11 + 1 lugares que ver en Schleswig-Holstein: el estado más al norte de Alemania

En este post hablamos de todo lo que Schleswig-Holstein tiene para ofrecer, extensas playas, bonitos lagos, uno de los asentamientos vikingos más importantes, ciudades interesantes y una actividad bastante única: pasear por el fondo del mar ¿Nos acompañas?

Schleswig-Holstein, rodeado por dos mares, el del Norte y el Báltico, es el segundo estado alemán más pequeño después de Saarland. En el pasado, este fragmento de tierra lo conformaban dos territorios. Schleswig, en el norte,  habitado por tribus germánicas, daneses y vikingos, entre otros. Y Holstein, en el sur, donde los eslavos eran mayoría. La historia de este estado está marcada por las luchas de poder entre Alemania y Dinamarca, país con el cual tiene frontera, y con el que se ha ido repartiendo este territorio a lo largo de los años. Actualmente, al norte del estado reside una minoría danesa. En el S. XIX pasó a formar parte de Prusia y tras la segunda Guerra mundial estuvo ocupada por los británicos. Hoy en día su capital es Kiel.

Nosotros descubrimos Schleswig-Holstein en coche, pero también se puede llegar y moverse en tren. Para comprar los billetes podéis entrar desde aquí en la página de la compañía DB BAHN.

Si se viaja en coche, recomendamos leer nuestro post con consejos para conducir por las carreteras alemanas.

En Schleswig-Holstein destacan sus playas, sus lagos, sus islas y la ciudad hanseática de Lübeck. Aquí te proponemos 11 + 1 lugares que merecen la pena ser visitados.

1. Lübeck (Lubeca)

Visitar Lübeck es transportarse a la Edad Media, un tiempo en el que está ciudad era rica y poderosa. Un tiempo en que las ciudades del mar báltico se unieron para formar la Liga Hanseática, que luchaba por conseguir privilegios mercantiles para ellas y defenderse de sus enemigos. Un tiempo en que Lübeck, con acceso directo al mar báltico, se convirtió en la Reina de esta organización.

Paseando por su casco histórico se pueden admirar dos increíbles puertas de entrada, la de Holsten y la del castillo, de lo que en su día fue un potente sistema de defensa, pero que en el transcurso del S. XIX fue visto como un estorbo para el crecimiento de la ciudad y fue demolido.

Frente al almacén de sal, se puede entender la importancia de este producto, conservante alimentario, y una de las razones de la prosperidad de Lübeck y de la Liga Hanseática.

Dentro de las murallas de Lübeck, conocida como la ciudad de las siete torres, se pueden visitar 5 iglesias maravillosas, entre las que destacamos la Catedral, fundada por Enrique el León, y la de Santa María, orgullo de los comerciantes, que aunque fueron gravemente dañadas durante la II Guerra Mundial, han sido reconstruidas. 

Una gran parte de los edificios del centro están construidas en ladrillo,  permitiendo admirar el estilo gótico de ladrillo en todo su esplendor. Y es que por esta zona había escasez de piedra de construcción, y se optó por usar adobe. El ladrillo está por todas partes, callejeando se pueden ver casas pequeñas y grandes construidas con este material. Muchas de ellas se encuentran inclinadas, lo que les da un aspecto muy curioso.

Además, visitando Lübeck, se puede entender como una ciudad que prosperó tanto y tan rápidamente gracias al comercio marítimo en el S. XIV, se quedase sin espacio dentro de las murallas para alojar a toda su población. Esto llevó al desarrollo de una curiosa solución urbanística: abrir corredores en las fachadas de las casas y crear pequeñas viviendas en los patios interiores, con abusivos alquileres. Gracias a la compasión de los ricos comerciantes, se fundaron también patios con casas de caridad, donde las condiciones eran mejores y se permitía vivir a los más necesitados a cambio de oraciones que asegurasen a los fundadores un buen sitio en el cielo. Además, esta caridad se puede ver también en el Hospital del Espíritu Santo, fundado en el S. XIII y que es una de las instituciones sociales más antiguas del mundo.

Y no podemos dejar de hablar de su ayuntamiento, seguramente la construcción más sobresaliente de la ciudad, donde en su día se reunieron los miembros de la Hansa en los conocidos como días de la Hansa.

Y cómo no todo es pasear y sumergirse en la historia, Lübeck está llena de cafeterías, donde se puede probar su producto más famoso: el mazapán. Y si a alguien no le gusta el dulce, siempre se puede tomar algo salado y acompañarlo con el vino tinto Lübecker Rotspon, un vino francés mejorado en barricas de roble durante las travesías marítimas.

¿Te han entrado ganas de saber más sobre esta maravillosa ciudad? Aquí tienes un post más extenso sobre Lübeck, perfecto para no perderse nada durante tu visita por esta ciudad.

Una excursión que se puede hacer desde Lübeck es Travemünde. Un elegante lugar de veraneo a unos 20 km. Esta localidad se encuentra en la desembocadura del río Trave en el mar báltico. En ella destaca su paseo marítimo, donde pueden verse las típicas Strandkörbe alemanas. Debido a que el tiempo de esta zona no es el mejor para ir a la playa, en 1882, el aleman Wilhelm Bartelmann, inventó el asiento de mimbre llamado Strandkorb, cesta de playa, que permite disfrutar del mar protegiendose del viento.

Cuando visitamos Travemünde aprovechamos para cenar pescado en uno de los muchos restaurantes que se encuentran en el paseo marítimo con vistas al mar.

Sólo por visitar este ejemplo casi impecable de ciudad medieval merece la pena acercarse al estado más nórdico alemán. Pero Schleswig-Holstein tiene mucho más de lo que presumir.

Parte Este: esta zona de la costa está bañada por el mar báltico. Dos fiordos conducen a dos ciudades importantes, una es la capital, Kiel, y la otra, la antigua capital, Schleswig, antigua residencia de obispos y duques, que fue un importante centro comercial desde la época de los vikingos hasta finales de la Edad Media. Además, en esta costa destacan los paisajes de colinas, bosques y lagos de la llamada Holstein Suiza.

2. Ratzeburg (Ratzeburgo)

Situada en una isla rodeada por cuatro lagos, el centro histórico de Ratzeburg se encuentra unido a tierra firme por tres puentes. En esta isla llama la atención una bonita catedral románica de ladrillo mandada construir por Enrique el León en 1154. Esta es la más antigua de las cuatro catedrales fundadas por este noble en Alemania, que incluyen las de Schwerin, Lübeck y Braunschweig. E igual que en los otros cuatro edificios religiosos, cerca de la entrada se puede ver la estatua de un león, en recuerdo a su fundador. 

El complejo de la catedral de Ratzeburg, está considerado como uno de los ejemplos del tardorománico más completos de Europa. Merece la pena entrar en ella para ver su bonito interior y su claustro bellamente decorado con frescos que datan de finales del S. XIV, comienzos del XV.

Tras visitar la catedral, un paseo por los alrededores te permite descubrir un área tranquila con vistas al lago, zonas verdes con árboles impresionantes, y bonitas casas de ladrillo. 

Antes de irse de Ratzeburg, no hay que olvidarse de hacer una pequeña parada en las afueras para disfrutar de la bonita vista de la catedral sobre el lago.

3. Eutin

Esta localidad se encuentra en el área conocida como la Holstein suiza, llamada así por sus colinas, de unos 150 m de altura, y por sus muchísimos lagos. Es una de las regiones más populares de vacaciones del norte de Alemania, y la mejor manera de descubrirla es en bicicleta.

Eutin, una pequeña localidad conocida como la Weimar del norte, por los artistas que vivieron en ella, o la ciudad de las rosas, se encuentra rodeada de lagos. La visita a la ciudad se puede comenzar en la plaza del mercado, rodeada de bonitos edificios y centro del casco antiguo. Pero tampoco es mala idea terminarla aquí, en la cervecera Brauhaus Eutin, donde probar alguna de sus cervezas puede ser un broche perfecto para la visita. Y si no sabéis cual pedir, siempre se puede hacer una pequeña cata de cervezas artesanales, tal y como hicimos nosotros.

Pero antes de comer y beber cerveza, se debe visitar el palacio y sus jardines. Construido en la Edad Media, este fue la residencia de los Principes-Obispos de Lübeck, y acabó siendo residencia de verano de los Duques de Oldemburg. Tras un incendio a finales del S. XVII, se renovó en estilo barroco. Hoy en día se puede visitar parte del palacio. Un restaurante ocupa otra parte.

Hay que reservar tiempo para perderse por los jardines del palacio, donde se irán descubriendo esculturas, cascadas, o un huerto perfectamente cuidado. También se puede pasear por ellos a lo largo de la orilla del lago. Nosotros los visitamos libremente y de manera gratuita, pero no visitamos el interior del castillo al estar cerrado.

Dentro de los jardines, a orillas del lago, se encuentra el escenario donde se lleva a cabo uno de los acontecimientos más conocidos de Schleswig-Holstein, el Eutiner Festspiele, donde todos los meses de verano se representan óperas y musicales. Este se fundó en honor al compositor nacido en Eutin, Carl Maria von Weber.

Además uno puede sentirse zar o zarina en ellos pues en 1739, Sophie Auguste Friederike von Anhalt-Zerbst, una princesa de unos 10 años, conoció, en la corte de Eutin, a su primo segundo de unos once años, el príncipe Carl Peter Ulrich von Schleswig-Holstein-Gottorf. Estos se casarían seis años después en Moscú, y acabarían siendo los zares Pedro III y Catalina II la Grande, los cuales formaron la dinastía Romanow-Holstein-Gottorp.

4. Plön

También dentro de la Holstein Suiza, está Plön. Esta se encuentra a orillas del lago más grande de Schleswig-Holstein, el gran lago de Plön, Grosser Plöner See. Además, a esta localidad pertenecen 11 lagos que dan forma a su casco urbano.

Además de que el centro de Plön tiene mucho encanto, con sus edificios de ladrillo, lo que realmente destaca y la hace especial es su palacio renacentista. Este se construyó en el S. XVII sobre una colina dominando la ciudad. Anteriormente ya había habido en este lugar otros palacios. Sabían lo que hacían, levantarse, abrir la ventana y ver las vistas al lago, debe de ser algo maravilloso. El palacio ha servido de residencia ducal, residencia de verano de los reyes daneses, escuela de cadetes, de principes e internado. Actualmente se aloja aquí la academia Fielmann, un centro de formación para trabajadores de la industria óptica. 

Lo que apetece en esta ciudad es pasear por los jardines del palacio y por los caminos que rodean el lago, disfrutando de la tranquilidad y del paraje natural en el que se encuentra. Suponemos que fue por la época en la que fuimos, en mitad de la pandemia, y que era un día medio lluvioso, pero no nos encontramos con prácticamente nadie. Esto también le dio un toque misterioso a esta localidad rodeada de agua.

Alrededor del lago hay un camino de los planetas, bastante típico aquí en Alemania, donde, especialmente los más pequeños, pueden aprender los nombres de los planetas y su distancia al sol, de una manera muy práctica y divertida. 

5. Eckernförde

En esta ciudad pesquera de la costa del mar Báltico destaca su playa de unos 4 km de longitud. La verdad es que fue un placer pasear por ella, disfrutando de las nubes reflejadas en la arena, con las gaviotas sobrevolándola y las típicas strandkörbe poniendole color a la playa. También se puede recorrer el paseo de la playa, de unos 2,5 km, donde no sólo el mar y las gaviotas llaman la atención sino también una preciosa casa típica de la zona con su tejado de paja.

Pero Eckernförde no merece la pena sólo por su playa, también por sus calles, con bonitos edificios, y la iglesia de San Nicolás, construida en el S. XIII como no, con ladrillo. El interior debe de ser bonito, nosotros, por desgracia, la encontramos cerrada. Los alrededores de la iglesia tienen mucho encanto, con pequeñas tiendas que invitan a entrar.

Pero la parte más bonita es el barrio de los pescadores, que se encuentra entre el puerto y la playa. El casco antiguo de la ciudad está formado por calles estrechas y casas de pequeño tamaño, perfectamente decoradas y de bonitos colores.

Desde el puerto, corazón de esta ciudad pesquera, parte el paseo Borbyer, que te permite disfrutar de las vistas de Eckernförde y del puerto a la vez que descubrir originales esculturas de animales marinos.

Visitamos Eckernförde un sábado soleado de mayo y el ambiente nos encantó. Además, coincidimos con el mercado, que se organiza los miércoles y sábados, y hacía que el centro de la ciudad estuviese muy animado.

En Eckernförde un pescado muy popular es el Sprout, espadín, un pez de pequeño tamaño. Comercializados como Kieler Sprout, espadines de Kiel, son generalmente pescados aquí. Son tan famosos y queridos que tienen su propia fiesta, los días del espadín o Sprottentage. Esta se celebra en pentecostés (finales de mayo-principios de junio) y atrae a mucha gente. La ciudad también tiene una gran tradición cervecera. Una cerveza que fue muy popular en el pasado, la cerveza kakabelle, cuyo nombre se referiría a sus propiedades laxantes, y es que estaba hecha con aguas sulfurosas, ha vuelto a producirse en pequeñas cantidades. Pero no hay que preocuparse, porque desde la ley de la pureza de la cerveza alemana de 1516, sólo se puede usar aguas limpias.

Una actividad muy interesante para hacer es hacer un viaje en barco por el mar Báltico. Aquí se puede reservar una plaza en un barco histórico.

6. Schleswig

Esta ciudad, situada en el fiordo Schlei, fue la capital de Schleswig-Holstein cuando esta formaba parte de Prusia. En ella destaca la catedral de San Pedro, cuyos orígenes se remontan al S. XII y cuya torre domina toda la ciudad. Nosotros la encontramos en obras y, aunque dejaban entrar, su mayor obra de arte, el altar Bordesholmer, estaba cubierto. Una parte muy interesante de la catedral, que tampoco pudimos ver, es su claustro decorado con frescos medievales, y al que se le conoce como Schwahl. Sobre estos frescos hay una historia muy curiosa: durante una restauración del S. XIX se añadieron a las pinturas medievales unas figuras de unos pavos. Unos 40 años más tarde, el pintor y falsificador Lothar Malskat, del que ya hablamos en nuestro post de Lübeck, afirmó que los pavos habían sido dibujados alrededor del 1300. Esto provocó mucha sorpresa, y se propagó la idea de que los vikingos, que se habían asentado en esta zona en el S. IX, debieron llegar a América antes que Cristobal Colón trayendo este animal a Europa. Al final todo acabó aclarándose y no hubo que reescribir la historia.

En Navidad se celebra en el Schwahl un mercado, el Schwahlmarkt, que tiene bastante fama y el cual esperamos visitar algún año. 

También merece la pena acercarse al palacio renacentista Gottorf, que aloja el museo regional, y que se encuentra un poco alejado del centro. En este museo destaca el barco Nydam de alrededor del S. IV.

La parte con más encanto de la ciudad es el distrito de Holm, que significa pequeña isla en danés. Este es un barrio pesquero que se encuentra organizado alrededor de una iglesia y su pequeño cementerio. Holm se estableció alrededor del año 1000 en una pequeña isla que, hasta el S. XX, solo se encontraba conectada a la ciudad por un puente. Y lo que ahora es una zona más de Schleswig, en el pasado fue un asentamiento independiente con privilegios y derechos especiales relacionados principalmente con la pesca. Aquí también se encuentra el tranquilo convento de San Juan del S. XII.

Merece también la pena acercarse al puerto donde, si hace buen tiempo, se puede comer un rico fischbrot, bocadillo de pescado, en alguno de los bancos allí situados. Nosotros tuvimos la suerte, además, de coincidir con un buen músico callejero.

Como ya hemos dicho, en esta zona se asentaron los vikingos a principios del S. IX. El legendario puerto vikingo de HaithabuHedeby en castellano, se encuentra a unos 6 km de Schleswig, en Haddebyer NoorEste fue uno de los asentamientos y centros de actividad más importantes para los nórdicos, y su centro comercial durante más de dos siglos y medio. A finales del S. XI, Schleswig superó a Haithabu y este fue abandonado, pero nunca se construyó encima. La mayoría del complejo se encuentra todavía protegido bajo tierra. Como se puede entender, este lugar es perfecto para aprender sobre la vida de los vikingos.

Aquí se encuentra el museo vikingo de Haithabu, donde se muestran hallazgos arqueológicos, y se trata la historia y el estilo de vida de este pueblo. Entre sus objetos más famosos, destaca la reconstrucción de un barco vikingo.

Cerca del edificio del museo, a través de un bonito sendero, se llega a donde se encontraba antiguamente Haithabu, uno de los centros comerciales más importantes del Norte de Europa. Aquí se han reconstruido, basándose en los hallazgos encontrados durante las excavaciones, varias cabañas y un embarcadero. Estas permiten al visitante hacerse una idea de cómo vivían sus habitantes hará unos 1000 años. Si se quieren ver imágenes de este pueblo vikingo reconstruido, se puede ver el video clip de la canción Die Mädchen von Haithabu, las chicas de Haithabu, del grupo de música Folk, Santiano. Nosotros nos pasamos la visita tarareando esta canción.

Haithabu fue declarado patrimonio de la UNESCO en 2018, junto al sistema de fortificación danesa Danaewerk, como extraordinarios ejemplos de la época vikinga. A unos 6 km de Haithabu, se puede visitar una parte de este sistema, el cual protegía la parte sur del reino danés y la ruta comercial entre el mar del Norte y el Báltico. Este se considera el monumento arqueológico más grande del norte de Europa. La muralla, que originalmente medía 30 km de longitud y su altura variaba de los 3,6 a los 6 metros, constaba de muros de tierra con fosos defensivos, muros de ladrillos, y una barrera marítima. El Danaewerk empezó a construirse entre los S. VIII o IX, o incluso antes, y fue pasando por diferentes etapas de edificación.  En los siglos XVII y XIX, volvió a utilizarse con fines militares. Sólo una pequeña parte de este sistema de defensa ha sido excavado.

Información para visitar Haithabu, aquí.

7. Flensburg (Flensburgo)

La ciudad más septentrional de Alemania tiene un peculiar aire danés. Y no es para menos, pues perteneció a este país hasta 1920, siendo durante mucho tiempo el segundo puerto más grande de Dinamarca, después de Copenhage. Flensburg se encuentra al final del fiordo que lleva su nombre, a unos 10 km de la frontera con Dinamarca. Es la tercera ciudad más grande de Schleswig-Holstein, después de Kiel y Lübeck.

Pasear por el casco antiguo de Flensburg es muy agradable. Merece la pena recorrer su larga calle principal. En la zona que recibe el nombre de Grossen strasse, calle grande, se encuentran varios patios de antiguos comerciantes, donde se descubren rincones muy bonitos de la ciudad. Aquí hay gran cantidad de tiendas y restaurantes. La parte cercana a la puerta de ladrillo del Norte, la Nordertor, es, para nosotros, una de las zonas con más encanto de Flensburg. Por aquí se encuentra el callejón Oluf-Samson-Gang, con casas bajas de entramado de madera, bellamente decoradas con flores. En este área vivían artesanos y marineros, y el callejón llegó a ser ser el distrito rojo de la ciudad. 

En la Nordstrasse se encuentra también un edificio de ladrillo con banderas danesas. Este, que originalmente era un orfanato, es, a día de hoy, el Flensborghus, cuyo nombre ya indica que es la sede de la minoría danesa de la ciudad.

La iglesia más antigua de la ciudad es la de San Juan, del siglo XII. Las iglesias de San Nicolás y Santa María son los otros dos edificios religiosos principales de la ciudad.

Paseando por Flensburg se pueden ver muchos edificios modernistas. La mayoría de ellos se encuentran en las calles Am Burgfried y Toosbüystrasse, dos calles bastante empinadas que, si te gusta este estilo, merecen ser recorridas. Además, desde ellas se obtienen unas vistas bonitas al puerto.

Tras descubrir el interior de la ciudad, es una buena idea el relajarse paseando por el puerto. Nosotros visitamos Flensburg un domingo con buen tiempo, y el ambiente por esta zona era inmejorable.

Por la zona del museo del puerto, se pueden ver barcos y otros elementos históricos. Este se encuentra frente al museo de los barcos, Schifffahrtsmuseum (no nos hemos equivocado, esta palabra lleva tres efes seguidas), donde se puede aprender sobre la historia de la ciudad, fuertemente ligada al mar y a la navegación. De aquí también parten barcos que te llevan a disfrutar de un paseo por el fiordo. Si entra el hambre, la caseta de vigilancia del puerto es también un puesto de bocadillos de pescado, Ben´s Fischhütte.

La zona del puerto frente a la ciudad es perfecta para sentarse y tomar algo en alguno de los puestos y terrazas que hay, disfrutando de la bonita vista que se tiene de las casas  reflejadas en el mar. Muy cerca, hay unos columpios que están muy bien.

Si se quiere conocer Flensburg de una manera diferente, aquí se puede reservar una busqueda del tesoro por el puerto de esta ciudad. 

Al estar tan cerca de la frontera con Dinamarca, se ven muchos restaurantes y panaderías danesas. Nosotros aprovechamos para probar alguno de sus productos. Hicimos cola para entrar en la panadería, Migge’s Danish Bakery, donde nos fue realmente difícil decidir qué comprar. Al final elegimos varias cosas, pero la que más nos gustó fue un bollo de canela que estaba buenísimo. Además, durante la cena probamos algún plato danés en el Das kleine Restaurant y quedamos muy contentos. Nos entraron muchas ganas de preparar un viaje a este país vecino, que tenemos pendiente de visitar.

Para acompañar la comida se puede probar la famosa cerveza de Flensburg, la Flensburger beer, y para finalizarla  su famoso Ron. El comercio de este producto fue la causa del apogeo de la ciudad en el S. XVIII. El azúcar de caña era importado de las Indias Occidentales danesas y refinado en Flensburg. Todavía puede verse, de las muchas que había,  la casa de ron A. H. Johannsen en Marienstrasse. Todos los años, a finales de mayo, se celebra la regata del ron en el puerto de Flensburg. 

Cerca de Flensburg, a unos 10 km, se encuentra el palacio renacentista de Glücksburg, en medio de un estanque artificial. Este llegó a  ser residencia temporal de la familia real danesa.

Parte Oeste: esta zona de la costa de Schleswig-Holstein está bañada por el mar del Norte. Aquí se encuentran las islas Frisias del Norte. Recorriéndola, no se encontrarán grandes ciudades, pero si escenas muy pintorescas, con las típicas casas con tejado de paja y muchísimos molinos eólicos aprovechándose de lo ventosa que es esta zona.

8. Husum

Descrita por el escritor de la ciudad, Theodor Storm, como la ciudad gris en el mar, tenemos que decir, que a nosotros no nos lo pareció. Su animado puerto es la parte más atractiva de la ciudad, y merece la pena acercarse también a su castillo de ladrillo, cruzando el Schlossgang, callejón del castillo, que se encuentra junto a la plaza del Mercado. Alrededor de esta hay bonitos edificios y la Iglesia de Santa María.

Junto al castillo se encuentra un parque que, si se visita Husum en primavera, se encontrará de un precioso color azul, gracias a la floración de la flor del Crocus.

Antes de volver al puerto, donde se puede comer o tomar algo en algunos de sus múltiples sitios, no hay que olvidarse de recorrer la calle Wasserreihe, una zona preciosa con pequeñas casas de pescadores, donde se encuentra la casa del escritor Theodor Storm.

En el puerto se encuentra el museo sobre el Parque Nacional del Mar de Wadden, cuya visita es una gran idea antes de ir a conocerlo.

Muy cerca de Husum, a menos de 20 km, se encuentra la ciudad de Friedrichstadt. Fundada en 1621 por el duque Friedrich III de Gottorf, este trajo ciudadanos holandeses para que la habitasen, pues eran los principales ingenieros hidráulicos y comerciantes de Europa en ese momento. Esto se nota en la estética de la ciudad: canales y las típicas casas abuhardilladas del país. Desgraciadamente, no nos dio tiempo a visitar este trozo de Holanda en Alemania.

9. Mar de Wadden o Mar de Frisia

¿Te imaginas poder andar por el fondo del mar? Pues aquí, en la costa oeste de Schleswig-Holstein, es posible. Y es que aquí se encuentra el Mar de Wadden, parte del Mar del Norte, que fue declarado Sitio del Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2009.

En esta zona de grandes mareas, el paisaje cambia dos veces al día durante unas 6 horas. Durante la marea baja, grandes extensiones del fondo del mar quedan a la vista, el agua puede retirarse en una extensión de hasta unos 30 kilómetros de ancho. 

El mar de Wadden baña las costas del suroeste de Dinamarca, oeste de Alemania y norte de Paises Bajos. La parte alemana consta del Parque Nacional del Mar de Frisia de Schleswig-Holstein, el de Baja Sajonia, el de Hamburgo, y la zona del Estado de Bremen. 

Esta área es también conocida por sus colonias de focas.

Recomendamos pasear por las marismas, pues lo consideramos una gran experiencia. Eso sí,  siempre en compañía de un guía conocedor de las mareas y de los peligros del Mar de Wadden. Pues las mareas suben bastante rápido, cortando algunas rutas de regreso, y si no se conoce la zona puede ser muy peligroso. Además, la niebla puede dificultar la orientación. Nosotros descubrimos la zona dentro de un tour organizado, donde aprendimos también sobre la fauna y flora de este lugar.

Durante el paseo nos sentimos como en otro mundo. Y es que te vas adentrando en ese terreno fangoso, que compone el fondo del mar y que unas horas antes estaba cubierto de agua, y a tu alrededor no se ve ni se escucha nada, y la tranquilidad se apodera de ti. Además, en nuestro caso, el día estaba bastante encapotado y medio lluvioso, y la luz grisácea le aportaba al paisaje un aire misterioso que nos enamoró.

Los paseos se pueden comenzar desde diferentes localidades. Nosotros lo hicimos desde Simonsberg. Conectamos con la agencia que los organiza vía e-mail (husum@schutzstation-wattenmeer.de). Aquí está la información de la página. Nos costó 7€ por persona. Hay que ir bien abrigado, es una zona de mucho viento y puede llover, además de llevar botas de agua. Varias personas de nuestro grupo hicieron el paseo sin zapatos. Si uno va a querer descalzarse, que lleve una toalla para poder secarse luego los pies.

Un lugar conocido, donde también comienzan algunos de estos paseos, es Sankt Peter Ording. Esta ciudad balneario es bastante famosa como lugar de vacaciones. En él destacan sus largas playas y sus edificios palafito esto es, casas construidas sobre estacas.

10. Faro de Westerheversand

Probablemente el faro más conocido de Alemania, se encuentra en la ciudad de Westerhever en la península de Eiderstedt. La torre, de unos 40 m de alto, se construyó en 1907. A su lado se encuentran las casas del farero, que ya no se usan, pues el faro se controla automáticamente desde una localidad cercana. Estas casas albergan, hoy en día, una exposición de la estación de protección del Mar de Wadden.

Para llegar, dejamos el coche en el parking que se encuentra a unos 3 km del faro. El camino que lleva hasta él  transcurre por una llanura y va paralelo al mar. Esta ruta es bastante popular, nosotros coincidimos con mucha gente que iba caminando como nosotros o en bicicleta. El paseo nos resultó muy agradable, siempre con el faro al fondo y la brisa marina que nos refrescaba la cara.

El faro puede visitarse, pero sólo dentro de un tour organizado. Más información aquí

Desde el faro puede uno acercarse a las marismas.

Por esta zona se ven muchísimas ovejas, y es que estas forman parte del sistema de mantenimiento del dique que protege a la tierra contra las inundaciones. Las ovejas no sólo mantienen la hierba cortada, sino que también ayudan al terreno con su abono y con su peso perfecto para no dañarlo sino regenerarlo.

11. Las islas Frisias Septentrionales

Este es uno de nuestros destinos pendientes en Schleswig-Holstein. Esperamos conocerlas pronto y mejorar la información sobre ellas.

Estas islas se encuentran frente a la costa oeste de Schleswig-Holstein, en el Mar de Wadden. Si se buscan playas y tranquilidad, este es un buen destino. Las islas más grandes son Sylt, Föhr, Amrum, Pellworm y Nordstrand. Sin embargo, hay también un grupo de islas más pequeñas llamadas Halligen.

Sylt es la mayor y la más conocida de este grupo de islas. Además, es la cuarta isla más grande de Alemania. Al estar unida a tierra por un dique, se puede llegar hasta ella en tren. También se puede llegar a Sylt en transbordador desde el puerto danés de Havneby, o desde Niebüll en un tren que permite transportar también los coches. Otra manera de recorrer la isla es dentro de un tour organizado en autobús. Más información aquí.

A Sylt le sigue la isla de Föhr en tamaño. No tiene conexión terrestre, por lo que sólo se puede llegar en barco.

Durante la marea baja, las marismas quedan expuestas entre algunas islas y se puede llegar a ellas caminando, pero como ya hemos dicho, hay que ir siempre con alguien que conozca la zona.

¿Y porqué 11 + 1? pues porque no podíamos dejar de mencionar a su capital, Kiel, una de las principales bases navales de Alemania que cuenta con algunos de los astilleros más importantes del país.

Sin embargo, la ciudad tiene poco encanto, y no la recomendamos como parada en una ruta por Schleswig-Holstein, a no ser que se tenga interés en la navegación y se quiera recorrer el Fiordo de Kiel o participar en el evento anual de vela, la Semana de Kiel o Kieler Woche. Y es que Kiel se extiende alrededor del puerto natural del fiordo, y aquí se celebra cada junio la semana de Kiel, uno de los eventos de navegación más importantes del mundo.

En 1895 se abrió el Canal de Kiel, de 99 km de largo, que permitía a los barcos cruzar del mar báltico al mar del Norte sin necesidad de rodear Dinamarca. A día de hoy es la vía acuática artificial más transitada del mundo.

Durante la II Guerra Mundial, la ciudad fue fuertemente bombardeada. Entre 1940 y 1945, Kiel sufrió unos 90 ataques aéreos. Esto provocó un gran número de muertos y muchísima destrucción. El casco antiguo fue muy afectado.

A día de hoy  quedan pocos edificios históricos. Entre ellos se encuentra la antigua lonja de pescado, que aloja el Museo Marítimo y de la Ciudad, de entrada gratuita, y donde también se pueden visitar varios barcos históricos allí amarrados; el Ayuntamiento, de principios del S. XX, cuya torre, de unos 100m de alto, recuerda al campanile veneciano. Se puede subir a una plataforma que hay en la torre para admirar la ciudad desde lo alto. En la plaza del ayuntamiento se encuentra el Teatro construido en ladrillo. Muy cerca se encuentra la iglesia de San Nicolás, el edificio más antiguo de Kiel, que empezó a construirse a mediados del S. XIII. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue gravemente dañado y tuvo que ser reconstruido. En su interior, donde se conserva una bella pila bautismal, una cruz triunfal, y dos bonitos altares, se pueden ver fotos antiguas del centro de Kiel antes de la guerra. Por otro lado, el Castillo de Kiel, fue también destruido durante los bombardeos y se reconstruyó, pero de forma diferente. A día de hoy, queda muy poco de lo que fue el castillo. Como curiosidad, el zar Pedro III, marido de Catalina la Grande, nació en este castillo.

El paseo por el puerto es muy agradable, viendo los barcos y los edificos modernos que se han construido. Se puede conocer esta zona de la ciudad dentro de una busqueda del tesoro. Más información aquí

Si se para en Kiel y se usa esta ciudad como base para descubrir la zona, existen barcos que te llevan a conocer la cercana ciudad de Hamburgo. Este viaje se puede reservar desde aquí

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Nos gusta mucho sacar fotografías en nuestros viajes. Para ello llevamos la cámara Nikon D3400 con objetivo Tamron 18-200. En los viajes largos llevamos también nuestra antigua cámara, la Canon Powershot G5x, por si tenemos problemas con la primera. Además, esta sigue siendo nuestra primera opción si vamos a la montaña, pues es pequeña y ligera. Siempre llevamos varias tarjetas de memoria. La mochila que usamos para llevar las cámaras es esta.

Nuestra guías favoritas para preparar nuestro viajes son la DK y la Lonely Planet. Además nos encantan los libros de Kunth, que siempre proponen muy buenas rutas y las fotos invitan a viajar. El problema es que son en aleman.

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