Lübeck: qué ver en la Reina de la Hansa.

En este post hablaremos de Lübeck, una ciudad en el norte de Alemania; líder de la Liga Hanseática; la ciudad de las 7 torres, donde perderse por sus calles es retroceder a la Edad Media; No te puedes ir de ella sin probar su famoso mazapán ¿Nos acompañas?

Cómo llegar

Lübeck se encuentra en el norte de Alemania, en el estado federado de Schleswig-Holstein, siendo su segunda ciudad más grande después de la capital, Kiel.

Nosotros llegamos en coche, pero a no ser que vivas en Alemania o en Dinamarca, este medio de transporte no te va a resultar el más cómodo.

Lübeck tiene un pequeño aeropuerto a unos 8 km del centro y se encuentra a sólo 1 hora en coche de Hamburgo, donde hay aeropuerto internacional. Desde Hamburgo se puede llegar a Lübeck en tren en menos de una hora.

Los billetes de tren se pueden comprar en la compañía de trenes alemana Deutsche Bahn.

También se puede visitar dentro de un tour organizado desde Hamburgo. Este puede reservarse aquí.

Si se quiere conocer más la zona norte de Alemania, de la cual hablaremos en futuros posts, se puede alquilar un coche.

Si se llega en coche a la ciudad, se puede intentar buscar aparcamiento en alguna calle alejada del centro, para evitar las zonas de pago. Nosotros, para evitar perder tiempo buscando una zona gratuita o sin límite de tiempo, aparcamos en un parking. Se llama Parking MUK y se encuentra muy cerca de la puerta de Holsten, una de las entradas al casco antiguo, en Willy-Brandt-Allee 5. Es de pago de lunes a sábado, de 10:00 a 18:00 y el día completo cuesta 6 €.

Tiempo en Lübeck

El tiempo en Lübeck es más bien frio y lluvioso. Nosotros hemos estado dos veces, una en la Semana Santa de 2015 y otra vez a finales de mayo de 2021. En ambos casos el tiempo fue bastante fresco. La segunda vez nos llovió varios días. En verano las temperaturas tampoco son muy elevadas.

Historia de Lübeck

Un asentamiento eslavo del S. IX llamado Liubice y que estaba situado en la confluencia de los ríos Schwartau y Trave, dio nombre a la ciudad. Este asentamiento fue destruido y en 1143, el conde Adolf II de Schauenberg y Holstein, fundó, en la actual ubicación de Lübeck, la primera ciudad portuaria alemana en el Mar Báltico. Su nombre era Lubeke. Tras ser destruida en un incendio en 1157, Enrique el León fundó la ciudad otra vez en 1159. En 1226, Lübeck se convirtió en una ciudad imperial libre, dependiendo directamente del Emperador del Sacro Imperio Germano. 

Su perfecta localización, con acceso al Mar Báltico, hizo que prosperara en poco tiempo. A mediados del S. XIV se fundó la liga Hanseática. Esta era una asociación de ciudades con una política comercial común. Se creó para protegerse de la piratería y controlar el comercio en el mar Báltico. En su apogeo, la Liga Hanseática llegó a tener hasta 200 ciudades miembro. La Hansa fue en su día la fuerza dominante de los mares del Norte y Báltico. Lübeck se convirtió en la Reina de la Liga Hanseática, siendo su miembro más poderoso.

En el siglo XIV, Lübeck era una de las ciudades más grandes del imperio junto con Colonia y Magdeburgo. Y en 1375, el emperador Carlos IV, la nombró una de las cinco Glorias del Imperio, junto a Venecia, Roma, Pisa y Florencia. Toda esta riqueza y poder hizo que se construyesen impresionantes edificios.

Sin embargo, a finales del S. XV, la influencia política y el poder comercial de la ciudad fueron disminuyendo y su papel como principal potencia del Mar Báltico fue desapareciendo. La última reunión de la Hansa tuvo lugar en Lübeck en 1669. 

En 1806, la ciudad sufrió la ocupación francesa que duró hasta 1813. En 1815, Lübeck se convirtió en miembro soberano de la Confederación Alemana como la Ciudad Libre y Hanseática de Lübeck. En 1866 se unió a la Confederación Alemana del Norte y se convirtió en estado miembro del Imperio Alemán en 1871. En 1937, Lübeck perdió su independencia territorial, que había mantenido durante 711 años, y pasó a formar parte de la provincia de Schleswig-Holstein, que por aquel entonces era parte de Prusia.

Durante la II Guerra Mundial, Lübeck fue la primera ciudad alemana en ser atacada en gran número por la Royal Air Force. El ataque más importante ocurrió la noche del 28 de marzo de 1942. Los bombardeos causaron más de 300 muertes y provocaron graves daños en el casco histórico, una quinta parte fue destruido y tres de las principales iglesias, la de Santa María, la de San Pedro y la Catedral fueron gravemente dañadas. Un recuerdo de esta destrucción se puede ver en la Iglesia de Santa María donde, en una capilla lateral, reposan los restos de las campanas que cayeron de la torre en llamas.

Tras la Guerra, Lübeck era la única ciudad importante de Alemania Occidental que tenía frontera con la República Democrática Alemana y hasta el 3 de octubre de 1990, esta era la frontera este de la ciudad. Hoy es la frontera con el estado vecino de Mecklemburgo-Pomerania Occidental. 

A pesar de los daños que sufrió durante la Guerra, mantiene la estructura básica de la ciudad antigua. En Lübeck domina el ladrillo como material de construcción. Aquí uno puede admirar el estilo conocido como gótico de ladrillos en todo su esplendor. De hecho la Iglesia de Santa María es considerada el principal ejemplo de este estilo que es común en el  noreste y centro de Europa, especialmente en las regiones del Mar Báltico y sus alrededores. La construcción con ladrillos se debe a la escasez de piedra para construir.

El centro histórico de Lübeck forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1987.

Lübeck es, bajo nuestra opinión, una de las ciudades más bonitas de Alemania. Esta ciudad es también conocida como la Ciudad de las Siete Torres o la Puerta del Norte. Las siete torres se corresponden a las dos de la Catedral, las dos de la iglesia de Santa María, la de San Pedro, la de San Aegidien y la de Santiago.

Cuánto tiempo se necesita para visitar Lübeck

El casco histórico de Lübeck se puede pasear y descubrir en una mañana, aunque recomendamos un día entero para esta ciudad.

En Lübeck hay varias iglesias que merecen ser visitadas por dentro y varios museos interesantes. Nosotros la visitamos en una época de duras restricciones debido a la pandemia, por lo que no pudimos entrar en ninguno de ellos, pero esperamos hacerlo en alguna visita futura.

Además, no se puede uno ir de Lübeck sin probar su dulce más conocido, el mazapán. En la ciudad hay muchas cafeterías donde se pueden probar dulces preparado con este ingrediente.

Y si todo esto parece poco, desde Lübeck se pueden hacer excursiones a varios sitios cercanos, por ejemplo, a Travemunde un elegante lugar de veraneo.

Qué ver en Lübeck

Todas los puntos de interés se encuentran en la parte antigua, que es relativamente pequeña. Esta se encuentra en una isla, rodeada por los ríos Trave y Wackenitz.

Aunque lo mejor es perderse por sus calles, en este post hemos preparado una ruta para no perderse nada de esta bella ciudad de ladrillos. Como probablemente se va a llegar a Lübeck en tren, el paseo lo comenzaremos en la estación. 

En el mapa se indican todos los puntos de los que se va a hablar en este post. En negrita están marcados aquellos lugares que consideramos más destacables.

La estación central se encuentra muy cerca, a unos 10 minutos caminando, de uno de los monumentos más conocidos de la ciudad. La puerta de Holsten o Holstentor, símbolo de Lübeck, que está representado en alguna monedas de dos euros alemanas. 

Para llegar, se tiene que cruzar el puente de las muñecas (Puppenbrücke), que fue el primer puente de piedra de la ciudad. Su nombre oficial era puente exterior de Holsten, pero enseguida se le conoció como el de las muñecas, por las esculturas que lo decoran. Estas son copias, las originales se encuentran en el museo de Santa Ana. 

Cruzando el puente se tiene una estampa muy bonita de Lübeck: la impresionante puerta Holsten, uno de los antiguos accesos al centro de la ciudad, con torres de iglesias de ladrillo al fondo, y las casas que componen el antiguo almacén de la sal. Viendo las fotos uno no se puede imaginar el caos que hay alrededor de esta puerta. Pero justo enfrente de ella hay una rotonda y, además, siempre hay muchísima gente paseando por la zona.

La muralla de Lübeck empezó a construirse en el S. XIII. Esta tenía cuatro puertas: Holstentor, el acceso a la ciudad por la parte oeste; Puerta del castillo o Burgtor, acceso norte, Puerta del molino o Mühlentor, acceso sur y Hüxtertor, acceso este. A día de hoy sólo se mantienen la Holstentor y la Burgtor. 

Con los años la muralla fue siendo mejorada y ampliada. Así, en la zona actual de la puerta Holsten, se construyeron varias líneas de defensa y se hizo un foso. Desde el puente de las muñecas hasta la puerta de Holsten, se encuentran las distintas maquetas que representan como era en la antigüedad el antiguo sistema de defensa de la ciudad en esta zona. Uno se sorprende imaginándose lo inmensa que era esta, pues la Holstentor que vemos hoy era sólo la segunda puerta de un sistema que llegó a tener cuatro puertas. 

La primera de las cuatro en ser construida fue la puerta más cercana a la ciudad. La segunda fue la Holstentor en el S. XV y durante más de 300 años se conoció como la puerta media de Holsten. La última puerta se construyó a principios del S. XVII. El nombre de esta entrada proviene de la dirección de la puerta que conducía a Holstein.

En el S. XIX se fueron demoliendo las diferentes puertas del complejo, pues obstaculizaban el desarrollo de la ciudad. Y, aunque nos parezca difícil de creer, la puerta de Holsten estuvo también a punto de ser demolida. Al final, tras una votación, se decidió, por un solo voto de diferencia, conservarla y restaurarla.

Merece la pena cruzar la carretera para pasear por la plaza Holsten, y acercarse a la puerta desde los dos leones de hierro que te dan la bienvenida. Si se quiere sacar fotos sin mucha gente, se tendrá seguramente que esperar un rato para encontrar el momento adecuado. Se puede dedicar este tiempo a acercarse a la puerta y fijarse en sus detalles. 

Desde la plaza se puede leer la inscripción que dice: Concordia domi foris pax, esto es: unidad adentro, paz afuera. Una inscripción parecida se encontraba originalmente en la puerta externa y fue añadida a la Holstentor en 1871. Del otro lado se pueden leer dos fechas, 1477 y 1871. La primera se refiere a la finalización de la puerta, que fue realmente en 1478 y la segunda a la restauración de esta y a la fundación del Imperio alemán. Entre estas fechas se puede leer S.P.Q.L.: SENATUS POPULUSQUE LUBECENSIS, esto es: Senado y el pueblo de Lübeck.

Además, llama la atención el hecho de que la puerta se encuentra algo inclinada. Esto es debido a que la puerta se construyó sobre terreno fangoso y en el S. XV no se cimentó correctamente. En posteriores trabajos de restauración se ha ido dando solución este problema.

La puerta, alberga a día de hoy el Museo de Historia de la Ciudad de Lübeck. El precio normal de la visita es de 8 € y este es el horario: Del 1 de enero al 31 de marzo el museo abre de martes a domingo de 11:00 a 17:00. Del 1 de abril al 31 de diciembre abre todos los días de la semana de 10:00 a 18:00. Más información, aquí.

Tras pasar un rato en la zona de la puerta se puede cruzar el río Trave por el puente Holstentor. Desde este y girando a la derecha en la calle An der Obertrave, se obtienen las mejores vistas del almacen de sal, Speichersalz

El almacén lo componen seis edificios de ladrillo que fueron construidos entre los S. XVI y XVIII. Su función original era, tal y como su nombre indica, almacenar la sal proveniente de otra bella ciudad del norte de Alemania, Lüneburg y de las salinas de Oldesloe. Esta era luego exportada desde Lübeck a los diferentes puertos del mar Báltico. 

La sal era muy importante para la conservación de la carne y el pescado, especialmente arenque. El comercio de este producto fue una de las principales razones del poder y la riqueza de Lübeck y de la Liga Hanseática.

El paseo continuaría por la calle An der Obertrave. Las vistas a ambos lados son muy bonitas, a la derecha el almacén de sal y un parque y a la izquierda las bellas fachadas de las casas y las torres de ladrillo asomando por ellas.

Desde el puente Dankwartsbrücke se tiene una vista esplendida de la ciudad. Muy cerca se encuentra señalizado un mirador, malerwinkel, desde donde se obtiene una buena perspectiva del río, el puente y las torres de las iglesias de Santa María y San Pedro. Aunque realmente las vistas son muy bonitas desde toda esta zona.

A medida que se recorre la calle y se va llegando al final de esta, se pueden ver imágenes de la vida cotidiana de sus habitantes. Así puede verse ropa tendida a la orilla del río o bien gente sentada en grupos charlando animadamente.

Esta zona es muy tranquila, y contrasta con lo animada que se encuentra la zona de los almacenes y la puerta de Holsten.

Al final de la calle se puede tomar la calle kleiner Bauhof,  que te llevará directamente a la catedral a través de un callejón con escaleras. La imagen de la catedral desde aquí es muy bonita. Si se viaja con niños, muy cerca de aquí, en el cruze con la calle Effengrube, una calle adoquinada con casas bonitas, hay un parque con columpios.

Una característica muy propia de Lübeck, y que a nosotros nos encanta, son sus patios y corredores, Hoffe und Gänge. Y por esta zona hay varios que se pueden visitar. 

Y es que al pasear por el casco histórico de Lübeck, se ven muchos corredores estrechos que acaban en patios traseros bien cuidados por la gente que vive allí. Llegó a haber unos 180 y a día de hoy habrá unos 90. Muchos de ellos son de acceso libre y se pueden visitar, otros tienen un horario restringido, y otros son privados. 

Como suele pasar, lo que ahora es admirado por los visitantes y que le da a la ciudad un toque propio y encantador, no fue siempre así. Este tipo de construcciones empezaron a aparecer en el S. XIV debido a la falta de espacio causado por el gran desarrollo de la ciudad, Lübeck era la Reina de la Liga Hanseática. El espacio dentro de las murallas se volvió insuficiente para toda la gente que quería vivir en ellay esto llevó a que se encontrase una solución ingeniosa. Se abrieron corredores, Gang, en los frontales de los edificios y se construyeron pequeñas viviendas, llamadas Bude, en los patios traseros. Estas se construían juntas y eran de uno o dos pisos, y a menudo de una sola habitación. Estas nuevas áreas residenciales se alquilaban a sirvientes, jornaleros o a pequeños artesanos. La gente vivía hacinada y las condiciones no eran las mejores. Al principio eran de madera, pero en el S. XVI se obligó a reemplazarlas por edificios de ladrillo como medida de seguridad frente a los incendios. Se debía abrir un corredor cada vez que se construía un patio, y este debía de ser lo suficientemente ancho como para que cupiera un ataúd.

Con el tiempo, y para proteger a los más necesitados de los elevados alquileres de los corredores, ciudadanos adinerados  construyeron los patios, Hof. Estos eran más amplios que los corredores y a cambio de vivir allí, los fundadores pedían que se les tuviese presente en las oraciones, para asegurarse así un buen sitio en el cielo.

Estos patios y corredores siguen estando habitados a día de hoy, y algunos de ellos siguen estando destinados a gente necesitada. Pero su aspecto es totalmente diferente al de la Edad Media. Están muy bien cuidados por los residentes y al entrar en muchos de ellos siente uno el contraste entre el ajetreo de la calle y la tranquilidad del patio.

Existen listas de cuáles son los mejores, pero nuestra recomendación es que entréis en los que veáis y os dejéis sorprender por cada uno de ellos. Los más nombrados y famosos se encuentran en una zona de la que hablaremos más adelante. Eso sí, hay que tener en cuenta que aquí vive gente, y por ello hay que ser muy respetuosos durante la visita, intentar molestar lo menos posible a la gente que está en sus casas y respetar las normas de visita. 

Como ya hemos dicho, en estas calles se encuentran corredores interesantes, y una vivienda muy pequeña se mantiene en en Hartengrube 36. 

Tras callejear por esta zona, descubriendo sus hermosos rincones, recomendamos volver atrás y tomar la calle Grosse Peters Grube que dirige a la Iglesia de San Pedro. Paseando por esta, se pueden ver casas de casi todos los estilos arquitectónicos, góticas, renacentistas, barrocas, rococó o clasicistas.

La verdad, es que a nosotros nos encantaron las típicas casas de ladrillo, con su característico acabado escalonado y, algunas de ellas, con su fachada un poco inclinada. Estas pueden verse en muchas calles de la ciudad Lübeck.

Al final de esta calle se llega a la iglesia de San Pedro. Sus orígenes  se remontan al S. XII, aunque su apariencia actual data del S. XV. Con la Reforma del S. XVI, la iglesia pasó a ser protestante. Durante la Segunda Guerra Mundial sufrió un gran incendio y fue gravemente dañada. No fue completamente restaurada hasta 1987. El interior no fue reconstruido, por lo que su apariencia a día de hoy es muy sencilla, y en él se exponen obras de arte. Hay también una cafetería. 

Entrar en San Pedro merece mucho la pena por el maravilloso mirador que hay en su torre y que se encuentra a unos 50 metros. No hay que subir muchos escalones, pues hay ascensor. La vista es realmente hermosa.

Horario de la Iglesia: De lunes a domingo de 11:00 a 16:00. La entrada es gratuita. El mirador abte de enero a febrero de 11:00 a 17:00 y el resto del año de 11:00 a 19:00. La última entrada es media hora antes del cierre. La entrada normal cuesta 4 €.  Más información aquí.

Desde San Pedro se puede uno dirigir hacia la Catedral. Para ello hay que cruzar una zona moderna, donde hay mucha tiendas y supermercados. Y tomando las calles Pferdemarkt y Parade, se llega a la catedral a través de casas elegantes y palacios.

En la calle Parade, se encuentra la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús del S. XIX y principal Iglesia católica romana de Lübeck. Y es que las Iglesias de la ciudad pasaron a ser protestantes tras la Reforma de 1531. Esta fue la primera  Iglesia parroquial católica tras la Reforma. En su interior hay un memorial a los mártires de Lübeck. Estos fueron tres sacerdotes católicos y un pastor luterano, que fueron arrestados en 1942 por sus sermones en contra de la guerra. En el juicio fueron condenados a muerte por «traición, infiltración en el ejército, favoritismo hacia el enemigo y escucha de radios enemigas». En 1943 fueron decapitados en Hamburgo. Los tres sacerdotes católicos pertenecían a esta Iglesia.

Muy cerca de la catedral se encuentra el arsenalZeughaus, un edificio construido en ladrillo en el S. XVI siguiendo el estilo del Renacimiento holandés. Construido como granero, se utilizó como almacén de lana, y como su nombre indica, como lugar de almacenamiento de las armas de la ciudad. Durante la ocupación francesa se usó como cuartel y en el S. XX como oficinas de la policía. Durante la época del nacionalsocialismo, el cuartel general de la Gestapo se encontraba aquí, y las celdas de interrogatorio se encontraban en el sótano. Es por esto que muy cerca se encuentra el memorial a las víctimas del Nacionalsocialismo.

La Catedral de Lübeck fue fundada en 1173 por Enrique el León, quien puso la primera piedra. La iglesia románica fue consagrada en 1247. A mediados del S. XIII se llevaron a cabo modificaciones que la convirtieron en una iglesia gótica. Alcanzó su aspecto actual en 1341. El gran edificio mide unos 132 m de largo. 

Como ya hemos dicho en la historia de la ciudad, la catedral fue gravemente dañada durante los bombardeos de 1942. Por suerte, se salvaron varias zonas del interior de la Iglesia, que a día de hoy se pueden seguir viendo. La reconstrucción de la catedral comenzó en 1947 y se finalizó en 1982.

Cerca de la puerta de entrada de la Catedral, se puede ver la estatua de un león sobre una columna. Este indica que el fundador de la catedral fue Enrique el león. Son tres más las catedrales alemanas que mandó construir y donde se puede ver una escultura similar a esta: Ratzeburg 1154, Schwerin 1171 y Braunschweig 1173.

Aquí se puede encontrar la información sobre los horarios de visita. Por ahora, debido a la pandemia abre de 10:00 a 16:00. 

Entrar a la catedral es gratis y merece la pena. A pesar de los bombardeos, varias zonas del interior pudieron salvarse. Entre ellas destaca una gran cruz triunfal de unos 17 m de alto de Bernt Notke y un reloj bellamente decorado, ambos del S. XV. El claustro medieval conecta con el Museo de la Naturaleza y el Medio Ambiente y desde la iglesia se puede echar un vistazo y ver uno de los esqueletos del museo.

Al salir, merece la pena acercarse a la otra puerta de la catedral, la del paraíso, para admirar su decoración. Esta fue añadida al cuerpo románico de la catedral en el S. XIII. Tras la guerra tuvo que ser reconstruido.

Tomando una de las calles que salen de la catedral, Musterbahn o Fegefeuer se llega a la calle Mühlenstrasse y a sus continuaciónes, Mühlenbücke y Wallstrasse. Esta recta lleva, cruzando dos puentes, a donde se encontraba una de las cuatro puertas de entrada de la antigua muralla, la puerta sur llamada Mühlentor o puerta del molino. Por el camino se pueden ver las maquetas de las antiguas defensas. Aquí se llegó a construir, al igual que en Holstentor, hasta cuatro puertas de defensa, aunque en este caso, nunca coexistieron las cuatro a la vez, solamente tres. Estas estructuras se empezaron a destruir a finales del S. XVIII, y la última se demolió a mediados del S. XIX. Actualmente no queda nada de este sistema de fortificación. Al final de Wallstrasse, se puede ver un búnker, construido en 1936, usando como modelo una de las torres redondas de la puerta exterior. Si se tiene poco tiempo, no recomendamos llegar hasta aquí.

Sin embargo, si recomendamos llegar hasta el Mühlenteich o estanque del molino. Este se encuentra antes de cruzar el puente Mühlentorbrucke. Y es que desde aquí se tienen unas vistas increíbles de la catedral reflejada en el agua, y como una imagen vale más que mil palabras, aquí tenéis una foto.

Si interesa, desde el punto desde donde se obtienen estas vistas, y siguiendo el camino que rodea el estanque, se encuentra la torre del Kaiser, más restos de la antigua fortificación. En nuestra opinión estos restos no tienen mucho interés, pero el paseo alrededor del estanque es agradable.

Tras disfrutar de las vistas y retrocediendo un poco, se llega a la calle an der Mauer, junto al muro. Y es que esta calle estaba situada junto a la antigua muralla de la ciudad. Debido a su localización en la periféria, junto a las fortificaciones, no era muy deseada y las casas que se construyeron eran mayoritariamente modestas. La muralla medieval fue demolida casi en su totalidad a mediados del S. XIX, pero en esta calle aun se pueden observar unos restos muy curiosos, pues se encuentran totalmente adyacentes a casas de entramado del s XVII.

Justo al lado de estas casas, se encuentran unas piscinas naturales en el estanque Krähenteich (Freibad am Krähenteich). Si durante la visita hace mucho calor se puede venir aquí a darse un baño. La entrada de adultos cuesta 2,50€ y los niños de más de 1 metro de altura pagan 1,50€. Abre en verano de 10:00 a 19:00, más información aquí.  Muy cerca hay unos columpios.

Y es esta zona, y la que viene a continuación, una de las que más nos gustó de la ciudad. Pasear por las calles empedradas, con sus casas bajas de ladrillos, nos transportó de alguna manera al Lübeck medieval. Es cierto que lo pasamos un poco mal con la silla de bebé, pues las aceras eran estrechas y el empedrado de la calle dificultaba la conducción. Pero lo disfrutamos mucho.

Ya hemos hablado anteriormente de los corredores y patios de Lübeck que se encuentran por todo el casco histórico. Pues en esta zona, y en las calles que se recorren en adelante, se encuentran muchos,  muy bien conservados.

Pasando por un arco de ladrillos decorado, se entra en la estrecha y adoquinada calle Duvekenstrasse. Y girando a la derecha por la calle de St Annen, se llega al museo de Santa Ana. Este se encuentra en el convento del mismo nombre. Este fue fundado a principios del S. XVI, para alojar a las hijas solteras de los comerciantes de Lübeck y ha servido de asilo y penitenciaria. Desde 1915 funciona como museo. En él se pueden ver las obras y tesoros provenientes de las iglesias y casas de la ciudad de Lubeck, como el retablo de la catedral de Hans Memling. No pudimos entrar por las restricciones debidas a la pandemia. Abre de martes a domingo. De enero a marzo de 11:00 a 17:00 y el resto del año de 10:00 a 17:00. La entrada de adulto cuesta 8€. Para más información aquí.

Justo al lado, se encuentra la sinagoga Carlebach, única que se ha conservado completamente en Schleswig-Holstein. Se construyó a finales del S. XIX, y tras el pogromo de 1938, sirvió de gimnasio, guarderia y vivienda. La sinagoga no fue incendiada esa noche por su cercanía al museo de Santa Ana y al hecho de que iba a ser vendida a la ciudad de Lübeck. Pero el interior sí que fue destruido. Se reabrió oficialmente en 2021. 

Las vistas de la catedral desde esta calle son muy bonitas.  

Enseguida se llega a la iglesia de San Aegidien, que se encuentra en el centro del antiguo  barrio de los artesanos. La Iglesia es la más pequeña de las iglesias del centro y su torre mide unos 86 m de altura. Es mencionada por primera vez a comienzos del S. XIII, pero su estilo actual se debe al S. XIV. Ha sobrevivido a todas las batallas que han tenido lugar en la ciudad, incluidos los bombardeos de 1942. La iglesia abre de martes a sábados de 10:00 a 16:00. Las veces que nosotros pasamos estaba cerrada.

Tras rodear la iglesia, fijándose en las casas bajas de alrededor y en algún que otro corredor y mural, se puede seguir por la calle Balauerfohr y sus continuaciones donde hay varias cafeterías que nos dieron al ojo y edificios interesantes cómo en el que se encuentra el Dornes Hof.

Y se llega a una zona con mucho ambiente estudiantil y un bonito edificio cubierto por hojas: el Johanneum. Este instituto se encuentra en los edificios del monasterio de San Juan. Al verlo, nos preguntamos si estudiar en un edificio tan hermoso sería un aliciente para los alumnos. 

Creemos que se puede visitar el patio, pero cuando nosotros fuimos, debido a las restricciones sanitarias, sólo podían entrar trabajadores y alumnos. 

Muy cerca entramos en el Rosen gang, corredor de las rosas.

Y de aquí nos dirigimos a otra de las zonas más bellas y conocidas de Lübeck, la zona del ayuntamiento. Para llegar, se puede tomar alguna de las calles perpendiculares que salen de la que acabamos de recorrer. Por cual ir, es un problema, pues todas ellas merecen ser descubiertas.

– Wahmstrasse: aquí se encuentra el conocido Höveln Gang.

– Hüxstrasse: una calle comercial con tiendas interesantes y muchos restaurantes. Esta calle termina enfrente del ayuntamiento, en la esquina donde se encuentra la famosa tienda de mazapán Niederegger.

– Fleischhauerstrasse: termina también enfrente del ayuntamiento. Su nombre, Fleisch-carne, viene porque aquí se encontraban los carniceros y oficios relativos a la carne. En ella se encuentran también muchas tiendas y restaurantes.

– Dr Julius- Leber strasse: aquí se encuentra el patio Haasenhof, un patio fundado en el S. XVIII por la viuda del comerciante de vinos Johann Haase, que hizo construir 13 apartamentos para viudas y solteras. Es el más joven de los patios de Lübeck; la farmacia del León, Löwen Apotheke, uno de los edificios más antiguos de la ciudad. Durante la visita del emperador Carlos IV en 1375, se alojó aquí la emperatriz Isabel. Funciona como farmacia desde 1812. Desde esta calle se tiene muy buenas vistas de la iglesia de Santa Maria.

– Hundestrasse: quizá la más bonita para nosotros. En esta zona vivía antiguamente gente con poco dinero. A día de hoy, en esta calle, hay principalmente viviendas, algunas de ellas con bonitas fachadas. Hay varios corredores como el Schornsteinfeger-Gang. Su nombre, Hunde-perro, puede venir de la cantidad de perros callejeros que había, debido a las empresas de alimentación cercanas.


– Glockengiesserstrasse: de visita obligada, aquí se encuentran alguno de los patios y corredores más conocidos como el Glandorpshof o el Füchtingshof. El primero, de principios del S. XVII,  es el más antiguo de los patios. Fue donado por el comerciante Johann Glandorp para ayudar a 14 viudas. El segundo fue donado por el comerciante Johann Füchting para unas 20 viudas de banqueros y comerciantes. Este es uno de los patios más bonitos de la ciudad. Estos son bastantes conocidos, nosotros coincidimos con bastante gente durante la visita. Además, también se encuentra aquí la Casa Günter Grass, escritor, pintor y escultor, ganador del premio Nobel que vivió durante muchos años cerca de Lübeck. La entrada normal cuesta 8€, y se puede visitar de martes a domingo (de enero a marzo) de 11:00 a 17:00 y el resto del año de lunes a domingo de 10:00 a 17:00. Para más información, aquí. La obra más conocida de este autor es El tambor de hojalata. El nombre de la calle, Glocken- campana, viene del hecho de que, durante la Edad Media, los campaneros vivían en esta calle. Como curiosidad, aquí encontramos una panadería que vendía sólo pan integral.

Esta calle acaba en la Iglesia de Santa Catalina, que originalmente era la iglesia del antiguo monasterio franciscano desde 1225 hasta la Reforma en 1531. La única Iglesia monástica que se conserva en la ciudad, es ahora una iglesia museo. La obra de arte más importante es un cuadro de Tintoretto, única obra de este pintor en el norte de Europa. Está abierta del 14 de abril al 22 de octubre, los miércoles y domingos de 12:00 a 16:00 y la entrada cuesta 2€. Más información aquí.

Muy cerca se encuentra la Casa de Willy Brandt, un museo que conmemora al político canciller y ganador del Premio Nobel de la Paz nacido en Lübeck. Está abierto todos los días de 11:00 a 18:00 y es gratuito. Si queréis saber más sobre él, aquí tenéis un link a su biografía.

Todas estas calles llegan a la Königstrasse, una de las principales calles comerciales del centro de Lübeck. Y de allí suben hasta la calle Breite, que se encuentra en el centro del casco antiguo y donde se encuentra el famoso ayuntamiento de Lübeck y una de las entradas a la plaza del Mercado. Se puede obtener una vista bonita de la Iglesia de Santa María desde la moderna calle Schrangen. 

Pero antes se puede entrar a hacer una pausa en el café Niederegger y aprovechar para visitar su museo del mazapán. Y es que Lübeck es muy conocido por este dulce, y aunque existen varios fabricantes, este es el más famoso. A la entrada de esta cafetería, se pueden comprar las diferentes variedades de mazapán de la marca. Avisamos que es muy difícil entrar y salir sin comprar nada. También se puede uno sentar y tomar un café con algún dulce hecho con este ingrediente. Y si no os gusta el mazapán, podéis ir directemente al museo, cuya entrada es gratuita, y que se encuentra en el segundo piso. Las esculturas hechas con esta mezcla de almendra y azúcar os van a sorprender. Y si no podéis entrar, en el escaparate suelen mostrar auténticas maravillas hechas con mazapán. La cafetería abre de lunes a sábado de 9:00 a 18:00 y los domingos de 10:00 a 18:00.

Enfrente de este, hay otra cafetería Niederegger que tiene terraza en la plaza del mercado. (Niederegger Arkaden cafe).

La cafetería se encuentra justo enfrente de la escalera renacentista del increíble ayuntamiento de Lübeck, por lo que es el momento de visitar una de las zonas más bonitas de la ciudad. Esto es, el conjunto del ayuntamiento, la plaza del mercado y la Iglesia de Santa María.

Ayuntamiento: El ayuntamiento de Lübeck es, simplemente, impresionante. Estamos seguros de que os pasareis un buen rato admirándolo tanto por el lado de la calle Breite como por el de la plaza del Mercado.

Se puede visitar en una visita guiada. Según la información que hemos encontrado, estas tienen lugar a las 11, 12 y 15 entre semana y el fin de semana a las 15:30.

Es uno de los edificios más conocidos del estilo gótico de ladrillo y uno de los ayuntamientos medievales más grandes de Alemania. Su construcción comenzó en 1230, pero ha sufrido múltiples reformas y ampliaciones a lo largo de los años. Los diferentes estilos han ido dejando su impronta en las diferentes fachadas del edificio. Cuando uno observa el ayuntamiento desde la plaza del mercado, llama la atención los agujeros redondos en las paredes de la fachada, cuya función es reducir la presión del viento contra la fachada.

El ayuntamiento era también el centro de la Liga Hanseática. Los miembros se reunían regularmente, los días de la Hansa, para discutir temas, como contratos comerciales o admisión de miembros. Muchas de estas reuniones tuvieron lugar en Lübeck, en el Salón Hanseático del ayuntamiento, que despareció a principios del S. XIX. 

A día de hoy el ayuntamiento sigue siendo la sede del alcalde y el lugar de reunión de los ciudadanos. En los sótanos del ayuntamiento se encuentra un restaurante: el Ratskeller.

Ayuntamiento por la zona de la calle Breite.

Ayuntamiento zona Marienkirchhof

Ayuntamiento desde la plaza del Mercado

Plaza del mercado: La parte más bonita de la plaza es la que se encuentra enmarcada, por el ayuntamiento. Justo detrás de este, se encuentra coronando la plaza con sus dos torres, la Iglesia de Santa María. En el centro hay una reconstrucción del S. XX de un Kaak de estilo gótico, que es como se conocía a los edificios del mercado en Lübeck. En el resto de la plaza, y las calles aledañas, se notan los estragos de la II Guerra Mundial.

Se sabe que este lugar ha estado en continuo uso gracias a varias excavaciones que se han llevado a cabo. En estas se han llegado a encontrar cerámica romana. Durante la Edad Media, era en esta plaza y sus alrededores, los únicos lugares donde estaba permitido el comercio. En el S. XIII llegó a haber aquí unos 320 puestos. Durante la reconstrucción de la ciudad tras los bombardeos de 1942, se redujo el tamaño de la plaza.

En esta plaza hay varias cafeterías, en una de ellas, Maret, probamos un dulce de mazapán que estaba buenísimo. Tenían además una gran selección de tartas. Y como estábamos en Lübeck, pedimos el café con sabor a mazapán, que nos gustó bastante. Cómo nos llovió, nos sentamos en el interior, pero si hace buen tiempo, se puede disfrutar desde la terraza de la preciosa vista a la plaza. Merece la pena echar un vistazo a su escaparate, nosotros vimos las representaciones en mazapán de las diferentes iglesias de Lübeck.

Iglesia de Santa María: La entrada a la iglesia está en el Marienkirchhof. Aquí se encuentra la estatua de un pequeño diablo. Y es que, según cuenta una leyenda, este ayudó a construir la Iglesia, pensando que estaba ayudando a construir una posada. Al enterarse del error, quiso destruir el edificio con una gran piedra. Pero los ciudadanos le disuasieron diciéndole que construirían una posada junto a la Iglesia. El diablo se tranquilizó dejando la piedra en el suelo.

El Marienkirchhof es, además, un bonito rincón, que se encuentra rodeado por bellos edificios, como el ayuntamiento, las arcadas de la calle Breite y la Marienwerkhaus, el salón parroquial de la iglesia, que aunque tuvo que ser demolido en 1903, volvió a ser construido inmediatamente, fue de los pocos edificios no destruidos durante los bombardeos.

Entrar en la iglesia de Santa Maríá, bajo nuestra opininón, merece la pena. La entrada cuesta 4€ y el horario es de lunes a sábado de 10:00 a 16:00 y los domingos de 11:15 a 16:00. También se ofrecen distintos tours. El que más nos llamó la atención, pero que no pudimos hacer, es el que te lleva por los techos de la catedral. Aquí se puede encontrar la información actualizada sobre horario, precios y los diferentes tours.

Su construcción comenzó a mediados del S. XIII, en el punto más alto del casco antiguo, en el distrito de los comerciantes. Es una de las iglesias de ladrillo más grandes y se la considera la iglesia madre del gótico de ladrillo, sirviendo de modelo para muchas de las iglesias que se construyeron en este estilo en la zona del Mar Báltico. Alberga la bóveda de ladrillo más alta del mundo con 38,5 m de altura y sus torres miden unos 125 metros. Este edificio muestra el poder de los comerciantes de Lübeck en la Edad Media, que construyeron una Iglesia más alta que la propia catedral.

Durante los bombardeos de la II Guerra Mundial, la Iglesia se incendió y sufrió graves daños. La reconstrucción comenzó en 1947 y duró doce años.

Al entrar lo primero que nos llamó la atención fue su gran altura. Y lo que más destaca de la visita en nuestra opinión es:

– Los restos de las campanas que cayeron al derrumbarse las torres. Se encuentran en una capilla lateral como memorial contra la guerra, y la verdad es que nos hicieron reflexionar sobre la estupidez humana.

– Un reloj astronómico del S. XVI que, como consecuencia de los bombardeos, tuvo que volverse a construir, de manera más sencilla que el original. Si se está a las 12:00 del mediodía en la Iglesia, se puede ver el reloj en funcionamiento.

– La capilla de la Danza de la Muerte. Antiguamente, en esta Iglesia, había una pintura de la Danza de la Muerte de Bernt Notke del S. XV, pero fue destruida durante el incendio. Actualmente, en la capilla donde se situaba esta, se han colocado vidrieras que muestran los motivos y figuras de la antigua pintura.

– Por Santa María han pasado grandes organistas y compositores, siendo los más conocidos Buxtehude,  Händel y Bach. Durante el bombardeo también se perdió el órgano de la Iglesia.

– El precioso altar de Amberes de 1518.

En esta Iglesia hay una curiosa leyenda sobre un rosal y un ratón. Según esta, un hermoso rosal crecía en las afueras de la Iglesia en el año 1200. Se decía, que mientras este floreciese, la ciudad sería libre. Pero una mañana el rosal apareció completamente marchito. La causa era un ratón que había anidado junto a sus crias en las raíces de la planta. Poco después, Lübeck tuvo que rendirse a los daneses. Cuando la ciudad recuperó la libertad, se mandó esculpir  detrás del coro el ratón y el rosal, como recordatorio de que una desgracia puede venir de repente como consecuencia de un pequeño error. El ratón está totalmente oscurecido debido a que la gente acariciaba a este animal. Se puede ver en la esquina del relieve que se ve en la quinta foto. 

– Los bellos frescos medievales. Estos se encontraban bajo el yeso y, tras el incendio de 1942, salieron a la luz. Sobre estos hay una historia digna de una novela policiaca. En la restauración de las pinturas trabajó el pintor Lothar Malskat, que creó sus propios frescos al estilo medieval en aquellas zonas en las que no había nada. La falsificación se descubrió en 1952 . Estas pinturas fueron borradas. Günter Grass, habla sobre este hecho en uno de sus libros, die Rättin, La Ratesa.

Volviendo por la calle Breite se llega a la Iglesia de Santiago, Jakobikirche. De camino se puede ver una escultura que recuerda el lugar donde pasó la infancia uno de los habitantes más celebres de Lübeck, el escritor y ganador del premio Nobel Thomas Mann. La casa fue destruida durante los bombardeos de 1942.

La iglesia de Santiago fue consagrada en el S. XIV como iglesia de los marineros y pescadores. En su torre destacan cuatro bolas que fueron añadidas en el S. XVII y que la hacen inconfundible. Esta no sufrió daños durante el bombardeo de 1942.

Muy cerca de la Iglesia se encuentra el Hospital del Espíritu Santo, un bello edificio del S. XIII que llama la atención. Es una de las instituciones sociales existentes más antiguas del mundo. Ya desde la Edad Media, en el hospital se atendía a los más desfavorecidos de la ciudad. Fue fundado por los ricos comerciantes de la ciudad, que además de ayudar querían asegurarse su entrada al cielo. Estuvo en uso hasta 1970. A día de hoy, algunas partes funcionan como residencia de ancianos.

Nos quedamos con las ganas de entrar para ver los frescos que lo decoran y los cubículos donde vivían sus residentes. Por desgracia, no lo vimos abierto ninguna de las veces que pasamos. Abre de martes a domingo de 10:00 a 17:00 en verano y hasta las 16:00 en invierno y la entrada es gratuita.

De todas formas tenemos pendiente visitar el Hospital en la época de Adviento, cuando en su interior se celebra un mercado de navidad de artesanía que dura unos 10 días y, que dicen, merece la pena visitar.

La calle continúa hasta la puerta del castillo o Burgtor, que era la entrada norte de las antiguas murallas. Esta es, junto a la Holstentor, las únicas puertas que se conservan a día de hoy, siendo la Burgtor la más antigua. Se construyó en 1444 y era la primera puerta de un sistema de tres. Se llama así porque aquí se encontraba el castillo de Lübeck, que pasó a ser el monasterio dominicano de María Magdalena a comienzos del S. XIII. Esta es la única de las cuatro puertas de la muralla que fue atacada y superada por los enemigos. Así en 1806, los franceses entraron a Lübeck por la Burgtor. Saliendo por ella se pueden ver las maquetas de las antiguas puertas derruidas.

A los lados de la puerta se encuentran la antigua casa de aduanas y los establos o Marstall, que formaban parte de las fortificaciones de Lübeck y que ahora funcionan como centro juvenil.

Entrando por la puerta de los establos, se accede a un patio donde hay un mirador con vistas al río Trave. Desde aquí se puede observar el puerto y los barcos allí amarrados, muchos de ellos históricos.

Aquí se encuentra también el monasterio del castillo. Este se disolvió tras la Reforma de 1531, y se transformó en un asilo. Más tarde, en el S. XIX, funcionó como palacio de Justicia y en el 2015, pasó a formar parte del Museo Hanseático Europeo. Este trata sobre la Liga de la Hansa, que dominó el comercio en el mar Báltico desde el S.XIV. Hechos como el descubrimiento de América o el desarrollo de la fuerza marítima holandesa e inglesa, debilitaron la liga. A mediados del S. XVII, sólo Bremen, Lübeck y Hamburgo formaban parte de esta organización comercial, que en su apogeo llegó a tener unos 200 miembros. Aún hoy la aerolínea nacional alemana se llama Lufthansa, La Hansa del aire. Para más información sobre la visita, aquí.

Saliendo por la puerta principal del museo, la ruta empieza a llegar a su fin. Pero todavía queda por descubrir una parte preciosa de la ciudad, donde se ven elegantes edificios y casas patricias. Y es que aquí vivían los comerciantes y personas de más riqueza. Estas calles conducen al rio Trave y al puerto. Por esta zona hay también bastantes corredores que se merecen un vistazo.

Engelswisch: la entrada a otro de los corredores más conocidos el Hellgrüner Gang, que conecta con el Dunkelgrüner Gang (corredores verde claro y oscuro), se encuentra aquí. Este sistema de corredores sale a la calle Untertrave, que corre paralela al río. También se puede entrar desde Alsheide.

– Engelsgrube: Esta fue la primera calle que nosotros recorrimos del casco antiguo. Y mientras paseábamos por ella, supimos que Lübeck nos iba a enamorar. Su nombre hace referencia al hecho de que los barcos que comerciaban de Inglaterra atracaban en esta parte del puerto. En uno de sus extremos se encuentra la Iglesia de Santiago, y en el otro la plaza Drehbrückendonde uno puede sentarse a descasar en sus escaleras con vistas al Trave. 

Esta calle no se vió afectada por los bombardeos, por lo que muchos de sus edificios son históricos. Además, toda la calle tiene muchísimo encanto. Muchas de las calles de las que hablaremos a continuación, sí que se vieron afectadas. Esto se nota, pues la zona alta de estas, próxima al ayuntamiento y a Santa María, presentan edificios modernos, y es sólo la zona baja la que mantienen edificios históricos.

Fischergrube: que se llama así por los pescadores que aquí vivían.  

Beckergrube: en esta calle se encuentra, en un bonito edificio, la tienda de vinos H. F. von Melle. Fue aquí donde compramos el vino Rotspon, del que hablamos un poco más adelante. La calle termina enfrente del palacio de música y congresos. 

Mengstrasse: la zona cercana al río de esta calle, a pesar de que la vimos en obras, nos encantó. Las casas patricias recuerdan la riqueza de sus antiguos habitantes. Pocas calles del mundo podrán presumir de haber sido residencia de la familia de dos premios Nobel. Así, en Mengstrasse, vivió la familia de Thomas Mann y el padre de Willy Brandt. 

La calle se hizo famosa gracias a la obra de Thomas Mann, Los Buddenbrook, por la cual, principalmente, el escritor ganó el premio Nobel. En ella, se cuenta la vida de una prospera familia de comerciantes de Lübeck del S. XIX. Esta vivía en una casa situada en Mengstrasse 4, que realmente fue casa de la familia Mann. Actualmente solo se conserva la fachada, y aloja el centro Heinrich-Thomas Mann, donde se trata el famoso libro y la vida de la familia Mann, pero que se encuentra cerrado por obras de restauración.

En la parte de la calle donde se encuentra la Iglesia de Santa María se pueden ver los restos de la antigua capilla María am Stegel la cual no fue reconstruida tras los bombardeos.

Si no se quiere callejear más, también se puede volver al inicio de la ruta, la puerta de Holsten, por el otro lado del río disfrutando de las vistas de la ciudad.

Otras actividades para disfrutar de la ciudad de Lübeck:

El río Trave, que rodea el casco antiguo, es un río navegable que desemboca en el mar Báltico, a unos 17 kilómetros de la ciudad en el distrito de Travemünde. Un viaje en barco por el Trave, alrededor del centro de Lübeck, es una forma de disfrutar de la ciudad desde una perspectiva diferente. Aquí se puede reservar un tour por el río que, además, viene con sorpresa. Nosotros solemos montar siempre en barco, en aquellas ciudades con río, es, además, un momento donde descansamos después de haber recorrido las calles de algún centro histórico. 

Por otro lado, aquí se puede reservar un tour que te permite conocer la ciudad a la vez que se realiza una búsqueda del tesoro.

Productos típicos de Lübeck:

Ya hemos hablado del mazapán, que no sólo se puede comprar en Niederegger, sino que también hay más tiendas como Marzipan-Speicher, o Erasmi and Carstens, entre otros. Tampoco hace falta viajar a Lübeck para disfrutar de los mazapanes de Niederegger.

Otro producto típico de la ciudad, es un vino tinto llamado Lübecker Rotspon, que es un vino producido en Francia y mejorado en Alemania. Ya desde el S. XIV, la sal se transportaba de Lübeck al golfo de Vizcaya como conservante alimentario. En el viaje se aprovechaba para traer de vuelta a Lübeck barriles de roble llenos con vino de Burdeos, con el fin de mejorarlo envejeciéndolo en el mar y dejándolo madurar más tarde en las bodegas de la ciudad.

Según se cuenta, cuando Lübeck sufrió la ocupación francesa a principios del S. XIX, las tropas de Napoleón se sorprendieron al probar el vino de Burdeos de esta ciudad, pues este sabía mejor que el de Francia. En la novela The Buddenbrooks de Thomas Mann se menciona este vino.

Dónde comer:

Nosotros, debido a las restricciones por la pandemia, decidimos comer la mayor parte de los días en nuestro apartamento. Así que nos quedamos con las ganas de probar algunos de los sitios que teníamos apuntado:

Schiffegsellschaft, un elegante restaurante con gran tradición en esta ciudad. Se encuentra en el edificio del gremio de los marineros en la calle Breite.

Una comida típica del norte de Alemania es el Fischbrötchen, bocadillo de  pescado. El más comun es el de arenque pero también los hay de más tipos de pescado como salmón o camarones. A nosotros nos encantan. Teníamos apuntado para comer pescado el Fangfrisch Lübeck (An der Untertrave 51), que tiene dos opciones, restaurante o puesto de comida rápida a orillas del río, muy cerca el uno del otro.

Además, nos encantan las cerveceras alemanas. Una que nos pareció que tenía buena pinta es la Brauberger zu Lübeck en Alfstrasse 36.

Este post sobre gastronomía alemana seguro que es de ayuda a la hora de entender el menú de los restaurantes y no equivocarse en el pedido.

Donde dormir

Como ya hemos dicho, la primera vez que viajamos a Lübeck fue en una excursión de día desde Hamburgo. La segunda nos quedamos cinco días, en los que aprovechamos para hacer excursiones a sitios cercanos, de los que ya hablaremos en futuros posts.

El apartamento en el que estuvimos lo cogimos por Airbnb. No ponemos el link porque no lo recomendamos. Y es que se encontraba a una media hora andando del centro. Pero fue de lo poco que encontramos. El estado federado de Schleswig-Holstein, donde se encuentra Lübeck, fue de los primeros que levantaron las restricciones debidas a la pandemia en Alemania. En cuanto anunciaron la apertura, organizamos el viaje con muy pocos días de antelación. Sospechamos, además, que no todos los alojamientos estaban disponibles.

Si se va a dormir en Lübeck, recomendamos hacerlo en el casco histórico. A nosotros nos gustó mucho el ambiente tranquilo de la zona sur de la ciudad. Pero cualquier zona del centro nos parece estupenda para alojarse. 

Vimos alojamientos que se encontraban en los típicos patios y corredores de Lübeck. La verdad es que esto sería una manera ideal de disfrutar, todavía un poco más, del maravilloso ambiente de Lübeck.

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Nos gusta mucho sacar fotografías en nuestros viajes. Para ello llevamos la cámara Nikon D3400 con objetivo Tamron 18-200. En los viajes largos llevamos también nuestra antigua cámara, la Canon Powershot G5x, por si tenemos problemas con la primera. Además, esta sigue siendo nuestra primera opción si vamos a la montaña, pues es pequeña y ligera. Siempre llevamos varias tarjetas de memoria. La mochila que usamos para llevar las cámaras es esta.

Nuestra guías favoritas para preparar nuestro viajes son la DK y la Lonely Planet. Además nos encantan los libros de Kunth, que siempre proponen muy buenas rutas y las fotos invitan a viajar. El problema es que son en aleman.

7 comentarios en “Lübeck: qué ver en la Reina de la Hansa.”

  1. ¡Qué pasada de ciudad! No me extraña que os enamorara, por lo que cuentas y las fotos, debe de ser una maravilla. ¡Estaría genial organizar una visita juntos! 🙂

  2. Que chula la ciudad, no la conocíamos. Este verano vamos a estar unos días (4) por esa zona, en principio nos quedaríamos en Hamburgo y pensábamos visitar Bremen y después de leer el post, igual Lübeck 🙃 ¿Alguna otra recomendación?

    1. Hola, ya nos alegramos que os haya gustado la ciudad. Lübeck es preciosa, pero Bremen también. Pero si nos tuviesemos que quedar con una, seguramente sería Lübeck. En unos días vamos a publicar un post sobre Schleswig Holstein, que igual os da más ideas, lo más interesante, bajo nuestro punto de vista es la costa oesta, con sus playas, sus islas y el Wattenmeer y uss mareas bajas (que llega hasta Bremen). Pero además, ciudades preciosas cerca de Hamburgo tenéis Lüneburg, que la visitamos este verano y nos encantó, y Wismar o Schwerin en las que todavía no hemos estado y os pillan un pelín más lejos. Y por supuesto Hamburgo, que también merece la pena, aunque es mucho más grande y la atmósfera es completamente diferente.

      1. Gracias por la info!! Estaremos atentos a ese post. Aun nos queda tiempo para el viaje pero estamos intentando cerrar ya la ruta y estamos con las típicas dudas que surgen cuando quieres ver todo pero tienes que elegir 😅

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