Irlanda: Cobh, Kinsale, abadía Timoleague, Dromberg Stone Circle y Killarney

En nuestro tercer día de ruta visitamos Cobh, que fue el último puerto del Titanic, alucinamos con los colores llamativos del pueblo pesquero de Kinsale, visitamos las ruinas de la abadía franciscana de Timoleague, retrocedimos miles de años en Dromberg y nos tomamos nuestra primera Guinnes en un pub de Killarney. ¿Nos acompañas?

Collage de 8 fotos sobre que ver en Kinsale

Lunes, 04-Oct-2021

Visita a Cobh

Nos despertamos en Cobh, en el hotel Commodore, un hotel histórico en el centro de la ciudad que, como ya te contamos en el post anterior sobre nuestra ruta por Irlanda, dicen que está encantado. Nosotros, la verdad, pasamos muy buena noche sin oír ruidos extraños. 

Lo primero que hicimos fue abrir la puerta de la habitación. Colgando del pomo estaba ya nuestro desayuno: y es que esta es la nueva forma de servirlo en época de pandemia. Eso sí, para que nos subieran los cafés tuvimos que llamar a recepción.

Sin ser nada especial, bollería, fruta y zumo, lo encontramos suficiente y, con energías renovadas, nos dispusimos a conocer la colorida ciudad de Cobh.

Nuestra ruta empezó enfrente de nuestro hotel, en el paseo marítimo, donde disfrutamos de la vista del mar y vimos columpios y un bonito pabellón de música.

Camino al puerto nos llamó la atención una iglesia poco cuidada con columnas corintias, que, en nuestra opinión, desentonaba un poco en aquel lugar. 

Enseguida llegamos al edificio de ladrillo rojo del Cobh Heritage Center, que era una antigua estación de tren victoriana y que estaba cerrado por ser lunes. 

Justo enfrente del edificio vimos la estatua de Annie Moore y sus hermanos.

En la actualidad el Cobh Heritage center abre todos los días y puedes visitarlo también dentro de esta visita cultural, que incluye una visita guiada por la ciudad.

Tras observar la actividad del puerto de Cobh, nos dirigimos a la que, a día de hoy, es la imagen más famosa de la ciudad: la calle West View con sus casas de colores coronadas por la catedral de San Colmán. 

Para ello, subimos por las escaleras que llevan al museo de Cobh y, girando a la derecha, tomamos la calle Spy Hill

Esta es una calle muy tranquila, con casas bonitas y buenas vistas al mar. Además, durante el paseo íbamos viendo la imponente catedral de San Colmán, que, con sus 91 metros de altura, es la iglesia más alta de Irlanda. 

Y llegamos a la empinada West View, que es muy pintoresca, con todas las casitas de colores alineadas.

A mitad de camino, hay un parque desde donde hay una vista muy bonita de las casas con la catedral por encima de ellas.

Sin embargo, nosotros andábamos buscando la imagen donde se ve también el mar al fondo, por lo que, en Spy Hill, donde está indicado como point de vue en Google maps, elevamos la cámara por encima del muro que había y nos estiramos todo lo que pudimos para sacarla. 

Después de pasar un tiempo en el parque de West View, volvimos sobre nuestros pasos y nos dirigimos a la catedral. 

Por el camino veíamos lo empinadas que eran las calles de Cobh y lo colorida que era la ciudad y teníamos siempre las el mar de fondo. 

Enseguida llegamos a la catedral, donde entramos de manera gratuita. De su interior nos gustaron mucho sus vidrieras.

Y bajamos hasta la plaza Casement, donde está el memorial al Lusitania y, enfrente, el antiguo edificio de las oficinas de White Star Line, la compañía naviera dueña del Titanic, que ahora alberga el Titanic Experience Cobh.

Detrás del edificio se conservan los restos del puerto de madera desde el cual 123 pasajeros fueron transportados en barcos al Titanic, que estaba atracado algo más lejos del puerto.

Justo al lado, está la plaza Pearse con el memorial al Titanic

Ambas plazas tienen mucho ambiente y en ellas hay pubs y restaurantes y, además, sus edificios tienen colores muy llamativos.

La noche anterior, en nuestra frustrada búsqueda de restaurante, recorrimos la East Beach, una calle con tiendas y restaurantes, y llegamos hasta el edificio que fue el antiguo ayuntamiento de Cobh.

Antes de poner punto y final a la visita, nos acercamos al muelle JF Kennedy, desde donde tuvimos una vista preciosa de Cobh, con sus casas de colores y la catedral de San Colmán sobre ellas, y donde pudimos ver el antiguo muelle de madera. 

Si te ha gustado, puedes reservar esta excursión por el condado de Cork, que incluye la visita a Cobh o unirte a este recorrido histórico por la ciudad.

Y, para saber más sobre esta ciudad, te recomendamos leer qué ver en Cobh, el último puerto del Titanic, donde te contamos muchas más cosas sobre ella.

Visita a Kinsale

Tras el paseo por Cobh nos dirigimos a Kinsale, que estaba a menos de 1 hora en coche. 

 

Antes de llegar al centro, visitamos el fuerte de Carlos, que se encuentra a las afueras de Kinsale y fue construido en el s. XVII. En general, la visita es de pago, pero nosotros lo visitamos de manera gratuita devido al Covid.

El coche lo aparcamos justo al lado del fuerte y tampoco tuvimos que pagar.

Puedes conocer Kinsale y el fuerte de Carlos uniéndote a esta excursión de un día por el condado de Cork.

La visita fue por libre, aunque a la entrada había trabajadores que informaban sobre la visita y respondían muy amablemente a las preguntas.

Así, caminando entre las ruinas, fuimos descubriendo sus diferentes áreas: las casamatas, los barracones, el faro y, por supuesto, disfrutamos de las maravillosas vistas que había del puerto de Kinsale. La zona es muy verde y las vistas al mar le dan a las ruinas un punto especial. 

Asimismo, desde aquí tienes vistas al otro fuerte de Kinsale, el de Jaime, que está justo enfrente y lo puedes visitar de manera gratuita, pero está peor conservado.

El fuerte tiene un tamaño considerable y recorrerlo nos llevó algo menos de 1 hora, pero, al empezar a llover, aceleramos un poco el paso.

De aquí condujimos hasta el centro de Kinsale, que fue uno de los pueblos más bonitos que visitamos en nuestro viaje, con estrechas calles medievales y coloridos edificios.

Nosotros aparcamos en una de las calles principales y, en aquel momento, las 2 primeras horas de aparcamiento eran gratis, por lo que no pagamos nada.

Este pueblo pesquero se recorre con facilidad y es también famoso por la calidad de su comida. De hecho, en Kinsale organizan un festival anual de alta cocina que atrae a bastantes visitantes. 

Kinsale es un pueblo pequeño perfecto para perderse por sus coloridas calles. Nosotros paseamos hasta que comenzó a llover y tuvimos que marcharnos. 

Durante el paseo queríamos fotografiar cada fachada que veíamos, las de los pubs, las de las tiendas y las de las galerías de arte, de las que vimos varias. Por supuesto, pasamos por el rincón más fotografiado y colorido, Newman´s Mall, que nos encantó.

Nosotros estuvimos unas 2 horas conociendo Kinsale, incluida la pausa de la comida, aunque nos hubiera gustado quedarnos un poco más para pasear por el puerto, pero comenzó a llover y decidimos continuar hacia nuestro próximo destino.

Además de pasear por sus calles, visitamos la iglesia de San Multose, que nos sorprendió por su interior, donde, además, estaban tocando el órgano, así como el castillo de Desmond, un edificio de piedra construido en 1500 como aduana, que es conocida como la prisión francesa.

Y aunque no entramos, pasamos frente a la antigua casa del mercado, que alberga el museo de Kinsale.

Si quieres saber más sobre esta bonita localidad, puedes leer qué ver en Kinsale.

En Kinsale, no sabemos si por ser lunes, por la hora o por el Covid, encontramos muchos locales cerrados. Aun así, vimos varias opciones de restaurantes que nos llamaron la atención.

Al final, comimos en el Lemon Leaf cafe, un local que tenía buena pinta, así como buenas opiniones. El lugar tenía muy bien ambiente y la comida estuvo muy rica. Además, el servicio fue muy amable, también con la pequeña. Probamos por primera vez el seafood chowder, que nos encantó. Asimismo, pedimos unos huevos Benedict y 2 capuchinos. Pagamos 26,50€ y nos quedamos con ganas de probar algún dulce o alguno de sus batidos.

Nuestro siguiente punto en la ruta era Timoleague, donde íbamos a visitar las ruinas de la abadía del mismo nombre y que está a 25 km de Kinsale.

El camino, al igual que en los días anteriores, no nos decepcionó: puentes, lagos, pueblos con casas de piedra y puertas de colores vistosos, se iban sucediendo a ambos lados de la carretera.

Pasamos por Clonakilty, una ciudad que teníamos apuntada como posible parada y que nos pareció muy animada y compartía la estética de otras localidades irlandesas. 

Clonakilty es famosa por su black pudding, que nos quedamos con ganas de probar, y para los niños hay una recreación en miniatura de la vía ferroviaria de la villa de Clonakilty y alrededores, el West Cork Model Railway Village

Visita a la abadía de Timoleague

Y llegamos a Timoleague, un pueblo que se parecía a los que íbamos viendo, con un par de calles donde había casas bajas una detrás de otra, algún pub y otras 2 iglesias.

La abadía se llama en irlandés Tigh Molaige o casa de Molaga y está a orillas del río Argideen, con vistas a la bahía de Courtmacsherry.

Esta fue fundada a finales del s. XIII, o principios del s. XIV, por los franciscanos, sobre un asentamiento monástico anterior del s. VI, que fue fundado por San Molaga, de dónde le viene el nombre. 

Se cree que fue él, que es conocido como el santo irlandés de las abejas, quien trajo la miel a Irlanda y aun hoy esta zona sigue produciendo este producto. 

La comunidad franciscana vivía en estricta austeridad y pobreza conforme las reglas de la orden, así que los detalles arquitectónicos son muy sencillos. Los frailes permanecieron aquí hasta 1642, cuando, tanto el convento como la ciudad, fueron incendiados por soldados ingleses. 

Bajo nuestra opinión, lo mejor de la abadía son las vistas que se obtienen de ella desde el puente, especialmente en días con buen tiempo, cuando la abadía se refleja totalmente en el rio. 

Además, la visita es gratuita y puedes pasear libremente por las ruinas, descubriendo sus diferentes estancias, aunque, al no haber información, tampoco sabes muy bien lo que estás viendo. Nos sorprendió que la abadía estuviese llena de lápidas, también actuales.

Cuando fuimos, la abadía estaba en obras, así que los andamios estropearon un poco nuestra experiencia. Asimismo, debido a esto, me llevé un susto enorme. 

Y es que la pequeña se había quedado dormida en el coche, por lo que decidimos visitarla por separado. Estaba yo tranquilamente paseando por las ruinas llenas de lápidas, totalmente sola, cuando, de repente, oí un ruido de pasos. Se me paró el corazón, yo que soy muy aprensiva y los cementerios no me gustan mucho, pero resultó que era un obrero que andaba por ahí trabajando.

Si te pilla de camino no está mal como parada rápida, pero después de todas las abadías que visitamos en Irlanda, esta fue una de las que menos nos gustó.

Visita al círculo megalítico de Drombeg

Y de allí nos dirigimos al círculo megalítico de Drombeg, que está a unos 30 kilómetros. El último tramo de carretera era muy estrecho, sólo para un coche, pero por fortuna no nos cruzamos con nadie. 

Al llegar, nos encontramos sólo con una pareja que se estaba ya yendo. El coche lo dejamos en el aparcamiento que se encuentra a unos 5 minutos andando del círculo.

Este, que también se conoce como el altar del druida, está formado por 17 menhires y tiene 9,5 metros de diámetro. El círculo se remonta aproximadamente al año 1100-800 a.C y está orientado de tal forma que en el solsticio de invierno el sol se alinea con el eje principal. Cerca de él se han encontrado restos de una vivienda y un fogón de la edad de Hierro. 

Cuando llegamos ya no llovía y había salido el sol, así que pudimos disfrutar tranquilamente de las vistas que se obtienen del valle. 

Todo era muy verde y el cielo tenía un azul precioso, además había vacas, vamos, que nos encontramos con un paisaje muy idílico que nos pareció maravilloso después del cielo grisáceo que nos había acompañado en la visita a la abadía.

Visita a Killarney

Después de sorprendernos por la pericia de nuestros antepasados, emprendimos el camino hacia nuestro último destino: Killarney o Cill Airne ‘la iglesia de las endrinas’, donde pasamos un par de noches. Las carreteras nos parecieron igual de malas que en días anteriores, eso sí, todo muy verde.

Qué ver en Killarney

Esta ciudad es un destino turístico importante por su proximidad al parque nacional de Killarney, la península de Dingle o el anillo de Kerry y, al pasear por sus calles llenas de tiendas, pubs y restaurantes, puedes entender porque es una opción perfecta para dormir mientras se explora esta área. 

Sin embargo, la ciudad en sí no tiene mucho que ver, aparte de la catedral de Santa María, que empezó a construirse en 1842, pero que no se finalizó hasta 1907 debido a la falta de dinero y a la gran hambruna. No conseguimos verla abierta, pero puedes visitarla de manera gratuita.

Por cierto, hay un autobús turístico que recorre los lugares más emblemáticos de los alrededores de Killarney, por si no tienes coche.

Dónde comer en Killarney

En Killarney hay una gran oferta de restaurantes, nosotros probamos estos 2:

Laurel´s Pub: Tanto el ambiente como el servicio nos gustaron mucho y la comida estaba muy rica, aunque nos repitió un poco por la noche. Además, le sacaron a la pequeña un dibujo y pinturas.

Pedimos costillas y tarta de patata, además de un menú infantil que eran palitos de verdura. Tomamos también 2 cervezas y pagamos 55€.

Caragh Restaurant: Comimos muy bien. Pedimos Chowder, salchichas para la niña y pastel de carne, además de dos cervezas. Pagamos 35 €.

De los dos, el segundo fue el que más nos gustó a nivel comida. Pero el ambiente fue mejor en el primero.

Dónde dormir en Killarney

Nosotros no encontramos nada que se ajustase a nuestra búsqueda en el centro de Killarney, y eso que la ciudad tiene una gran capacidad hotelera, por lo que acabamos alquilando un cuarto con baño privado en una casa familiar que, según Google, estaba a unos 15 minutos. 

La familia era muy simpática, pero la casa se encontraba en una zona sin restaurantes, ni supermercados cerca y nos costó llegar más de lo que indicaba el navegador. En parte porque la carretera hasta ella no era muy buena. 

Dónde aparcar en Killarney

Las dos noches que cenamos aquí aparcamos en el parking que está en el centro, justo detrás del pub Laurels. Es de pago, pero a partir de las 18:30 es gratuito.

Otras posibles visitas en la ruta

En el día de hoy dejamos fuera la ciudad de Cork y el castillo de Blarney. No porque no fueran interesantes, sino por no saturar el día. 

De todos modos, puedes conocer esta ciudad uniéndote a un free tour por Cork y el castillo de Blarney y su famosa piedra se pueden visitar reservando este tour desde Dublín al castillo de Blarney y a Cork.

De haber incluido Cork en nuestra ruta, una opción para llegar a Killarney hubiera sido seguir el curso del río Lee, que no hubiera sido una mala idea.

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