirse que  recuerda a la morcilla pero de color naranja o al chorizo, pero este hay que cocinarlo. Hay quien lo adora y hay quien no entiende porque se elabora. La mejor manera de comerlo es con pan y huevos fritos.

Carne de morucha. La morucha es una raza bovina propia de esta zona.

Y entre los dulces típicos se encuentran:

Rosquillas de Ledesma, de pequeño tamaño. Es difícil tomarse sólo una.

Bollo maimon, un bizcocho muy esponjoso.

Obleas.

Dónde probar estos platos, o lo que uno quiera comer:

La opción más económica es comprar un trozo de hornazo o empanada, o algún bocadillo de embutido, en alguna tienda de la calle de la Rúa.

La siguiente opción es ir de tapas. En los bares de Salamanca, con cada consumición, está, generalmente, incluida una pequeña tapa, a veces no tan pequeñas. Bares de tapas los hay a patadas. Las tapas se encuentran en la barra del bar, por lo que es muy fácil elegir lo que uno quiere. Una zona famosa para ir de tapas es Van Dick, fuera del centro, en la calle de este nombre.

Luego ya está comer en un restaurante. Los hay muchos y buenísimos. Nosotros siempre que hemos ido a alguno de estos, hemos quedado muy a gusto. La Vacavieja, para comer carne, Lilicook, O´Pazo Couñago, Río de la Plata o restaurante Isidro. De todas maneras, hay muchos y de todos los precios.

Uno muy bueno es el Consentido, donde se mezcla tradición y modernidad. Se encuentra muy cerca de la Plaza Mayor.

Dónde dormir

Nosotros nunca hemos dormido en alojamiento, pues tenemos familia en la ciudad. Pero Salamanca, como ciudad universitaria que es, tiene mucho alojamiento para todos los presupuestos.

Entre los alojamientos especiales, que no son los más económicos, siempre nos han llamado la atención: el Hostal las Torres en la misma plaza Mayor; El parador de Salamanca, muy alejado del centro pero con unas vistas increíbles a la ciudad; el Hotel San Polo, situado en las ruinas de esta iglesia; el elegante hotel Palacio de  san Esteban, ubicado en el antiguo convento de los Dominicos; o el Hotel NH Collection Salamanca Palacio de Castellanos justo enfrente del Convento de los Dominicos, entre otros.

 

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Nos gusta mucho sacar fotografías en nuestros viajes. Para ello llevamos la cámara Nikon D3400 con objetivo Tamron 18-200. En los viajes largos llevamos también nuestra antigua cámara, la Canon Powershot G5x, por si tenemos problemas con la primera. Además, esta sigue siendo nuestra primera opción si vamos a la montaña, pues es pequeña y ligera. Siempre llevamos varias tarjetas de memoria. La mochila que usamos para llevar las cámaras es esta.

Nuestra guías favoritas para preparar nuestro viajes son la DK y la Lonely Planet.

4 comentarios en “Salamanca, la ciudad dorada a orillas del Tormes. Un paseo por su casco histórico”

  1. ¡Una ruta súper completa por la ciudad! No conocía algunos detalles, como lo de la plaza más grande de la cristiandad antes de la construcción de la Plaza Mayor. O se me había olvidado… 🙈

      1. Pocas veces he visto una narración tan preciosa.
        Fui estudiante allí y sigo enamorado de esta ciudad y de tantos amigos que hicimos
        Gracias

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