Irlanda: Cobh, Kinsale, abadía Timoleague, Dromberg Stone Circle y Killarney

Lunes, 04-Oct-2021

En nuestro tercer día de ruta visitamos la ciudad de donde partió la primera inmigrante en ser admitida en los Estados Unidos a través del centro de inmigración en la isla de Ellis, alucinamos con los colores llamativos de un pueblo pesquero, visitamos las ruinas de una abadía franciscana a la orilla de un río, retrocedimos miles de años en Drombeg y nos tomamos nuestra primera Guinnes en un pub de Killarney. ¿Nos acompañas?

Nos despertamos en Cobh, en el hotel Commodore, un hotel histórico en el centro de la ciudad que, según cuentan, está encantado (para más información aquí). Nosotros pasamos muy buena noche sin oír ruidos extraños. Lo primero que hicimos fue abrir la puerta de la habitación para recoger el desayuno que ya estaba colgando del pomo de la puerta. Esta es la nueva forma de servirlo en época de pandemia, y llamamos a recepción para que nos subieran dos capuchinos. No fue nada especial pero lo encontramos suficiente, bollería, fruta y zumo.

Esta ciudad portuaria se encuentra en la Gran Isla en el puerto de Cork. Cobh cambió su nombre en 1849 por Queenstown tras una visita de la reina Victoria, pero recuperó su antiguo nombre en 1922. La ciudad tiene uno de los puertos naturales más grandes del mundo.

A principios del s. XIX, debido a la agitación internacional, Cobh experimentó un gran desarrollo gracias a la protección natural de su entorno portuario, convirtiéndose en un  importante centro para propósitos militares.

Cobh fue también el principal puerto para los irlandeses que querían emigrar a América y, durante los s. XIX y XX, de aquí partieron unos 2.5 millones de irlandeses buscando nuevas oportunidades. Entre ellos Annie Moore, que se convirtió en la primera inmigrante en ser admitida a través del centro de inmigración en la isla de Ellis (donde se encuentra la estatua de la libertad) en el puerto de Nueva York, el 1 de enero de 1892.

Además Cobh también era un puerto importante para barcos de lujo de pasajeros. En 1838 el Sirius hizo su primer cruce transatlántico a vapor desde aquí. Y esta ciudad fue la última parada del Titanic antes de su hundimiento en 1912. Tres años más tarde, el Cunard RMS Lusitania fue hundido por un submarino alemán frente al Old Head en Kinsale, al sureste de Cobh.

Qué hacer en Cobh:

Nuestra ruta por Cobh empezó enfrente de nuestro hotel, en el paseo marítimo. 

Enseguida nos llamó la atención un edificio poco cuidado con columnas corintias que en nuestra opinión desentonaba un poco. Llegamos al edificio de ladrillo rojo del Cobh Heritage Center donde se cuenta la historia de la ciudad tan ligada al mar. Al ser lunes estaba cerrado pero podeís encontrar más información aquíJusto enfrente se encuentra la estatua de Annie Moore y sus hermanos.

Tras observar la actividad del puerto de Cobh, nos dirigimos a la que, a día de hoy, es la imagen más famosa de la ciudad:la calle West View con sus casas de colores coronadas por la catedral de S. Colmán. Para ello subimos por las escaleras que llevan al museo de Cobh y, girando a la derecha, tomamos la calle Spy Hill. Es una zona muy tranquila, con casas bonitas y buenas vistas al mar y a las islas. Además, durante el paseo se va viendo la imponente catedral de S. Colmán, que con sus ~90 metros es una de las iglesias más altas de Irlanda. Y llegamos a la empinada West View. La calle, con las casitas de colores todas alineadas, es muy pintoresca y a esas horas no había nadie. A mitad de camino hay un parque desde donde se obtiene una vista muy bonita de las casas con la iglesia por encima de ellas.

Pero, si lo que se está buscando es la foto donde se ve el mar al fondo y la iglesia al completo, entonces hay que dirigirse a Spy Hill a la altura del parque. Para sacarla hay que elevar la cámara por encima del muro y estirarse todo lo que uno pueda para poder sacarla. Si se es alt@, que no es para nada nuestro caso, se tendrá ventaja.

Después de pasar un tiempo en el parque, volvimos sobre nuestros pasos y nos dirigimos a la catedral. Por el camino se van viendo lo empinadas que son las calles de Cobh y lo colorida que es la ciudad y se va disfrutando de las vistas al mar. La catedral de S. Colmán, que se terminó de construir en 1919, se puede visitar de forma gratuita. El interior es luminoso y tiene unas vidrieras muy bonitas.

Y bajamos hasta la plaza Casement, donde se encuentran el ayuntamiento y el memorial al Lusitania. Enfrente se encuentra el antiguo edificio de las oficinas de la compañía naviera White Star Line (la compañía naviera dueña del Titanic), y detrás se pueden ver los restos del puerto de madera desde el cual emigraron tantos irlandeses y 123 personas se subieron al Titanic en su última parada. Justo al lado está la plaza Pearse con el memorial al Titanic. Ambas plazas tienen mucho ambiente y en ellas hay pubs y restaurantes y, además, sus edificios presentan colores muy llamativos.

La noche anterior en nuestra frustrada búsqueda de restaurante recorrimos la East Beach, una calle con tiendas y restaurantes, y llegamos hasta el edificio que fue el antiguo ayuntamiento de Cobh.

Y antes de poner punto y final a la visita no se puede uno olvidar de echar una última ojeada a la ciudad desde el puerto. 

Durante la visita, se van encontrando placas informativas en distintas partes de la ciudad las cuales componen el Titanic trail. Si se dispone de más tiempo se puede hacer la ruta completa.

Más cosas para hacer en Cobh

Si se dispone de más tiempo, siempre es buena idea hacer algún tour guiado para conocer la ciudad más a fondo, aquí os dejamos varias ideas.

– El Titanic Trail: Un tour guiado en el que se enseña la ciudad a la vez que se explica su historia ligada  a la del Titanic, más información aquí.

– El tour fantasma donde se escuchan las historias más sobrenaturales de la ciudad, información aquí.

– Visitar la Titanic experience en el antiguo edificio de las oficinas de la compañía naviera White Star Line, donde te cuentan la historia de los 123 pasajeros que se subieron al Titanic en su última parada y su viaje en el barco.

– O se puede tomar un ferry y visitar las islas Fota y Spyke.

– Si lo que se quiere es andar, se puede recorrer la ciudad de Cobh hasta llegar al Jardín memorial del Titanic.

– Si no se dispone de coche siempre se puede visitar Cobh dentro de un tour organizado, más información aquí.

Dónde dormir en Cobh:

Nosotros nos quedamos en el hotel Commodore que se encuentra en un edificio histórico en el centro de la ciudad. Este hotel de 3 estrellas fue el más caro de todo nuestro viaje. El servicio fue muy amable y el desayuno estaba incluido. Debido a las medidas anti COVID, el comedor estaba cerrado, y el desayuno se redujo a un pequeño picnic en una bolsa de papel que colgaban cada mañana en las puertas de las habitaciones. La cama era cómoda y la habitación espaciosa. Pero el baño, especialmente la ducha, nos dejó un poco fríos. La habitación, en general, nos pareció un poco anticuada. Nuestra habitación daba a un patio interior, pero si se reservan las habitaciones que dan al mar, se tiene uno que levantar con unas vistas al mar bien bonitas. No llegamos a probar su restaurante pero tenía muy buena pinta.

Dónde aparcar en Cobh:

Nosotros encontramos sitio en la calle principal delante de nuestro hotel. En Cobh las 3 primeras horas de aparcamiento son gratis, por lo que como el domingo no se paga y nuestra visita a la ciudad terminó antes de que expirasen las primeras 3 horas, no tuvimos que pagar. De no haber encontrado una plaza en la calle, hubiéramos ido a un parking gratuito que teníamos apuntado detrás de la catedral de S. Colmán.

Tras el paseo por Cobh nos dirigimos a Kinsale que estaba a menos de 1 hora en coche. Pero antes de llegar, visitamos el fuerte de Carlos, que se encuentra a las afueras de esta localidad. En general, la visita al fuerte es de pago, pero nosotros lo visitamos de manera gratuita. Como siempre, aquí dejamos el link a la página donde se encuentra la información actualizada sobre la visita. El coche se aparca justo al lado del fuerte y tampoco tuvimos que pagar.

Este fuerte, llamado así en honor al rey Carlos II, fue construido por los británicos entre 1678 y 1682 sobre las ruinas de una fortaleza anterior. Presenta forma de estrella y está diseñado para resistir el ataque de cañones. Su objetivo era proteger el puerto y prevenir la invasión de Irlanda por los enemigos de los británicos.

El fuerte es muy resistente por el lado que da al mar, sin embargo las defensas del lado que da a tierra nunca fueron completadas. Este hecho fue aprovechado en 1690 durante una batalla que duró 13 días entre las fuerzas leales al rey Guillermo III y las leales al rey Jaime II. La armada del rey Guillermo salió victoriosa en la única batalla que tuvo lugar aquí.

Se ha utilizado como cuartel de infantería y artillería, como almacén militar y campo de entrenamiento. Durante la Guerra Civil irlandesa el fuerte fue incendiado en 1922.

La visita fue por libre (aunque a la entrada había trabajadores que informaban sobre la visita y respondían muy amablemente a las preguntas), por lo que caminando entre las ruinas fuimos descubriendo las diferentes áreas: las casamatas, los barracones, el faro… y, por supuesto, disfrutando de las maravillosas vistas que se obtienen del puerto de Kinsale. La zona es muy verde y las vistas al mar le dan un punto especial a la visita. El fuerte tiene un tamaño considerable; a nosotros la visita nos llevó algo menos de 1 hora, pero, al empezar a llover, aceleramos un poco el paso.

Al fuerte se puede llegar andando desde Kinsale a través del Scilly walk, una ruta circular de 6 km cuyo punto de partida es Man Friday. Lo teníamos apuntado para hacerlo, pero el tiempo era muy inestable y decidimos ir en coche. Por lo que leímos, es un paseo suave donde se disfruta de buenas vistas.

Si os gustan mucho los fuertes, existe otro más en Kinsale: el fuerte de Jaime, también del s. XVII, que es un poco más antiguo que el de Carlos y se construyó para defender el puerto tras la batalla de Kinsale. Se encuentra en la península de Castlepark, justo uno enfrente del otro. Se puede visitar de manera gratuita las 24 h y recibe menos visitas que el primero, pero no está tan bien conservado. Por lo que hemos leído, porque nosotros no nos acercamos, las vistas a la bahía y al fuerte de Carlos son bonitas. En tiempos de guerra solía colgarse una cadena submarina entre los dos fuertes para proteger la boca del puerto e impedir el paso de los barcos enemigos.

De aquí condujimos hasta uno de los pueblos más bonitos que visitamos en nuestro viaje: Kinsale. Con sus estrechas calles medievales y sus coloridos edificios (uno de los sitios más coloridos en los que hemos estado), Kinsale nos enamoró. Este pueblo pesquero que parece salido de una postal es pequeño y se recorre con facilidad. Es también famoso por la calidad de su comida; aquí se realiza anualmente un festival de alta cocina que atrae a bastantes visitantes. Nosotros estuvimos unas 2 horas, incluida la pausa de la comida.

Este pueblo ha sido un importante puerto y base defensiva en el estuario del rio Bandon y  su historia está fuertemente unida al mar.

En 1601 tuvo lugar la batalla de Kinsale, donde las fuerzas rebeldes irlandesas lucharon contra el Reino de Inglaterra apoyados por la Armada española (por el pueblo se pueden ver detalles que recuerdan este hecho). Al final los ingleses derrotaron a los irlandeses. 

A finales del s. XVIII Kinsale sirvió como base de suministro para la Royal Navy, pero su importancia naval declinó cuando durante las Guerras Napoleónicas se trasladó el centro al puerto de Cork.

La historia de Kinsale está también ligada al hundimiento del transatlántico  RMS Lusitania por el Imperio Alemán en la I Guerra mundial.  Alguno de los cuerpos y supervivientes fueron llevados a Kinsale y la investigación judicial sobre este caso se llevó aquí, en el Palacio de justicia, hoy museo regional.

Qué ver en Kinsale:

Kinsale es un pueblo pequeño perfecto para perderse por sus coloridas calles. Nosotros paseamos hasta que comenzó a llover y tuvimos que marcharnos. Durante el paseo queríamos fotografiar cada fachada que veíamos, las de los pubs, las de las tiendas y las de las galerías de arte, de las que vimos varias. Una de las esquinas más fotografiadas y más coloridas se encuentra en Market Lane.

Además de pasear por sus calles merece la pena visitar:

Iglesia de S. Multose, esta iglesia nos sorprendió por su interior, que además, tuvimos la suerte de visitar con música de órgano de fondo. Dentro hay elementos que narran la historia de la ciudad y de la iglesia, que dice ser la más antigua en continuo uso en Irlanda. Se construyó en 1190 durante la conquista Anglo-Normanda de Irlanda, en parte como estructura defensiva. Sin embargo, ha sufrido muchas modificaciones y de sus orígenes normandos mantiene pocos elementos, siendo uno de ellos el campanario. Como una de las iglesias más importantes del país, ha sido utilizada en múltiples ocasiones con fines políticos, siendo una de las más notables durante la Guerra Civil Inglesa, cuando el Príncipe Rupert declaró aquí a Carlos II nuevo Rey tras la ejecución de Carlos I. Durante la visita merece la pena rodear la iglesia y pasear por las ruinas y lápidas del exterior.

Castillo de Desmond, construido en 1500 como aduana, ha tenido además otros muchos usos. Así, durante los s. XVII y XVIII fue usado como prisión. Al haber albergado un gran número de presos franceses, se le conoce como la prisión francesa. Durante la batalla de Kinsale se usó como almacén de artillería y durante la Gran Hambruna fue usado como asilo. Puede visitarse, pero cuando fuimos estaba cerrado por trabajos de renovación. Info aquí

La antigua casa del mercado, que alberga el museo de Kinsale. Nosotros no entramos, pero aquí se puede leer sobre la historia marítima de la ciudad, la batalla de Kinsale y el hundimiento del Lusitania.

Si se visita la ciudad en verano con buen tiempo, es posible darse un chapuzón en la playa de Kinsale o en las varias que hay en las proximidades.

Y si se dispone de más tiempo se puede también hacer algún tour, como por ejemplo uno de comida, o un tour por la fábrica que produce mead (ambrosía o vino de miel) la bebida más antigua del mundo cuyo ingrediente principal es la miel, que en este caso traen de España.

A nosotros nos hubiera gustado quedarnos un poco más para pasear por el puerto, pero comenzó a llover y decidimos continuar hacia nuestro próximo destino.

Dónde comer en Kinsale:

En Kinsale nos dio la impresión, no sabemos si por ser lunes, por el COVID o por qué, de que muchos sitios estaban cerrados, y muchos de ellos de manera permanente. Aun así, tiene varias opciones de restaurantes. Nosotros teníamos apuntados el Milk Market café (que encontramos cerrado) o el Poet´s corner, una cafetería donde mientras se toma café se pueden ojear los libros que están a la venta o de intercambio. Si se quiere uno dar un homenaje, siempre se puede visitar el restaurante Bastion, con una estrella Michelin. Además, vimos muchos pubs donde nos hubiera gustado tomar una cerveza.

Nosotros, al final, comimos en el Lemon Leaf cafe. Al pasar nos pareció que tenía buena pinta, y las opiniones que vimos en internet eran buenas así que decidimos entrar. El lugar estaba perfectamente decorado, y la comida estaba muy buena. El servicio fue muy amable, incluso le sacaron a nuestra hija un vaso de colores con una pajita. Probamos por primera vez el seafood chowder y nos encantó. Además, pedimos unos huevos benedictinos y 2 capuchinos (26,50€). Nos quedamos con las ganas de probar algún dulce o alguno de sus batidos.

Dónde aparcar en Kinsale:

Nosotros aparcamos en una de las calles principales y como las 2 primeras horas de aparcamiento son gratis no tuvimos que pagar nada.

Kinsale se encuentra al comienzo del Wild Atlantic Way, una ruta costera de unos 2500 km de la cual íbamos a recorrer varias zonas en nuestra ruta por Irlanda. Este día teníamos planeado desviarnos a la costa para acercarnos al Old Head Kinsale. Sin embargo, el tiempo no era muy bueno y lo cancelamos. No sabemos si merece la pena acercarse o no, porque, por lo que nos informamos, no se puede llegar hasta la punta al existir un campo de golf solo accesible para los jugadores. 

Nuestro siguiente punto en la ruta era Timoleague, donde se encuentran las ruinas de la Abadía del mismo nombre y que está a 25 km de Kinsale.

El camino, al igual que en los días anteriores, no nos decepcionó: puentes, lagos, pueblos con casas de piedra y puertas de colores vistosos se iban sucediendo a ambos lados de la carretera.

Pasamos por Clonakilty, una ciudad que teníamos apuntada como posible parada. Al pasar por ella nos pareció muy animada y compartía la estética de otras localidades irlandesas. Esta localidad es famosa por su black pudding, que nos quedamos con ganas de probar. Para los niños hay una recreación en miniatura de la vía ferroviaria de la villa de Clonakilty y alrededores (West Cork Model Railway Village). 

Y llegamos a Timoleague.

Esta abadía se llama en irlandés Tigh Molaige (casa de Molaga). Fue fundada a finales del s. XIII o principios del s. XIV por los franciscanos sobre un asentamiento monástico anterior del s. VI fundado por San Molaga, de dónde le viene el nombre. Se cree que S. Molaga, conocido como el santo irlandés de las abejas, trajo la miel a Irlanda, y aun hoy esta zona sigue produciendo miel. La abadía se encuentra a orillas del río Argideen con vistas a la bahía de Courtmacsherry.

La comunidad franciscana vivía en estricta austeridad y pobreza conforme las reglas de la orden, así que los detalles arquitectónicos son muy sencillos. Los frailes permanecieron aquí hasta 1642, cuando tanto el convento como la ciudad fueron quemados por soldados ingleses. Aunque algún fraile se quedó aquí todavía tras el incendio.

Lo mejor de la abadía para nosotros fueron las vistas que se obtienen de ella desde el puente, especialmente en días con buen tiempo, cuando la abadía se refleja totalmente en el rio. La visita es gratuita y se puede pasear libremente por las ruinas descubriendo las diferentes estancias aunque, al no haber información, tampoco se sabe muy bien lo que se está viendo. Cuando fuimos estaba en obras, así que los andamios estropearon un poco nuestra experiencia. Nos impresionó que toda la abadía estaba llena de lápidas (también actuales). 

Y fue aquí donde me llevé un susto enorme. La pequeña se había dormido en el coche así que decidimos hacer la visita por separado. Estaba yo tranquilamente paseando por las ruinas llenas de lápidas, totalmente sola, cuando de repente oí un ruido de pasos. Se me paró el corazón, yo que soy muy aprensiva y los cementerios no me gustan mucho, pero resultó ser un obrero que andaba por ahí trabajando.

Si os pilla de camino no está mal, pero después de todas las abadías que visitamos en Irlanda, esta fue una de las que menos nos gustó.

El pueblo de Timoleague se parecía a los que íbamos viendo, con un par de calles donde se disponen casas bajas una detrás de otra, algún pub y otras 2 iglesias.

Y de aquí nos dirigimos al círculo megalítico de Drombeg a unos 30 km. El último tramo de carretera era muy estrecho, sólo para un coche, pero por fortuna no nos cruzamos con nadie. Al llegar nos encontramos sólo con una pareja que se estaba ya yendo. El coche lo dejamos en el aparcamiento que se encuentra a unos 5 minutos andando del círculo.

Este círculo, también conocido como el altar del druida, de 17 menhires y 9,5 m de diámetro, se remonta aproximadamente al año 1100-800 a.C. Está orientado de tal forma que en el solsticio de invierno el sol se alinea con el eje principal. Cerca se han encontrado restos de una vivienda y un fogón de la edad de Hierro. 

Cuando llegamos la lluvia había cesado y había salido el sol, así que pudimos disfrutar tranquilamente de las vistas que se obtienen del valle. Todo era muy verde y el cielo tenía un azul precioso, había vacas… Vamos, un paisaje muy idílico que nos pareció maravilloso después del cielo grisáceo que nos había acompañado en la visita a la abadía.

Después de sorprendernos por la pericia de nuestros antepasados, emprendimos el camino hacia nuestro último destino: Killarney (Cill Airne ‘la iglesia de las endrinas’), donde pasamos un par de noches. Las carreteras nos parecieron igual de malas que en días anteriores, eso sí, todo muy verde.

Qué ver en Killarney:

Esta ciudad es un destino turístico importante por su proximidad al parque nacional de Killarney, la península de Dingle o el anillo de Kerry. Al pasear por sus calles llenas de tiendas, pubs y restaurantes, se puede entender que Killarney es una opción perfecta para dormir mientras se explora esta área.

 

Sin embargo, la ciudad en sí no tiene mucho que ver, aparte de la Catedral de Santa María, que empezó a construirse en 1842 pero que no se finalizó hasta 1907, debido a la falta de dinero y a la gran hambruna. No conseguimos verla abierta, pero se puede visitar de manera gratuita. 

Dónde comer en Killarney:

En Killarney hay mucha oferta de restaurantes nosotros probamos estos 2:

Laurel´s Pub: Tanto el ambiente como el servicio nos gustaron mucho y la comida estaba muy rica (aunque nos repitió un poco por la noche). Pedimos unas costillas y una tarta de patata (potato cake) además de un menú infantil que eran unos palitos de verdura para nuestra hija, a la que tuvieron el detalle de sacarle un dibujo y pinturas para que se entretuviera. Tomamos además 2 cervezas (55€).

Caragh Restaurant: Comimos muy bien. Pedimos un Chowder, unas salchichas para la niña y un pastel de carne además de dos cervezas (35 €).

De los dos el segundo fue el que más nos gustó a nivel comida. Pero el ambiente era mejor en el primero.

Dónde dormir en Killarney:

Nosotros no encontramos nada que se ajustase a nuestra búsqueda en el centro de Killarney (y eso que la ciudad tiene una gran capacidad hotelera) por lo que acabamos alquilando un cuarto con baño privado en una casa familiar via airbnb que según Google estaba a unos 15 minutos. La familia era muy simpática, pero la casa se encontraba en una zona sin restaurantes ni supermercados cerca y, nos costó llegar más de lo que indicaba el navegador. En parte porque la carretera hasta ella no era muy buena. 

Dónde aparcar en Killarney:

Las dos noches que cenamos aquí aparcamos en el parking que se encuentra en el centro, justo detrás del pub Laurels. Es de pago, pero a partir de las 18:30 es gratuito.

Otras posibles visitas en la ruta:

En el día de hoy dejamos fuera la ciudad de Cork y el castillo de Blarney por no saturar el día. Estos se pueden visitar dentro de tours organizados, para más información aquí. 

De haber incluido esta ciudad, una opción para llegar a Killarney es seguir el curso del rio Lee que no hubiera sido una mala opción.

¿Vas a viajar a Irlanda?

Aquí encontrarás más información útil para tu viaje, y nos ayudaras a seguir creando contenido, Gracias

Viaja siempre con seguro. Desde aquí puedes reservar tu seguro de viaje y ahorrarte un 5%

Quieres conocer mejor tu destino de vacaciones. Desde aquí puedes reservar un gran número de actividades en Irlanda

Nos gusta mucho sacar fotografías en nuestros viajes. Para ello llevamos la cámara Nikon D3400 con objetivo Tamron 18-200. En los viajes largos llevamos también nuestra antigua cámara, la Canon Powershot G5x, por si tenemos problemas con la primera. Además, esta sigue siendo nuestra primera opción si vamos a la montaña, pues es pequeña y ligera. Siempre llevamos varias tarjetas de memoria. La mochila que usamos para llevar las cámaras es esta.

Nuestra guías favoritas para preparar nuestro viajes son la DK y la Lonely Planet.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.